Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Una estatua dorada de Trump

 

«Todos sabíamos que la administración Biden iba a ser mala, pero ninguno de nosotros imaginaba lo malos que serían y lo lejos que llegarían», palabras de estímulo pronunciadas por el ex presidente Donald Trump a los participantes en la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC) reunidos en Orlando, Florida.

Al decir de algunos, Trump hizo tiras de pellejo al presidente Joe Biden y a sus críticos dentro del Partido Republicano en su primer discurso público, en el cual —durante más de una hora—, aunque dijo que no pretende crear un nuevo partido, sí sentó base para ser postulante en el 2024, porque ya se sabe que le cogió gusto al Despacho Oval y a las posibilidades de imponer y regar, por su país y el mundo, políticas de extrema derecha, bien parecidas al fascismo.

Nada de lo hecho o dejado de hacer —del mes y medio que el demócrata lleva en la Presidencia, quedó libre de los improperios trumpistas: la pandemia de la COVID-19, las fronteras y la inmigración, trabajo y desempleo, tratados comerciales internacionales para «rendirse a China», políticas energéticas, derechos de los transexuales, y más.

Recuerdan cuando, por lo bajito, llamó «delincuentes» a los migrantes del sur de las fronteras de EE. UU., pues no se quedó nada corto ahora cuando dijo de las decisiones de Biden que revisan las medidas anti-inmigrantes de mano dura impuestas por su administración: «Pueden ser asesinos. Pueden ser violadores. Pueden ser traficantes de drogas. Los llevas y los liberas en nuestro país», dijo Trump, refiriéndose a los migrantes indocumentados.

Apenas fue este uno de los puntos del discurso con el cual, ahondando divisiones entre los republicanos que se hicieron más profundas con los acontecimientos del 6 de enero, busca controlar el partido.

Como blancos especiales de ahora están los pocos representantes y senadores republicanos que votaron a favor del impeachment o apoyaron al Colegio Electoral que certificó la victoria de Biden en los comicios de noviembre pasado, entre ellos el senador Mitt Romney, de Utah, y los representantes Liz Cheney, de Wyoming, y Adam Kinzinger, de Illinois, de quienes dijo estaban destruyendo al GOP y llamó para que en las próximas elecciones (las parciales de noviembre de 2022) «deshazte de todos ellos».

A sabiendas del poder de Trump sobre las bases republicanas y de sectores y grupos de extrema violencia, unos cuantos más en el bloque de congresistas republicanos evitaron el impeachment de Trump, más por temor a perder sus curules frente a aspirantes fieles seguidores del ex mandatario que por seguir a lo que hubieran sido votos de conciencia ante una actitud anticonstitucional y la invasión a las instalaciones que resguardan a la «democracia made in USA».

Si quieren comprobar cómo está la situación, una encuesta previa al discurso de este domingo ante el CPAC, el 55 por ciento dijo que votaría por Trump en unas primarias para elegir al candidato del Partido Republicano del año 2024.

Lo cierto es que el magnate y ex presidente sigue estando en el bombo de la política estadounidense, a pesar de que tiene sobre sus espaldas la espada de Damocles de unos cuantos asuntos pendientes en diferentes cortes, relacionadas con el no pago de impuestos y otros trapitos sucios semejantes e incluso las acusaciones de haber incitado a la insurrección y toma del Capitolio, que tuvo un saldo de cinco personas muertas.

Durante todos los días que ha durado la Conferencia —también lo reiteró Trump— en discursos y coros se habló del «robo electoral del 3 de noviembre» y de que la Casa Blanca la ocupa un «presidente ilegitimo».

Puede que usted crea que es el colmo de la ridiculez, pero en verdad es el sumun del culto a la personalidad, Trump fue homenajeado como un mesías, con una estatua dorada reverenciada por sus más fervientes seguidores; y su hijo Don Jr. reclamó que ahora el Grand Old Party se escribe con T de Trump.

Todo esto le permitió decir en su discurso y ser vitoreado con fervor ciego: «¿Ya me echaban de menos?»… «He ganado dos veces» y el público le contesto «Ganamos»… «El increíble viaje que iniciamos está lejos de acabar». Es una amenaza latente, y emprende esa marcha poniéndose al frente de lo que llamo «nuestro Partido» con directrices precisas: «Primero recuperaremos la Cámara de Representantes, y luego un presidente republicano hará un regreso triunfal a la Casa Blanca. Me pregunto quién será». Dicen los medios que dieron cobertura al evento que sus palabras fueron cerradas con «una bulliciosa ovación».

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.