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Alentadores resultados del Cardiocentro del Hospital William Soler

Autor:

Juventud Rebelde

Hoy el 75 por ciento de las operaciones que se realizan en esa institución son a corazón abierto, confiesa uno de sus cirujanos, que sueña con los trasplantes cardiacos en niños, paso para el que ya se preparan

«A veces resulta complejo operar una malformación cardiaca congénita que no es compleja. Le parece una paradoja, ¿verdad? Y es que no se opera un corazón; se opera a una persona que tiene condiciones físicas determinadas, y se hace más difícil cuando se trata, por ejemplo, de un niño muy débil».

El doctor Alfredo Naranjo Ugalde es uno de los especialistas del Cardiocentro del hospital William Soler, en Ciudad de La Habana. Se graduó como cirujano general en 1989, cirujano pediatra en 1994 y cirujano cardiovascular en 2000.

«En ocasiones, obligados por las circunstancias, intervenir quirúrgicamente para salvarle la vida a un niño de cuatro meses de nacido, cuyo estado general no es bueno, aunque su malformación congénita es más fácil de operar, se vuelve mucho más complejo. A veces una comunicación interventricular en un niño desnutrido, de cuatro meses, resulta más complicada que una transposición de grandes vasos en uno que ya tiene nueve meses.

«Y el quid está en si el estado general de su organismo acepta o no el trauma o la agresión quirúrgica».

El especialista aclara que el Cardiocentro donde labora está preparado —no obstante las carencias propias del bloqueo norteamericano— para enfrentar cualquier tipo de situaciones o cardiopatías.

«En realidad, por lo general la complejidad de las operaciones que hacemos radica en alguna característica anatómica particular de los niños cardiópatas; por ejemplo, las dobles emergencias del ventrículo derecho o los drenajes anómalos de venas pulmonares».

Explica que la institución cuenta con técnicas de avanzada, no todas las que se quisieran tener, pero sin duda son recursos que están a la altura de muchos centros cardiovasculares infantiles del mundo.

«En estos momentos el 20 por ciento de los pequeños que se operan aquí son lactantes, criaturas menores de un año, y las intervenciones se hacen a corazón abierto; es decir, las malformaciones congénitas más complejas, que exigen el empleo de circulación extracorpórea.

«Claro que todos los recursos heroicos de la ciencia para intentar salvar una vida llevan aparejados una mayor probabilidad de complicaciones y de muerte. No obstante, las cifras que exponemos ahora son muy buenas: un 94 por ciento de supervivencia en este tipo de cirugía en 2008 es algo muy loable, sobre todo en un país como el nuestro, tan asediado.

«Ese alto porcentaje, que es de nivel mundial, comprende las operaciones a corazón abierto y las que se hacen mediante cateterismo o Hemodinamia intervencionista. La supervivencia a corazón abierto es de un 80 por ciento, cifra también alta para nuestras condiciones de país bloqueado. La mortalidad general que tenemos, de un 5,6 por ciento, es fundamentalmente en el caso de la cirugía con circulación extracorpórea».

Desde que se fundó este Cardiocentro, hace 22 años, se han practicado en él más de 7 000 operaciones. Y si no han sido más es porque durante el período especial no fue materialmente posible realizar muchas.

«Con la realidad concreta nuestra y con el diseño de una red cardiopediátrica consolidada, este es el único hospital de América Latina que puede exhibir números tan alentadores.

«El desarrollo histórico del Cardiocentro y la aplicación en este de la tecnología ha tenido etapas diferentes. Hoy el 75 por ciento de nuestras operaciones son a corazón abierto. Hubo períodos en que solo se alcanzaba un 50 por ciento. Pero en estos momentos nos acercamos al 80. Me refiero a las que se hacen en un año».

La supervivencia de sus pequeños pacientes ha ido en ascenso y hoy sobrepasan el 94 por ciento. El entrenamiento del personal, las posibilidades de aplicaciones técnicas, el intercambio internacional y la ayuda de especialistas de renombre, ha permitido que esto se comporte así.

«Hay muchas cirugías que ya dejamos de hacer y los niños cardiópatas reciben tratamiento por medios no quirúrgicos. Hoy tenemos mejores resultados también en la recuperación postoperatoria y en el manejo del lactante».

Este Centro está concebido —argumenta— para diagnosticar y que reciban tratamiento todos los niños que nazcan con una cardiopatía, las llamadas congénitas, que pueden ser detectadas prenatalmente, gracias al diseño para el diagnóstico de tales anomalías o malformaciones.

«Todas esas familias que van a tener un niño con esas cardiopatías, y todos los que son diagnosticados después de nacidos, vienen a nuestro hospital, que es el centro terminal adonde deben ser remitidos, gracias a la red cardiopática del país.

«En este Centro también se realiza la detección y el diagnóstico. Por ejemplo, contamos con seis ecocardiógrafos. Los pequeños pacientes reciben tratamiento en nuestro hospital, algunos por Hemodinamia intervencionista (método no quirúrgico) y otros mediante cirugía. Pero la gran mayoría de los cardiópatas requieren alguna acción terapéutica por uno de estos dos procederes.

«Por supuesto que la reducción del tratamiento quirúrgico por hemodinamia en un país como el nuestro, en el que tenemos que hacer una racional distribución de los recursos disponibles, es algo muy positivo.

«Tenemos así posibilidad de resolver los problemas de salud de los cardiópatas con menos molestias, con menor inversión económica por paciente y más corta estadía hospitalaria.

«Un problema que antes se tenía que enfrentar por cirugía, con una herida en el pecho, para el niño y la familia es mejor que se resuelva con un método menos arriesgado, mediante el cual el paciente sale a los tres días del hospital para su casa.

«Por otra parte, los recursos que pudieran emplearse en las operaciones abiertas ahora son destinados a niños que tienen una situación más precaria de salud y de lejanía.

«Algo importante: estamos abordando hoy, bisturí en mano, malformaciones mucho más complejas que las que podíamos operar antes.

«La transposición de grandes vasos es una enfermedad que hasta hace unos años se trataba solo en forma paliativa. Se les realizaba una operación de corrección fisiológica. Hoy, a todo recién nacido con ese problema se le practica una operación de corrección o reparación anatómica, si sus condiciones físicas generales lo permiten. Después, si acaso presenta una situación precaria, habrá que esperar un momento adecuado para una segunda cirugía».

En otras etapas del Cardiocentro se operaban muchas comunicaciones interauriculares o coartaciones de la aorta. Ahora, muchos de estos pacientes se tratan mediante cateterismo intervencionista. O sea, se está mejorando su calidad de vida.

Dice el cirujano, de 43 años, que hoy nacen menos niños con afecciones cardiovasculares. Ha disminuido la natalidad y proporcionalmente disminuye la probabilidad de malformación congénita cardiaca.

Pero, por otro lado, el consejo genético que se le da a la familia, apoyado con un diagnóstico prenatal que halla cualquier anomalía, en muchos casos hace que se decida la interrupción de embarazos.

«De no interrumpirse, la madre va al Hospital Nacional Enrique Cabrera y tiene la opción de solucionar su problema en nuestro Centro, aquí al lado.

«Aquí se ha operado a niños con muy poco tiempo de nacidos. Hace solo unos días operamos a uno de solo siete días, que sufría una atresia pulmonar con una comunicación interventricular. Esa criatura recibió una operación paliativa, para permitirle la oxigenación requerida, de modo que pueda desarrollarse hasta el momento en que sea posible practicarle otros estudios y poderle hacer la primera operación realmente correctiva en el futuro. (La atresia es una falta de comunicación entre el ventrículo derecho y la arteria pulmonar).

«Olvidaba decirle que uno de los logros que podemos exhibir a 22 años de fundado este Cardiocentro, es que no tenemos lista de espera quirúrgica. Los casos se discuten en colectivo, se propone un tratamiento equis y se operan dentro de los 15 o 20 días siguientes.

«¡Ah!, un sueño de todos nosotros es llegar al trasplante cardiaco en niños. Estamos preparando condiciones materiales para hacerlo. Todo el personal está ya casi entrenado. Tal vez antes de que termine 2009 ya podamos empezar con ese recurso heroico de la ciencia.

«Desafortunadamente, hay niños que nacen con malformaciones no viables y cuando tratamos de cambiar ese destino, los perdemos. Su familia generalmente nos agradece el esfuerzo de tratar de salvarlo y llora apoyada en nuestro hombro. Eso es verdad, pero también nosotros —sin que ellos nos vean— sufrimos mucho, porque no pudimos hacer nada. Los médicos también lloramos».

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