Dime, espejo erótico - Sexo Sentido

Dime, espejo erótico

Nuestro propósito es animarles a emprender una exploración necesaria para mejorar la respuesta sexual y detectar a tiempo cualquier anomalía

Autores:

Mileyda Menéndez Dávila
Salvador Salazar*

La adaptación evolutiva para llegar a la postura eréctil jugó una mala pasada a las mujeres al ocultar sus genitales, a diferencia de los hombres, que pueden exhibirlos a plena luz. Por eso muchas no son capaces de localizar partes de su anatomía como la uretra, el clítoris o el himen, y mucho menos de explicar cómo intervienen en su sexualidad.

El propósito de esta página es animarles a emprender esa exploración, tan necesaria para mejorar la respuesta sexual y detectar a tiempo cualquier anomalía. Tomen un espejito manuable y busquen un sitio privado y con buena luz. Pueden hacerlo a solas o invitar a la pareja, si se compromete a tomarse en serio esta aventura académica.

Del tacto y contacto

El único elemento evidente con las piernas cerradas es el monte púbico, llamado monte de Venus en honor a la diosa romana del amor. Es una especie de almohadilla de tejido adiposo (grasa) cubierta por piel y vellos que protegen el interior de agentes infecciosos arrastrados por el sudor.

Como posee numerosas terminaciones nerviosas, tocarlo o presionarlo promueve la excitación, lo cual a veces es tan placentero como cualquier otro contacto más íntimo.

Bajo él se extienden en vertical los labios mayores y dentro de estos los labios menores. Durante las distintas fases de la respuesta sexual cambian de textura y color por influencia de la sangre que se acumula en la zona, volviéndolos más atractivos mientras despejan el camino hacia la vagina.

En su aspecto natural no son muy regulares de ambos lados. Existe una cirugía llamada labioplastia que reduce esa zona sensible a cambio de una supuesta ganancia estética, pero es riesgosa e inútil cuando la motiva la baja autoestima.

El clítoris se localiza justo debajo del punto de unión superior de los labios menores o internos, al menos su parte observable, que es la cabeza o glándula clitorídea, un botón reluciente que podemos encontrar separando con suavidad y empujando hacia arriba el capuchón de piel que la recubre. El resto se extiende en dos ramificaciones internas alrededor de la entrada de la vagina y se inserta en el perineo.

A él vienen a parar un gran número de terminaciones nerviosas que lo hacen sumamente sensible al tacto, la presión y la temperatura, nueve veces más sensible que el glande masculino. Es un órgano excepcional porque ningún otro tiene como única función acumular sensaciones y desatar el placer.

Por su tejido y forma es parecido al pene, pero no interviene en las tareas reproductivas ni urinarias ni se alarga con estímulos, aunque ciertamente el flujo de sangre lo ensancha cuando se excita. Dos falsos mitos relacionados con este órgano es que pueda crecer con la masturbación y que a mayor tamaño garantiza más excitación sexual.

Debajo del clítoris y encima de la entrada de la vagina aparece el orificio de salida de la uretra. Muchas personas ignoran su existencia porque en los hombres esta estructura se encarga a la vez de expulsar la orina y el semen, y si no se mezclan es gracias a la próstata.

En las mujeres el recorrido de la orina es independiente del que sigue el pene en el coito, pero la uretra sí interviene en la eyaculación femenina durante el orgasmo porque en ese conducto se alojan las glándulas que la producen, en estrecho contacto con la parte no visible del clítoris.

El perineo es una región que se extiende hasta el ano y lo rodea. Ambos son sensibles al tacto, presión y cambio de temperatura y además responden con placer si se contrae a voluntad el músculo pubococcígeo, que controla el movimiento de la vagina y los esfínteres anal y uretral.

Las culturas orientales que estudian la energía del cuerpo ubican en el perineo el primer chakra, nombrado basal o Mualadhara.

La vagina es un órgano muscular interno, inclinado hacia arriba en un ángulo de 45 grados y orientado en diagonal hacia la parte más estrecha de la espalda, zona que al ser frotada con delicadeza incentiva el deseo en muchas mujeres.

La mayoría de las féminas nacen con una membrana llamada himen que cubre esa entrada hasta que se produce la primera penetración, sea con la mano, el pene u otro objeto. Tiene orificios para dejar pasar la menstruación y otros fluidos.

Al ser una cavidad virtual, la vagina supone un escudo potencial que puede adoptar diversas formas y tamaños. Se contrae o expande, se amolda para permitir el paso del bebé durante el parto y ajusta su tamaño para ceñir cómodamente desde un dedo hasta un objeto de considerable grosor.

La vagina humana puede entrenarse para sujetar el pene e impedirle salir durante el coito, aunque no tan fuerte como se observa en otras especies. Si la pareja aprende a acoplar bien sus cuerpos pueden desplazarse o girar con movimientos cuidadosos y divertidos.

Un mito no demostrado es el de la sensibilidad del punto G, minúscula región de la pared frontal vaginal equidistante del hueso púbico y del cérvix (cuello uterino). El primero en mencionarlo fue el físico alemán Grafenberg, en 1950. En investigaciones posteriores se concluyó que no siempre es palpable porque se expande durante la estimulación, y los sexólogos Masters y Johnson se quejaron de encontrarlo en menos de diez de cien mujeres estudiadas.

La relación entre el tamaño de la vagina y el pene y la gratificación sexual, reflejada en textos como el Kamasutra, no es en verdad tan relevante. Son escasas las combinaciones en que la unión no funciona placenteramente y casi siempre es por miedo, torpeza o incomunicación.

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