Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

«Abrazo» cederista a Martí

La Bandera VIII Congreso de los CDR llega hoy a Guantánamo, tras un recorrido que se inició en el Pico Turquino

Autor:

Yuniel Labacena Romero

GRANMA.— Más de una vez el camión se detuvo para coger aliento y seguir loma arriba. Lo empinado y pedregoso del camino lo hacía sofocarse igual que cualquier transeúnte ajeno al lugar que, aventurado, decidiera caminar por esos parajes del municipio Bartolomé Masó, un sitio en medio de la Sierra Maestra, por donde se transita para ir al Pico Turquino.

Sobre sus «hombros» iban 53 jóvenes —sobre todo dirigentes de base de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR)—, quienes acompañaron la salida de la Bandera VIII Congreso de los CDR desde esa histórica altura, el día 13 de agosto, para recorrer todo el país.

Antes del ascenso hubo una parada necesaria en la comunidad serrana de Providencia. El intercambio con los cederistas fue de esos que jamás imaginamos. Nos recibieron con la gentileza única de los del campo y nuestro talento cultural junto al de ellos se fundió en uno solo.

Emocionante fue cuando combatientes del Ejército Rebelde y colaboradores cercanos a Fidel pusieron el estandarte del Congreso en manos de los jóvenes. Y aunque el encuentro fue de solo minutos, comprobamos lo orgullosos que están los montañeses de esa zona.

Nuestra segunda parada sería ya en Santo Domingo. Allí pernoctamos en el campamento de pioneros exploradores Ramón Paz Borroto, creado hace más de tres décadas por Fidel para la formación vocacional, y que hoy sirve de retaguardia a quienes se deciden a escalar el Turquino.

Al otro día volvimos al camión. Junto a nosotros Mino, el guía de la expedición, el hombre que en solo 14 años ya ha subido el Turquino 477 veces. Nos dejó en los Altos del Naranjo y desde allí avanzamos loma arriba en busca de un sueño, de una gesta… ya superada por muchos.

El primer día (12) la meta serían ocho kilómetros hasta la Aguada de Joaquín, el campamento que permite un respiro para emprender la jornada siguiente. Antes que el Sol nos levantamos el 13, esperando la claridad para emprender la última etapa. Ahora con más energía, optimismo y fuerza por el descanso.

Cantamos feliz cumpleaños a Fidel, a René González, uno de los Cinco, y al joven Yensi Leyva, de la columna. Emprendimos así el camino, cada vez más empinado. Eran apenas las seis de la mañana.

Las fuerzas se soltaron como un resorte y al fin se hizo la luz, en menos tiempo del que pensábamos recorrimos los cinco kilómetros que nos separaban de Martí. Fuimos los primeros de los muchos jóvenes, lo mismo por Granma que por Santiago, que ese 13 de agosto acompañaron al Apóstol.

Ante la majestuosa, erguida y siempre vigilante figura del Héroe Nacional, la bandera VIII Congreso de los CDR. Desde allí, otra vez, palabras, versos y canciones para Martí, Che, Fidel, Raúl, René, los Cinco, toda Cuba.

El joven Eliexer Peláez Romero, quien por más de 17 años ha sido dirigente de base de los CDR en Manzanillo, dijo que somos una generación afortunada, y llamó a continuar defendiendo desde cada cuadra el Socialismo y la Revolución como lo han hecho los Comités.

Con la bandera a cuestas, emprendimos el regreso. Ahora más rápido, pero también más difícil. Solo hubo tiempo para la recogida de las pertenencias primero en la Aguada, luego en el campamento, y continuar el trayecto hacia Bayamo, donde en la noche el estandarte fue acogido en el Consejo Popular Aeropuerto Viejo.

Sin quitarnos ni el polvo, ni el olor a montaña, ni la «ducha» de siete aguaceros, llegamos al CDR 8 de la Zona 201. Eran cerca de las diez de la noche y parecía que apenas el día comenzaba para aquella muchedumbre que esperó ansiosa nuestra llegada, después de haber escalado el Turquino.

Hoy, cuando la Bandera llegue a Guantánamo, momentos como estos se vivirán también allí. Comenzará su recorrido desde Oriente a Occidente hasta hacer su entrada en La Habana el 26 de septiembre, durante la apertura del Congreso y en vísperas del aniversario 53 de la organización.

Pero, por siempre, muchos jóvenes recordarán esa subida al pico más alto de Cuba con la organización de masas más grande de nuestro país, en días gloriosos de un agosto agitado.

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