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La defensa cubana del futuro

La firme convicción de familias y docentes para sostener y defender la educación de las nuevas generaciones, en un contexto social y económico sin precedentes, resulta escudo ante los desafíos del nuevo período lectivo que comienza este 1ro. de septiembre. Juventud Rebelde se acerca al tema desde varias provincias

Autores:

Odalis Riquenes Cutiño
Laura Fuentes Medina
Jorge Fernández Pérez

Con la voluntad como escudo en medio de los mayores desafíos de los últimos tiempos, y fiel a una de sus más hermosas y entrañables tradiciones, Cuba llevará a las aulas de la Educación General más de 1 500 000 niños y adolescentes este 1ro. de septiembre, para dar inicio al curso escolar 2026-2027.

Frente a apagones de más de 20 horas, que trastocan las rutinas en todo el país, y la reducción a niveles mínimos del transporte, algunos de los más notorios efectos del cerco energético que criminalmente arrecia cada día el Gobierno yanqui contra Cuba, junto a una inflación galopante y escaseces de todo tipo, se impone hoy la certeza de que preparar a las nuevas generaciones es defender el futuro.

Todo hombre tiene derecho a ser educado, han asegurado las autoridades del sector, acompañadas por estos días por dirigentes políticos y gubernamentales en jornadas de evaluación y preparativos, en ajetreo tenaz, para echar a andar un período lectivo que todos sabemos que será difícil, pero en el que se continúa confiando la mejor educación posible de nuestros hijos.

Cuando se habla de alternativas organizativas, de acercar los servicios a comunidades y zonas educativas, y se admite que, en no todos los municipios, y en algunos grados y enseñanzas, por ejemplo, no será posible garantizar asuntos tan básicos como el uniforme escolar; en esas condiciones, la familia se sabe puntal, sostén, y no sin pocas inquietudes, en su mayoría asume y multiplica su rol.

Avituallar el saber

Cual avezada empresaria, la santiaguera Kirenia Ibáñez precisa por estos días, a punta de lápiz, cada detalle del retorno a la escuela de su hijo Maikol, que cursará el 2do. grado. 

Aún no tiene idea de cómo lidiará con el carbón en la madrugada para garantizar a tiempo el desayuno, ni de qué manera asegurará los insumos para la merienda, que se han vuelto un enigma indescifrable, pues «hasta los sobrecitos de refresco que ayer encontrabas en todas las esquinas, hoy han desaparecido en Santiago, y si los encuentras, triplican el precio de antes.

«El pan —detalla— cambia de aspecto y precio según el vendedor. Todo es muy inestable y mucho más caro que el curso pasado, pero es un gasto que habrá que asumir sin miramientos», advierte.

Afirma que lamentablemente este curso no habrá mochila nueva y los zapatos, hasta ahora de salir, deberán asumir su turno para la escuela, pues «la economía no da para más, es eso o el litro de aceite a 5 000 pesos, el pollo o cualquier otra proteína que necesita para su alimentación. Y es que para estudiar es preciso estar lo mejor alimentado posible», enfatiza.

Los ojos de la joven se humedecen cuando piensa que será esta una etapa escolar sin agua fría, y sin muchos otros detalles; en el que habrá que robarle tiempo a la corriente hasta en la madrugada para hacer la tarea, y para alistar el uniforme o la ropa que se tenga para asistir a la escuela.

No obstante, Kirenia prefiere mirar a las esencias y encontrar en su hijo las fuerzas necesarias. «Cuando pienso en que este es el tiempo de mi niño crecer, aprender, saco el extra por muy agobiada que esté y me digo que no puedo permitir que mi hijito deje de aprovechar su oportunidad de formarse de la mejor manera.

Como la de Kirenia, son miles las familias cubanas que se empinan en aras de garantizarle al saber los avituallamientos imprescindibles, a pesar de las carencias. Así, para la capitalina Odannia Díaz Carrillo, madre de dos niños —uno que cursará el 4to. grado de primaria y otra que comienza la universidad, las preocupaciones cotidianas son de grado superlativo.

El alza de los precios, que impacta directamente en el transporte y la merienda escolar, está hoy entre sus mayores desvelos. Pero ella reconoce como una medida oportuna la de realizar reajustes en la presencialidad de manera particular en cada escuela.

¿Y el uniforme?

Santiago de Cuba es una de las seis provincias que ha conseguido asegurar la venta de uniformes a los grados de prescolar, 5to. y 7mo. en todos sus municipios; lo que se ha vendido, en su mayoría, es fruto de la gestión de los inventarios que quedaban, las tallas han sido realmente un problema.

Armando Sánchez Espinoza, padre habanero, señala que ha acudido a par-
ticulares y redes sociales para comprar las prendas de sus tres hijos, en ocasiones a precios muy elevados.

Recientemente, la ministra de Educación, Naima Ariatne Trujillo Barreto, informó en conferencia de prensa que no se ha podido completar la entrega del uniforme escolar en todos los municipios del país, aunque se han priorizado los grados que se inician. En consecuencia, se ha flexibilizado el Reglamento Escolar y los estudiantes podrán acudir a la escuela con una ropa adecuada, siempre con sus pañoletas.

Entre crisis y expectativas

Aun cuando este nuevo curso trae aparejado un cúmulo de retos, a Leonardo Yero se le ilumina el rostro al pensar en el entusiasmo que siempre gravita en torno a ese primer día que marca el regreso. «Mi niña y el niño están ansiosos por ir a la escuela, por ver a sus amiguitos y maestros».

Odannia Díaz Carrillo se muestra igualmente esperanzada: «Como madre tengo la tranquilidad de que sé que va a comenzar el curso escolar, de que los niños no van a quedarse sin recibir sus clases ni los conocimientos necesarios para continuar su formación en la vida».

Pero Leonardo Yero Aguilar advierte que el calor de las noches sin luz es «una situación general que puede atentar contra la asistencia de los niños a las escuelas».

Armando Sánchez es consciente del deterioro de instalaciones y medios; sin embargo, confía en que desde las administraciones locales se generen alianzas con actores no estatales en la comunidad a fin de restaurar o renovar.

La adolescente holguinera María Karla Candelario Álvarez enarbola en cambio sus aspiraciones con el inicio de la secundaria básica. «Quiero hacer nuevas amigas y vivir otras experiencias. Sé que la situación es compleja, pero estoy muy feliz de empezar las clases».

El estudiante de preuniversitario de la Ciudad de los Parques, Jorge Alberto Muñoz Pérez confiesa que, a pesar del mal momento que estamos atravesando, se siente optimista de que el curso no se vea detenido o atrasado por los contratiempos que afectan hoy la cotidianidad

No obstante, Maylín Betancourt Verdecia, madre de una estudiante de educación primaria, muestra incertidumbre en relación con la disponibilidad y preparación del personal docente, pues algunas aulas cuentan con maestros experimentados, pero otras todavía enfrentan dificultades para completar sus plantillas.

La santiaguera Karina Otero sugiere preparar el proceso docente educativo en función de que las asignaturas fundamentales ocupen los horarios más adecuados, propone ser bien creativos a la hora de orientar y evaluar las tareas para la casa, y exhorta a que desde lo curricular se realicen acciones de atención a los más vulnerables o aquellos en desventaja social en las aulas.

Asimismo, llama la atención de todos los sectores e instituciones con posibilidades de apoyar y acompañar a los centros y sus educandos en la nueva etapa lectiva. «Una escuela es más transformadora si todos los factores de la comunidad la acompañan», resalta. 

Mientras dispone, uno por uno, los materiales de sus alumnos de 1er. grado, la joven maestra Ariadna Delgado organiza mentalmente la ruta que la llevará a las casas de sus pupilos. «Estoy preparándome para visitarlos e intercambiar con sus familias sobre todas sus inquietudes y preocupaciones.

«Este será otro curso tenso, pues los maestros tenemos los mismos problemas que nuestros alumnos: los apagones, las dificultades con el efectivo, los desafíos cotidianos; pero mantenemos nuestro compromiso de dar todo lo que podamos por defender la calidad de la enseñanza», apunta.

Sin dudas, el nuevo curso escolar comenzará, pero su éxito no se medirá únicamente por la fecha de apertura. Dependerá de la capacidad de las instituciones para escuchar las preocupaciones de las familias y los estudiantes, ajustar las decisiones a cada territorio y buscar soluciones allí donde las condiciones objetivas no permitan aplicar una fórmula única. Y también valdrá mucho la activa participación de los padres o tutores.

Este 1ro. de septiembre, las aulas se llenarán otra vez de colores y voces que nos recordarán el valor del esfuerzo colectivo. Será un regreso tejido con amor y esperanza.

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