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Una batalla contra el Aedes aegypti

Tras la irrupción de un grave problema de salud en la comunidad guantanamera Los Cocos se descubren fisuras en los sistemas de prevención sanitaria

Autores:

Lisván Lescaille Durand
Haydée León Moya

LOS COCOS, Guantánamo.— Era 24 de diciembre de 2009. Mientras el aire olía a compras en el centro de la ciudad del río Guaso, en esta comunidad periférica de la quinta urbe más poblada del país la gente procuraba despedir el año con el olor indeclinable a «macho» asado de la comida cubana.

Nada parecía perturbar los tradicionales festejos de fin de año, hasta que empezó a hacerse más notable el ajetreo de trabajadores de la Campaña de Lucha Antivectorial contra el mosquito Aedes aegypti y autoridades de Salud Pública en el municipio. El peligroso vector, agazapado en tanques bajos, registros, zanjas, letrinas, cazuelas, vasos espirituales o cualquier recipiente destapado, se empeñaba en aguarles la fiesta a los lugareños.

Según Eduardo Sánchez Lara, director del Centro Municipal de Control y Lucha Antivectorial, hubo un alza en el índice de infestación asociado al mosquito, muy por encima de lo permisible. Ello motivó la rápida respuesta del dispositivo disponible para el enfrentamiento multisectorial contra el peligroso agente transmisor del dengue.

Desde entonces se libró, junto a las organizaciones de masas y con el Partido a la cabeza, una batida contra los desechos sólidos acumulados en las casas y sus alrededores, el saneamiento de las viviendas, la poda de árboles y de cercas vivas, eliminación de salideros y de tupiciones y limpieza de registros de aguas albañales y de fosas.

A esto se suma la chapea de las márgenes del río Guaso, cercanas a la comunidad, la permanente fumigación de los inmuebles, el tratamiento focal, así como la vigilancia epimediológica de personas con fiebre.

Wilfredo Preval Ramos, jefe de Vigilancia y Lucha Antivectorial en el Policlínico Mártires del 4 de Agosto, asegura que «no hubo mucho tiempo para los agasajos del año nuevo, porque lo más importante es preservar la salud de la gente, y eso estaba en riesgo aquí».

Expone el funcionario que en Los Cocos trabajan casi cien hombres y mujeres diariamente, integrados en una brigada de diez fumigadores para el tratamiento adulticida, ocho brigadas para el tratamiento focal e igual número en el control de la calidad.

El dengue a raya

Cuando la Yutong detuvo su motor ante la Dirección Provincial de Salud, la mirada de Osvaldo Tillán González, artista plástico de esta ciudad, se posó ansiosa en sus familiares que añoraban el contacto físico con él luego de varios meses cumpliendo misión como colaborador en Venezuela.

El instante del abrazo, el beso, y las caricias con los suyos se había postergado durante unas horas. En ese lapso Tillán, junto al grupo de recién llegados internacionalistas recibía en la Dirección Provincial de Higiene y Epidemiología el tratamiento de rigor para conocer su estado de salud y evitar la transmisión a sus allegados de cualquier enfermedad endémica en las naciones hermanas.

«Es un procedimiento que no debe violarse bajo ningún concepto —explica el doctor Sánchez Lara—. Resulta imprescindible el control al viajero antes del contacto con sus familiares, aplicarle la encuesta epidemiológica y efectuarle los exámenes de vigilancia, en dependencia del área geográfica de donde viene.

«Existe en la Dirección Provincial de Higiene y Epidemiología un Departamento de Control Sanitario Internacional que conoce con antelación la fecha de arribo del colaborador e informa también a las áreas de salud donde residen estos compañeros para mantener la vigilancia pertinente en caso de enfermedades, como el dengue, asociadas a la infestación del mosquito Aedes aegypti», amplió el especialista en MGI.

«Nuestro clima —enfatizó— cálido y húmedo es especial para la proliferación del Aedes; sus huevos pueden conservarse en sitios secos durante casi un año y eclosionar inmediatamente si se ponen en contacto con el agua. Mantener a raya al dengue para que no se convierta en una enfermedad endémica en Cuba es otro de los méritos de nuestro sistema de salud».

Focos permanentes

Aunque por la acción de las brigadas de lucha contra vectores ya no preocupa la existencia de focos del mosquito, otras señales de permanente existencia siguen mostrando la vulnerabilidad de esta comunidad a la propagación de enfermedades.

Al pie de un pantano en parte cubierto por yerba, Euclides Kindelán, delegado del Poder Popular en el barrio, se lamenta de los días que lleva esperando que desde la Empresa de Acueducto y Alcantarillado envíen una retroexcavadora para limpiar toda esa suciedad. Nos enteramos, entonces, que en esa laguna se encuentran los componentes del sistema de evacuación de los residuales que generan las 408 viviendas que ocupan más de mil habitantes de la circunscripción 182 del consejo popular Norte-Los Cocos-Confluentes.

Este es el tanque séptico, dice Euclides mientras señala el lodazal de marras. «Desde el principio se vio que los residuales retrocedían hacia las viviendas, y por eso hace 15 años estas personas viven una agonía, especialmente apenas comienza a llover, porque se les desbordan las tasas sanitarias», refiere.

Ahora que hay una emergencia, señala el delegado, vinieron con los carros de alta presión para desobstruir la cañería que va del tanque séptico a las viviendas, pero no hicieron el trabajo completo, porque esta pudrición hay que desaparecerla de ahí.

Para saber dónde parquean los alrededor de 200 coches de tracción animal que trasladan pasajeros de un extremo a otro de la ciudad del Guaso, basta con llegarse a esta barriada guantanamera. Tanto o más que bicicletas y autos, entran y salen de la comunidad a toda hora del día los carruajes con sus caballos. Cualquier vivienda tiene delante un coche plantado y entonces uno se pregunta: ¿Y los caballos dónde están?

Casi pegado a la ventana de uno de los cuartos de su vivienda, en el reducido espacio de un patio interior sin agua corriente, Ríder Delgado Domínguez tiene «parqueado» el caballo que acarrea el coche con el que trabaja hace más de 20 años. Apenas se puede mover el pobre animal, pero allí come, lo bañan y defeca y orina.

El hombre hace un esfuerzo sobrehumano para mantener su patio limpio y sin fetidez, y lo logra, pero sabe que esa situación es una amenaza a la salud de su familia y vecinos.

«No quisiera tenerlo dentro de la casa, pero yo vivo de eso hace más de 20 años, además de que el coche sigue siendo un medio de mucho peso en la transportación de pasajeros en la ciudad» explica.

«Hace unos años me puse muy contento y di hasta mi disposición para ayudar, porque nos dijeron que iban a construir un establo colectivo. Aquí sobra espacio para eso y hasta habíamos pensado que de paso varios vecinos podían incorporarse a trabajar allí, cuidando aquello y sembrando pasto.

«El asunto es que la buena idea nunca se concretó y el problema de los caballos casi conviviendo con las personas, está generalizado en la comunidad. Es penoso que mientras usted ve un ejército de gente y de recursos combatiendo el mosquito, o los focos que aparecen por momentos, no se eliminen las señales permanentes de infestación».

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