Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Rechazo a las drogas desde las aulas

Para incrementar, además, la percepción de riesgo, es vital impulsar las escuelas de padres y de educación familiar

Autor:

Ana María Domínguez Cruz

Elevar la cultura de rechazo ante las drogas y otras sustancias sicoactivas a través de los programas docentes es uno de los objetivos fundamentales de nuestro sistema educativo, mientras trabajamos para perfeccionar la preparación del claustro de profesores en todos los niveles de enseñanza y su relación con las familias.

Así expresó el viceministro de Educación Eugenio González Pérez, durante su intervención en la Mesa Redonda de este martes, en la que se ofreció información en torno al actual escenario del consumo de drogas a nivel mundial, del que Cuba no está ajena, así como el actuar, desde lo penal, ante hechos delictivos en los que incurren, en la mayoría de los casos, las personas adictas.

González Pérez hizo referencia a la Resolución Ministerial 111, mediante la cual, desde 2019, se propician acciones de carácter preventivo para impedir incluso la curiosidad que lleva a no pocos adolescentes y jóvenes al consumo de drogas y otras sustancias. La normativa permite anticiparnos y les otorga autonomía a las diferentes instancias educativas para trazar sus estrategias y diagnosticar a sus alumnos, aseveró.

«La mayoría de los hechos en los que se involucran adolescentes y jóvenes ocurren fuera del ámbito escolar, y ello exige que el intercambio con las familias sea constante, porque aunque en ellas existe rechazo ante el consumo, existen muchos métodos permisivos y no siempre se vela por el correcto actuar de ellos.

«La cultura de rechazo no se adquiere con normas, sino ajustándonos a los códigos comunicacionales de los estudiantes, en alianza con las familias y los maestros, a través de las acciones trazadas en el ámbito curricular y en actividades complementarias que permitan fomentarla, también con la participación de todos los factores comunitarios», agregó.

Nos falta mucho por andar en la producción de resultados científicos, en la innovación para anticiparnos a determinadas situaciones, pero ya vamos percatándonos, por investigaciones, de lo que constituyen las conductas habituales en los propensos al consumo, acotó.

«Los docentes deben estar al tanto de esos estudiantes que vulneran el control familiar, fuman, deambulan en las noches y asumen la recreación ligada al consumo de alcohol y otras drogas».

Para incrementar, además, la percepción de riesgo, es vital impulsar las escuelas de padres y de educación familiar, así como entender que un solo estudiante, con ese actuar, debe ser motivo de preocupación, añadió.

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