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El ataque común y el silencio más cínico

Este martes, desde la 1:30 p.m., el canciller Bruno Rodríguez responderá preguntas de la prensa nacional y extranjera sobre el ataque terrorista a la embajada de Cuba en Estados Unidos. La conferencia de prensa virtual podrá verse por la televisión cubana y por la página de Facebook y el canal de YouTube del Minrex

Autor:

Enrique Milanés León

«Faroles» aparte del inefable internauta Donald Trump, parece que tanto Twitter como la verdad son demasiado rápidos para el Gobierno de Estados Unidos, que casi dos semanas después del ataque sufrido por la embajada de Cuba en Washington sigue sin dar la cara a las autoridades y al pueblo cubanos.

Este lunes, el Presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez publicó en esa red social un tuit que recuerda a la Casa Blanca que los cubanos esperan una respuesta a las denuncias tras el ametrallamiento. «No olvidamos larga historia de terrorismo contra nuestros diplomáticos», escribió el mandatario antillano antes de agregar que su pueblo de continuadores salva vidas y repudia la violencia y la muerte.

Si bien los más de 30 disparos con un fusil de asalto el 30 de abril solo dejaron daños materiales, su autor —hasta ahora protegido con el velo de la «locura» por las autoridades estadounidenses— declaró estar dispuesto a apuntar a quien pudiese salir, incluido el embajador. Ni la gravedad de esa postura rompe el silencio de Trump.

Ya Díaz-Canel había advertido que la negativa de la Casa Blanca a compartir con Cuba, como país atacado, toda la información del caso, equivale a tolerancia y revive la historia de terrorismo sufrida por nuestro pueblo desde territorio estadounidense.

A ello se suman las denuncias del canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla, quien refirió el silencio cómplice del secretario de Estado, Mike Pompeo, en torno al terrorismo que el Gobierno norteamericano dice repudiar. Tampoco Johana Tablada, subdirectora general de Estados Unidos en el Minrex, puede llegar a otra conclusión: han querido silenciar este grave hecho y, aunque resulta indignante y peligroso, no nos sorprende, dijo a Prensa Latina.

Es como si, cual irresponsable líder mundial de la COVID-19, el Gobierno de Trump sufriera —ante este ataque a la representación de Cuba y a la fallida incursión armada en Venezuela— el efecto colateral del mutismo diplomático, también contagioso para sus títeres.

Hace cuatro días, Eugenio Martínez, director general de América Latina y el Caribe de nuestra Cancillería, expuso en su perfil oficial en Twitter que Luis Almagro —el verborreico secretario general de la OEA— seguía callado ante el ametrallamiento.

«Almagro condenó atentados terroristas en Barcelona, Turquía, Orlando, Bogotá; pidió declarar a Hezbollah organización terrorista; condenó supuestas acciones terroristas en Venezuela y Nicaragua, pero olvidó condenar este atentado terrorista, ocurrido a cuatro kilómetros de su oficina», tuiteó el diplomático.

Nada, que los malos callan, pero cuando tienen las manos y hasta la garganta manchadas de sangre de pueblos, al instante todos reconocen el ruidoso mutismo del asesino. 

 

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