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Delfín Prats, poeta mayor

Para beneplácito de nuestra literatura han aparecido dos publicaciones especiales sobre la obra del escritor holguinero

 

Autor:

Kaloian Santos Cabrera

La Editorial Cuadernos Papiros, de la Ciudad de los Parques, ha publicado recientemente una excepcional edición del poemario Lenguaje de mudos, que le valió a Delfín Prats (Holguín, 1945), el Premio David en 1968.

La nueva buena es que los 13 poemas del célebre volumen, asoman ahora en tan solo cien ejemplares, con hojas de fibra de ajo e ilustrada cada una manualmente por Freddy García, artista cubano de la plástica, mediante la técnica de la xilografía.

Por otro lado, Ediciones La Luz, el sello editorial de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en Holguín, con la colaboración de la propia Cuadernos Papiro, el Instituto Superior de Arte (ISA), Radio Holguín y la Dirección Provincial de Cultura, lanzó El brillo de la superficie, un audiolibro donde Delfín lee y comenta una veintena de sus poemas, entre los que destacan Alegato de amor y Lento y difuso, hasta ahora inéditos.

Al enfrentarse a este proyecto, Prats, un hombre introvertido, tuvo que vencer muchos escollos. «Para el artista, la idea de grabarse leyendo necesitaba de un estado de ánimo adecuado, el cual casi ningún poeta logra con facilidad», contó Pablo Guerra, joven escritor que tuvo a su cargo el cuidado del fonograma.

Dentro y fuera de Cuba voces autorizadas de la crítica literaria consideran que la obra de Delfín Prats se inscribe en un lugar cimero de nuestra literatura. No lo avala una extensa y prolífica bibliografía, como suele leerse de muchos literatos encumbrados. Pero tampoco le hace falta.

En una antología titulada Cien poetas cubanos y publicada hace algunos años por Cuba Literaria, se puede leer sobre su impronta: «participa del aliento testimonial de su tiempo, del tono conversacional común a su promoción, pero agrega la problematicidad biográfica, la mirada transida del mundo, cierto temor que no llega

al tono elegíaco, la duda más que la afirmación rotunda. Su sinceridad no es, sin embargo, expresividad descarnada del acontecimiento vital, porque prefiere usar la gasa estética que cubre la realidad».

La obra de Delfín ha sido publicada por editoriales, revistas y antologías de varios países. De la misma forma ha sido traducida al italiano, francés, inglés y alemán. Entre sus libros memorables se encuentran: Para festejar el ascenso de Ícaro (Premio de la Crítica en 1988); Cinco envíos a Arboleda (cuento, 1991); El esplendor y el caos; Abrirse las constelaciones (poesía, 1994) y Lírica Amatoria (poesía, 2002). Miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, se le ha conferido la Distinción por la Cultura Nacional y el Premio Maestro de Juventudes, que entrega la AHS.

Sin embargo, el poeta confiesa que nunca ha hecho literatura de forma profesional y que, por lo tanto, no hay razón para considerarlo un escritor. «Cuando han venido los poemas, los he escrito. Cuando me los han pedido para su publicación, los he entregado. Cuando los he visto aparecer en antologías, me he sentido satisfecho. Nunca he cultivado la poesía, no he aprendido a rimar ni a medir, ni a valerme de recursos retóricos propios de este arte. Si he dado en el clavo ha sido de chiripa. Por lo tanto no hay razón para considerarme un poeta», manifestó Prats en una vieja entrevista.

En una pequeña casa de su ciudad natal, en medio de un barrio ruidoso y periférico, pasa hoy sus días Delfín a sus casi 70 años. Vive rodeado de un universo ínfimo donde, paradójicamente, son pocos los libros. Se mueve en bicicleta por la urbe. Labora en la promotora literaria Pedro Ortiz y es habitual encontrarlo en presentaciones de libros y lecturas de poesía. Al parecer ha llegado a la edad donde lo asaltan los homenajes. Pero, siempre que puede, él evade tales ceremonias. Eso sí, un cumplido al cual accede humildemente es al llamado de los jóvenes —sobre todo escritores y periodistas— de todas partes, que lo buscan a menudo para nutrirse de su sabiduría. Y es que, al conocerlo, conversar con él, al leer sus versos… nos queda una sensación inusitada: en Delfín Prats confluye una amalgama universal de culturas.

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