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Desconectados y sin respuesta

«Guajira con sed de respuesta y de solución», con esa definición presenta cartas credenciales en su carta María Giris Bizet Larreinaga, en nombre de los vecinos de las fincas La Miriam, Azucena y La Fina, en la circunscripción 33 del Consejo Este Rural, del municipio artemiseño de San Antonio de los Baños.

Relata que desde el 19 de diciembre de 2020 no tienen agua por las redes hidráulicas, debido a un arreglo que se hizo en la turbina de la finca Santo Tomás, para mejorar el abasto de la potable en las áreas urbanas de San Antonio de los Baños.

Desconectaron la instalación que debe abastecer a esas comunidades rurales. Y a mucho bregar, la solución fue enviarles un camión cisterna (pipa). Pero no ha sido lo suficiente en medio de las exigencias de la pandemia de la Covid-19. Debía ser cada seis días y, sin embargo, cuando escribió a esta sección, hacía 18 días que no recibían ni una gota de agua.

Afirma María Giris que ha estampado la queja en el sitio web del Portal del Ciudadano, tanto del municipio como de la provincia. Y no ha tenido respuesta. También hizo el reclamo en el sitio web de la Plataforma de Gobierno Electrónico Bienestar Participación Popular. Sin respuesta.

«Dentro de unos días, señala, cumplimos un año de estar sin agua potable en nuestras casas y no se
avizora ninguna solución que mejore nuestra calidad de vida en ese aspecto. Aún hoy desconocemos la causa por la cual nos desconectaron, dejándonos sin agua y no hay quien se haga responsable de tal desatención».

¿Quedarán por siempre desconectados? Los problemas no tienen dimensión poblacional. Son tan importantes los de los grandes núcleos urbanos como los de los sitios pequeños y aislados. Todos somos Cuba.

Sin un apoyo

Escribe Gisela Paula Montano Iglesias desde Santa Amalia, No. 66 A, entre Martí y Alvarado, reparto Santa Amalia, municipio habanero de Arroyo Naranjo. Anticipa que tiene 69 años, es jubilada, vive sola y no tiene familia. Y son importantes antecedentes para comprender su preocupación. Ya verán.

Cuenta que el pasado 2 de julio se cayó por sus propios pies y fue trasladada al cuerpo de guardia del hospital Fructuoso Rodríguez, le hicieron una placa y no encontraron fractura. Le indicaron antinflamatorios, dipirona si tenía, y un ultrasonido que se lo hicieron el 8 de julio con dolores terribles. Le diagnosticaron una trocanteritis en la cadera derecha, con reposo absoluto y remisión al fisiatra.

Al cabo de un mes la vio una fisiatra que analizó el ultrasonido y diagnosticó lo mismo, más bursitis en la rodilla derecha y tendinitis. Le explicó que no debía hacer peso ni asistir a fisioterapia sin compañía, pues no tiene estabilidad.

«Pero no tengo quien me ayude, al no tener familia, dice, cosa que constató el médico de mi área de salud y extendió un certificado, después de leer lo que dictaminó la fisiatra, para que fuera atendida por Seguridad Social.

«El 25 de agosto me hicieron el favor de ir a Seguridad Social a gestionar una cuidadora, y lo atendió Dailenys,
trabajadora social del área, que dijo me visitaría al siguiente día. Nunca vino a mi casa. La misma persona que me hizo el favor fue por segunda vez y lo atendió Marian, el 8 de septiembre. Nada, igualmente.

«El 10 de septiembre la misma persona se presentó en Seguridad Social y lo atendió Anisley, a cargo del Consejo Poey. Y le dijo que hay muchos casos, que ya irían. El 6 de octubre fue la trabajadora social Melissa y recogió mi certificado médico. Me hizo varias preguntas y no ha regresado a darme respuesta de nada», concluye.

Nada menos parecida esta historia al trabajo social de corazón y esmerado con los vulnerables, que siempre preconizó Fidel y hoy promueve el Presidente Díaz-Canel.

 

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