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Igual no, peor

El pasado 18 de febrero, desde Minerva, No. 8, altos, entre Céspedes y Ayllón, Cárdenas, Felicia Bonamusa Lachiondo alertó aquí que en esa ciudad matancera hace unos años se estableció una ruta de calles por las que deben transitar los coches tradicionales y las denominadas guagüitas tiradas por caballos. Y eso implica que tales vías necesiten de una atención especial en cuanto a la limpieza por la acumulación diaria de estiércol.

Y apuntaba lo que veían sus ojos: En el caso de la calle Minerva, desde Céspedes hasta Sáez, hay un barrendero que de forma muy inestable ejecuta su trabajo y con muy mala calidad. En reiteradas veces ella se ha quejado al respecto, y Servicios Comunales no le da una solución definitiva al deprimente estado de higiene de esa arteria. 

Nunca se recibió respuesta alguna al respecto. Y ahora retorna Felicia para señalar:

«Tristemente tengo que comunicarle que la situación sigue igual, diría que peor. Es la ciudad de Cárdenas casi en su totalidad la que presenta esta situación de pésima higiene de sus calles.

«La semana pasada visité a unas amistades y resultaba verdaderamente alarmante la calle de Concha entre Salud y Tenería, a un costado del Hogar de Ancianos. En la totalidad de esa cuadra hay un vertedero total. La fetidez que se sentía desde cuadras antes era insoportable».

Maltrato en la farmacia

Ricardo González Carvajal (calle 14, edificio 1A, apto. 19, entre 3ra. y 12,  Reparto Escambray, Santa Clara) cuenta que el sábado 3 de junio, después de que hacía cuatro meses que no entraban los medicamentos enalapril, captopril y metformina, llegaron a la farmacia 964 de ese barrio.

Él estaba en la cola desde las 8:30 de la mañana. Una desgastante cola, como la de cualquier farmacia hoy en día. Ya a las 5 :30 de la tarde inquirió por la administradora. Y la empleada que despachaba, «en mala forma, descompuesta, me responde que se había ido a las cinco de la tarde; que  ellas eran una que trabaja por la mañana y la otra por la tarde; la que trabaja por la mañana también se había ido», expresa.

Precisa Ricardo que aquella empleada, por demás, se demoraba en atender entre conversaciones por teléfono y los papeles: diez minutos por lo menos con cada persona.

«Mi pregunta, afirma, estaba relacionada con el por qué la administradora no se ponía a despachar también, y así aliviar la cola. No hay una estrategia para servir mejor a  la población en esos días críticos, que pudieran despachar las tres al mismo tiempo.

«Llegaron las 7:00 p.m. Quedábamos unas pocas personas, adultos mayores. Y nos cerraron la puerta en la cara, después de haber visto varias violaciones, personas que entraban y compraban sin hacer la cola.

«Es una gran falta de respeto, pues había varias personas mayores; incluso una señora, cuyo hijo sangra por la nariz, se tuvo que ir sin los medicamentos después de un día entero, al igual que los seis u ocho que quedábamos allí.

«Y perdimos miserablemente el día. Hay que terminar en la candonga y comprar el medicamento a 300 pesos el blíster, que no falta. Estoy bastante indignado de tanta indolencia. Por cierto, esa dependiente acostumbra maltratar a las personas. No es primera vez, y hasta dice: Quéjense, y da su nombre y todo», concluye.

 

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