Bulimia: un fantasma en el espejo

Atletas y bailarines son especialmente vulnerables a esta situación cuando no cuentan con una guía adecuada. En Cuba no existen altos reportes de este mal, pero existe personal médico preparado para atender estos casos

Autor:

Mileyda Menéndez Dávila

Aprender a querernos parece ser la droga milagrosa que nos acerca a la perfección. (Tomado del sitio Construyamos salud)

Fin de año. Hasta las familias más modestas se esmeran en estos días preparando comidas especiales que disfrutarán con la gente que quieren. El ambiente de fiesta parece general, pero hay quienes lo viven como un verdadero suplicio: las personas bulímicas.

Al oír hablar de este mal suele pensarse en una adolescente urbana, blanca y de clase pudiente, como la Giselle de la novela brasileña Páginas de la Vida que exhibe por estos meses el canal Cubavisión.

Ciertamente la mayoría de los casos reportados en el mundo responden a ese perfil por razones socioculturales obvias (quien pasa hambre real o debe preocuparse por subsistir en un mundo hostil a su raza y clase no suele darse tales lujos), pero este trastorno de la conducta alimentaria afecta también a personas adultas de cualquier sexo y condición social obsesionadas por la flaca imagen del éxito que venden los medios de comunicación.

Atletas y bailarines son especialmente vulnerables a esta situación cuando no cuentan con una guía adecuada.

Por lo general, el control excesivo de la comida es un intento de controlar otros aspectos de la vida con los que no se sabe lidiar: emociones, pasado, relaciones humanas, disconformidades... Lo visible es esa rara actitud hacia los alimentos, pero en el fondo hay dilemas no resueltos.

El quid del asunto no está en el cuerpo, sino en la visión que de él desarrollan estos seres desde su baja autoestima, afirma el sitio argentino Construyamos salud. Por lo general su índice corporal (relación entre peso y talla) es adecuado y hasta bajo, pero se perciben demasiado gordas, sufren por ello y hacen sufrir a quienes les quieren al poner en peligro su salud física y emocional.

Rara vez piden ayuda directamente, y diagnosticarlas es difícil porque suelen ocultarse para comer excesivamente como «solución» a conflictos de cualquier índole, ¡incluso los que les genera la bulimia! y corren a usar laxantes, diuréticos o vomitivos para eliminar tales excesos.

Este no es un asunto que empiece de golpe. Atracón y purga se dan de manera cíclica. Primero esporádicos, luego con una frecuencia mínima de dos veces por semana que puede llegar a ser diaria, alerta el citado sitio.

Indicios de este tipo de trastorno pueden ser el consumo arbitrario de alimentos en lapsos cortos de tiempo (sobre todo dulces, chocolates, pizzas, comida chatarra de todo tipo) además de aplicarse en un ejercicio físico desmedido y dietas no orientadas por profesionales.

A nivel psicológico aparece depresión, ansiedad, tristeza, tendencia a cometer actos extremos, y en el plano físico aparecen fatigas, mareos, dolores de cabeza, caída del cabello, problemas dentales, inflamación de la cara, alteraciones de la menstruación y variaciones bruscas del peso. A la larga aparecen roturas gástricas, perforaciones esofágicas, hernias, arritmias, deshidratación, pérdida de musculatura, reflujo gastrointestinal y colon irritable.

Las tasas de mortalidad asociadas a este trastorno suelen ser altas en los países desarrollados, sobre todo durante la pubertad, además de generar daños significativos en los campos de la sexualidad, la reproducción, el desempeño profesional y las relaciones sociales y humanas.

Solución de paciencia

A veces los años se encargan de borrar esos desajustes de la personalidad adolescente y otras prioridades sacan del ciclo bulímico a las personas, pero no es cosa que deba dejarse a la espontaneidad.

Si el problema se enfrenta, cerca de la mitad de los casos logra estabilizarse con rapidez y retomar el control de sus vidas. Otros necesitan mucha ayuda, pero siempre hay esperanzas.

Además del apoyo familiar, de la pareja si la hubiera y del grupo de amistades, necesitan asistencia especializada para normalizar su metabolismo, revertir los daños y rescatar el sentido de sus vidas.

La terapia psicológica es vital para convencerlos del valor de una dieta balanceada, y reeducar sus hábitos alimenticios de acuerdo a las necesidades reales del cuerpo y no a sus obsesiones por seguir patrones inalcanzables.

Quienes se percatan de su situación y tratan de eliminar las consecuencias sin atacar las causas con automedicación suelen terminar peor. Solo terapeutas con adecuado entrenamiento pueden recomendar antidepresivos o ansiolíticos en el momento, tipo y cantidad adecuada.

En Cuba no existen altos reportes de bulimia, pero el personal médico está preparado para atender estos casos en todas las clínicas comunitarias de salud mental, la Clínica del Adolescente, de la capital y los servicios de atención psicológica de policlínicos y hospitales de todo el país.

Piensa un minuto

¿Sientes que tu identidad y valores están basados en cómo te ves o cuánto pesas? ¿Te preocupas demasiado por la figura o talla de tu cuerpo? ¿Perder peso, hacer dietas y controlar los alimentos que ingieres se ha convertido en una de tus preocupaciones principales? ¿Evitas comer en presencia de otras personas? ¿Calculas constantemente las calorías? ¿Te avergüenzas después de comer y tratas de eliminarlo? ¿Ejercitas porque sientes que debes hacerlo, no porque lo deseas? ¿Te sientes alguna vez fuera de control cuando comes?

Si respondes sí a cualquiera de estas preguntas puedes estar enfrentando un trastorno de la conducta alimentaria. Tales actitudes pueden estar afectando tu salud mental y física. Es importante que comiences a dialogar sobre tus hábitos y preocupaciones con gente que te pueda ayudar ahora, en vez de esperar a que tu condición sea más grave y ya no puedas manejarla.

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