Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

La nueva Carta Magna es continuidad de la de Guáimaro

 La proclamación de la Ley de leyes este 10 de abril fue un momento profundamente patriótico y emotivo, en el que el General de Ejército Raúl Castro Ruz defendió el legado constitucional de la Revolución Cubana y su trascendencia en medio del acrecentado acoso y la hostilidad imperial

Autores:

Yuniel Labacena Romero
Iviani Padín Geroy

Con la misma vocación de compromiso, la entereza e hidalguía que mostraron nuestros mambises en el campo insurrecto, 150 años después de la primera Constitución de la República en Armas la historia y el presente se abrazaron en un día simbólico. No por anunciada, la proclamación de la nueva Carta Magna este 10 de abril, en el Palacio de Convenciones de La Habana, dejó de sacudir a un pueblo que —como constituyente— durante meses contribuyó a la elaboración del trascendente texto jurídico.

Exactamente a las 9:00 a.m. de este miércoles, ya con los diputados en el salón plenario, los aplausos anunciaban la llegada del General de Ejército Raúl Castro Ruz, Primer Secretario del Comité Central del Partido, y de Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, quienes junto al resto de los diputados e invitados vivirían una jornada cargada de un patriotismo y simbolismo muy peculiar.

La sesión abría con el Himno Nacional, interpretado por el coro Entre voces, que dirige la diputada Digna Guerra Ramírez, y acompañado por la Banda de Música de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), en el mismo momento en que eran disparadas 21 salvas de artillería  desde la fortaleza de La Cabaña, en La Habana, y el cementerio Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba, Monumento Nacional, como saludo de la nación al glorioso acontecimiento.

Con el toque de atención los diputados e invitados vieron hacer su entrada a la Constitución de Guáimaro, escoltada por tres integrantes del Batallón de ceremonias de las FAR, engalanados con el uniforme del Ejército Libertador, al compás de las notas de la Marcha mambisa. El histórico documento fue colocado en un pedestal, mientras el hemiciclo se llenaba de aplausos.

Tras este singular momento, Esteban Lazo Hernández, presidente del Parlamento, tomó la palabra y evocó a los honorables patriotas que suscribieron el texto constitucional de 1869, pero también resaltó el papel de Ana Betancourt como digna representante de nuestras mujeres, quien defendió una mayor participación de estas en la vida de la nación.

Lazo Hernández expresó que «solo a partir del triunfo revolucionario de 1959 se haría realidad el sueño de Ana Betancourt, con la participación activa y decidida de la mujer en la Revolución y una expresión de ello es la integración de este órgano supremo de poder del Estado cubano. De sus 605 diputados el 53,22 por ciento son mujeres».

Fue ese el preámbulo para repasar nuestra historia constitucional y también el profundo proceso de reforma de la Carta Magna de 1976 que acometimos por derecho propio los cubanos hasta hace muy pocos días, inspirados «en el heroísmo y patriotismo de los que lucharon por una Patria libre, independiente, soberana, democrática, de justicia social y solidaridad humana, forjada en el sacrificio de nuestros antecesores».

A Alina Balseiro Gutiérrez, presidenta de la Comisión Electoral Nacional, le tocó informar los resultados del referendo constitucional del 24 de febrero último. Sus palabras fueron la confirmación de que en ejercicio de su derecho soberano el pueblo de Cuba había ratificado la Constitución que en su día fue aprobada por la misma Asamblea Nacional del Poder Popular que este miércoles la proclamaría.

Y porque nuestra historia está marcada por coincidencias de múltiples acontecimientos: al igual que en 1976, 43 años después, fue el General de Ejército Raúl Castro Ruz quien pronunció el discurso de proclamación de la Carta Magna. Entonces entre estremecedores aplausos y ovaciones subió al estrado para dejar sellado este pacto con la historia, con la nación.

Asumía, como él mismo dijo «un privilegio excepcional». Por segunda vez cumplía tan alta responsabilidad, pues el 24 de febrero de 1976, el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, su hermano de sangre y de luchas, antes de partir al exterior en cumplimiento de un ineludible compromiso internacional, le encargó sustituirlo en el acto solemne de Proclamación de la Constitución, cuya vigencia culminó este miércoles.

Raúl recordó que la fecha de este 10 de abril no era casual, y que por eso «la Constitución que proclamamos hoy es continuidad de aquella primera, en tanto salvaguarda como pilares de la nación la unidad de todos los cubanos y la independencia y soberanía de la patria». Su discurso todo fue una magistral clase de historia de Cuba y de defensa de la nación, una ratificación de nuestros principios, de nuestro aporte diario al país que soñamos y, sobre todo, de solidaridad con las causas justas que defiende Nuestra América.

Al volver sobre la Constitución, aseguró: «garantiza la continuidad de la Revolución y la irrevocabilidad de nuestro socialismo», y más adelante: «Esta ley de leyes es hija de su tiempo. Refleja las circunstancias históricas de la construcción de nuestra sociedad y tutela jurídicamente los cambios acaecidos con visión de futuro». Señaló, igualmente, que devenía legado para las nuevas generaciones de cubanos, y que no bastaba solo con proclamarla, sino que «es necesario hacer efectivos sus preceptos».

Al terminar su discurso, jóvenes del Batallón de ceremonias de las FAR volvieron a entrar al plenario, ahora portando la nueva Constitución. Lo hicieron con las notas de la marcha instrumental Patria Libre y Soberana. Entonces entregaron a Raúl —a quien acompañaban también Díaz-Canel y Lazo— el histórico documento que, desde ayer, con su publicación en la Gaceta Oficial de la República, entró en vigor, y que después de abrazarlo en sus manos colocó en otro pedestal, al lado de la Carta Magna de Guáimaro.

Fueron intensos los aplausos mientras se escuchaban las notas del Himno Invasor, cantado por el coro Entre voces, nuevamente acompañado por la Banda de Música de las FAR. De fondo se apreciaban imágenes de una carga mambisa y fotos de Fidel en la Sierra Maestra, junto a Almeida, el Che y otros heroicos combatientes de nuestra última etapa libertaria.

Tras este impresionante momento, el Presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular dio por concluida la histórica sesión, no sin antes afirmar que la misma «marca el presente y futuro de la nación cubana, de hombres y mujeres libres, todos soldados en defensa de la Revolución Cubana, en todos los frentes». Su grito de ¡Patria o Muerte! fue correspondido con aplausos mientras Raúl y Díaz-Canel saludaban a quienes ocupaban las primeras filas o estaban en la presidencia.

¡Viva la Revolución!, exclamó alguien desde el plenario y su expresión fue seguida de un ¡Viva! intenso, unánime y prolongado en aplausos. Cerraba así un momento único, demostración de que ahora más que nunca hace falta la unidad de la nación al contar con una Constitución que es fundamento de esperanza y pone muy en alto la dignidad humana.

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.