Te amo… ¡a la enésima potencia!

¿Pueden modelos numéricos predecir el destino de un matrimonio? Aunque resulte raro, la matemática tiene respuestas para preguntas sorprendentes de la sexualidad humana

Autor:

Mileyda Menéndez Dávila

Aunque a todos les está permitido pensar, muchos se lo ahorran.
Curts Goetx

¿Cuántas personas es preciso conocer antes de encontrar la pareja ideal? ¿Qué por ciento de la relación responde a intereses comunes y cuánto a la pura atracción física? ¿Quién tiene más posibilidad de salir ganando, la persona que espera o la que toma la iniciativa? ¿Pueden modelos numéricos predecir el destino de un matrimonio?

Aunque resulte raro, la matemática tiene respuestas para esas y otras preguntas sorprendentes de la sexualidad humana. La certeza de sus cálculos depende, como en toda ecuación, del cumplimiento de los parámetros para los cuales se estimaron constantes y funciones.

Fernando Raúl Rodríguez Flores, vicedecano docente de la Facultad de Cibernética y Matemática de la Universidad de La Habana, utiliza estos ejemplos para motivar al alumnado «y también para darles recursos con que hacerse más interesantes en los espacios juveniles, por aquello de que la gente nos ve como personas aburridas o sin imaginación», dice sonriente.

De hecho hay cálculos logarítmicos sobre opciones de conquista que otorgan a hombres osados más probabilidad de quedar satisfechos en un reparto ocasional de parejas que a mujeres comedidas… siempre que la preferencia sea aleatoria (no puede haber un Brad Pitt en la fiesta), ellas no tomen la iniciativa y todo sea por solo una vez, cuenta la experta norteamericana Clio Cresswell en su libro Matemática y sexo, utilizado por Fernando en clases.

En cuanto al fenómeno de la atracción, ciertos intentos de maximizarlo no son aún confiables: la fórmula A=5,44s+6,62 considera lo cuantitativo (a más elementos similares en común más probabilidad de atracción), pero obvia el detalle de que los seres humanos marcamos prioridades de acuerdo con la filosofía de vida adoptada y hay valores no negociables.

Otras investigaciones suman a profesionales de la psicología a su equipo y tal vez nos sorprendan con una fórmula mejor, estima Fernando. Un argentino, Horacio Valcelsia, propone hacer una lista de cualidades importantes y no conformarse con menos del 60 por ciento de coincidencia, mientras otras escuelas se enfocan en un elemento básico para afrontar cualquier reto: si ambos tienen el mismo sentido del humor (sea irónico, intelectual, ingenuo o retorcido) tienen hasta un ¡90 por ciento! de probabilidad de atraerse.

Igual de difícil es poner de acuerdo a mucha gente acerca de quién es el más atractivo en un conjunto de individuos. En materia de cualidades espirituales ¡ni pensarlo!, pero se puede hallar consenso en aspectos físicos del rostro aplicando algoritmos genéticos que dan valor a cada parte (cejas, labios, ojos, nariz…), y generan modelos ideales de caras que se someten al criterio de varias personas para obtener la más bonita, según la mayoría.

Con esto cada quien puede diseñar la imagen de sus sueños y colocarla de tapete en su computadora o, si se atreven, ir al quirófano para agradar a la pareja, bromea el profesor.

Siete más uno

Desde hace varios años, asesores matrimoniales utilizan modelos dinámicos no lineales para estimar científicamente si las parejas que acuden a su consulta tienen esperanza de seguir unidas, y qué por ciento de su tiempo serán felices o estarán «en baja», cuenta Fernando, a partir del libro Matemática del matrimonio, de John Gottman y colaboradores.

Este joven profesor aplicó tales ecuaciones diferenciales a casos que conoce y es sorprendente ver cómo se adaptan a la realidad. «A veces la incompatibilidad al expresar su amor parece insalvable, pero en la gráfica se percibe cómo el tiempo premia a quienes son constantes, y tras rachas buenas y malas el vínculo crece de manera exponencial».

Puede que variables externas traten de interferir, como suegros, antiguas parejas, celos… La sugerencia matemática es tan efectiva como simple: multiplicar por cero tales provocaciones y esforzarse por mantener en positivo la cuota personal de entusiasmo y amor.

Claro que pensar en estabilidad implica encontrar la pareja perfecta, y para eso lo primero es definir qué será mejor, ¿un alma gemela o un polo opuesto? ¿Y cómo reconocer a ese ser único? ¿Y si llega antes de que estemos maduros para la relación, o cuando ya elegimos mal, pero somos leales?

Las cuentas dicen que hay que dejar ir un número «r» de parejas sin comprometerse y luego escoger la mejor (si hubiera la opción de volver atrás) o en su defecto la siguiente que sea mejor que lo ya visto.

El «r» calculado para este caso es un 37 por ciento de las parejas potenciales (poco más de un tercio), pero de las que lleguen de manera natural a tu existencia: ni meros encuentros sexuales ni ilusionarse por un par de pestañas.

En términos prácticos, la sugerencia es no elegir antes de los 20 años, y el momento crítico es a los 42. Otra manera de verlo es dejar ir las primeras 12 historias antes de tomarlas en serio y no buscar más allá de la número 30, porque la probabilidad de encontrar lo perfecto es ínfima.

Cálculos más atrevidos proponen, para elevar al 96 por ciento las posibilidades de éxito, simultanear siete parejas y aún esperar a que aparezca la octava antes de decidir… pero se corre el riesgo de no ser el elegido entre los siete que le tocarían a esa persona. ¡Qué dolor!

Y como además esas matemáticas no congenian con nuestra cultura patriarcal y monogámica, por ahora seguimos con el método de ensayo-error, limitando nuestras cuentas a los poemas intercambiados o los recursos en la cartera, según las prioridades de cada quien.

Encuentros

¡Ya hay reportes de parejas! Cruzamos los dedos por ustedes, pero no los delatamos para que el amor, como arroyuelo, siga su curso limpio antes de hacer mucho ruido.

Carlos (052837299), Alberto (052522910) y César (0123484228) esperan llamadas, y por el correo andan leticia@unal.cu, yoaima.martinez@fiq.uo.edu.cu,  juliocesart09@telemail.upr.edu.cu, yasser@geo.uh.cu, luisito@polfom.ssp.sld.cu y Aurelio Manso (Tomás Pérez Castro 59-A, Cabaiguán, Sancti Spíritus).

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