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Con pasión y profesionalidad

Zuleida Suárez y Susana Frade integran un dúo de guitarras que gracias a la beca El reino de este mundo pudo materializar un sueño: Contraste, su primera obra discográfica

Autor:

José Luis Estrada Betancourt

Zuleida Suárez y Susana Frade se desviven por la guitarra. Tanto, que ni siquiera se atreven a imaginar qué sería de sus respectivos futuros sin que sus estilizados dedos provoquen esas cuerdas para que regalen melodías inolvidables que llenen el alma.

Graduadas del Instituto Superior de Arte (ISA), aunque en cursos diferentes, quedaron prendadas sin dudas por el instrumento, pero no fue un amor a primera vista. Zuleida, por ejemplo, lo descubrió gracias al empuje de su mamá, quien empezó a embullarla con la música. «Pensé estudiar piano, sin embargo, en el momento en que me presenté no estaba esa carrera, así que me desvié para la guitarra. Fue el azar, solo que con los años me conquistó, y en la actualidad no puedo estar sin ella».

Susana, por su parte, se recuerda como una «niña artística». Lo suyo era el espectáculo. «Yo sabía que ese era mi destino, pero no cómo se expresaría. No olvido que llegué al conservatorio Manuel Saumell y observé atentamente a los muchachos que tocaban los más disímiles instrumentos, algunos de los que ni siquiera tenía idea de que existían. Me encanté con la percusión, la flauta y la guitarra, e hice las pruebas, pero evidentemente para los dos primeros no tenía muchas condiciones.

«Me pasó similar a Zuleida, que en un principio no estaba muy clara a qué me enfrentaba, pues la guitarra que se estudia en los conservatorios se distancia totalmente de la de música popular. Es otro lenguaje, otro concepto, una expresión diferente.

«Cuando comienzas a introducirte en ese mundo es que se te van abriendo los ojos y el corazón. Te encuentras con un universo enorme y desconocido, cuya complejidad va creciendo a medida que avanzas y conoces autores miles que concibieron obras para ella. Eso es lo que te va apasionando, hasta que llega un instante en que nadie te puede apartar de ese camino, y ya vives con tu guitarra a cuestas».

Así, ambas fueron transitando por los niveles elemental y medio hasta entrar y graduarse en la Universidad de las Artes. Una «hazaña», que les tomó varios años de su vida, y se la comentan a Juventud Rebelde en menos de un minuto, como si fuese una sencillez. Se lo hago notar, y Zuleida se dispone enseguida a esclarecerme: «Bueno, fácil para nada. Los pases de nivel fueron bien complejos, pero como hace ya un tiempo que los dejamos atrás, parece como si antes no te hubieran llenado de estrés.

«Para los estudiantes de cualquier manifestación resultan una prueba de fuego, porque son exámenes prácticos y teóricos de mucha exigencia y muy tensionantes, pues uno quiere continuar la carrera. Felizmente lo logramos, y con buenas notas. Yo finalicé el ISA en el 2006 y Susana un lustro después».

Fue en 2000 cuando el maestro Jesús Ortega convidó a Zuleida a que se sumara a su Sonantas Habaneras —después haría lo mismo con Susana—, y desde entonces se mantienen en la afamada orquesta, sin abandonar el trabajo con el dúo Con-trastes, surgido dos años más tarde.

«En el 2002 nos unimos Galy Martín y yo para fundarlo, mientras estudiábamos», cuenta Suárez. «Susana ocupó su lugar en el 2008, y un año después ya estábamos ofreciendo conciertos».

De hecho, fue esta última quien se acercó entusiasmada en cuanto supo que Zuleida necesitaría otra compañera para el dúo. «Empecé sin saber en lo que me estaba metiendo y me ocurrió igual que con la guitarra: con el tiempo he ido entendiendo de qué va este hermoso trabajo, con este formato de música de cámara, que a su vez se distingue de lo que hacemos en la orquesta, donde hay un mayor número de instrumentos, de personas, otro repertorio, otras exigencias...».

Rememorando los inicios del dúo, su directora apunta: «Con-trastes nació como un hobby, pero luego todo se complicó, porque queríamos enfrentar programas cada vez más serios y rigurosos, y ya no queríamos tocar en cualquier parte, sino en salas reconocidas, lo cual se nos hacía casi imposible, pues no dábamos con la persona que nos abriera las puertas. Por suerte, Casa de las Américas nos recibió y nos ofreció su sala Manuel Galich para que diéramos nuestro primer concierto.

«A ver, que no nos ha ido tan mal cuando lo analizas, pero ciertamente fue duro cuando quisimos formar parte del Centro Nacional de Música de Concierto (CNMC), lo cual nos costó, porque no pasamos la primera audición. Y fue irónico, pues aquellos proyectos que aprobaron entonces, luego se desintegraron. Pero no dejamos de insistir».

—Zuleida, pero ¿egresar del ISA no les facilita la entrada al CNMC?

—En lo absoluto. Tienes que presentarte ante un tribunal del CNMC, compuesto por personalidades consagradas de la cultura. Tú les ofreces un concierto y ellos te evalúan y deciden si estás capacitado o no para integrar el catálogo del Centro. En la segunda oportunidad sí nos aprobaron, y desde el 2011 ya estamos dentro, lo cual no significa que todo se haya resuelto. Nosotras nos encargamos de nuestra promoción, de buscar espacios donde tocar, porque, repetimos, deseamos trabajar en lugares importantes y diversos.

Con todo y ello, se sienten orgullosas por lo mucho que han conseguido, y se muestran agradecidas cuando les mencionas a una figura de la talla de Jesús Ortega. Según la Suárez, es llover sobre lo mojado repetir lo que la mayoría de los músicos de la Isla ya ha expresado una y otra vez: «que el maestro es una escuela. Integrar Sonantas Habaneras me animó más a mostrar otra cara de la música de cámara, que es lo que se propone Con-trastes.

«Con el maestro Ortega se aprende constantemente. Sobre música, compositores, estilos..., pero también nos enseña cómo debemos vestirnos para estar a tono con la ocasión, cómo pararnos, cómo sonreír a la hora de saludar, cosas que parecen muy simples pero que son esenciales para que el resultado final sea mejor. Sí, el maestro ha sido fundamental en nuestra carrera».

Esta joven virtuosa también consiguió dedicarse por un breve espacio de tiempo a la docencia, pero tuvo que dejarla a un lado. «Era una locura, no me daba tiempo realmente, y soy de las personas a las que les gusta entregarse solo a aquello que pueden dedicarse en cuerpo y alma», enfatiza.

Y es que no poco tiene encima que la hacen dividirse en dos: la música y la crianza de sus dos preciosas pequeñas. «Cuando no estoy con mis niñas, me dedico a la guitarra, a la música. El arte exige mucho, porque requiere de estudio profundo y diario. A veces sabes que estás necesitando descansar, pero aparece un concierto importante que no puedes dejar pasar, y debes prepararte con tesón, así sea en medio de las vacaciones».

Ya lo dice Susana, que ella, por lo general, anda pegada a su guitarra. «Es por etapas, hay momentos en que te exige más entrega, como cuando quieres presentarte a un concurso —recientemente participé en uno y estuve mas de ocho horas diarias estudiando sin soltarla...».

—¿Y cómo te fue?

—Ay, hijo, obtuve dos menciones (lo dice aparentemente sin darle importancia, pero sus ojos revelan satisfacción interior)... Y ya después «relajas» un poco, si los conciertos están más espaciados, entonces le entregas con gusto cuatro o cinco horas al día... Puede incluso que sean dos, en dependencia de la jornada que tengas, pues a lo mejor estás muy cansada y no te da para mucho más.

«No existen los domingos para ningún instrumentista. Hay que amarrarse a estudiar a conciencia, si en verdad quieres brindar conciertos decorosos. Eso sin contar los ensayos, que son aparte de la autopreparación. Si logras cumplir con esa exigencia tienes grandes posibilidades de regalar un buen concierto tu público».

Si las invitas a que se refieran a los momentos de mayor alegría que han tenido como profesionales, sin pensarlo dos veces mencionan la materialización de su ópera prima, gracias a la beca El reino de este mundo, que otorga la Asociación Hermanos Saíz (AHS).

«La AHS nos ha ayudado mucho, dice Zuleida. Le presentamos un proyecto de disco que solo reúne a autores nuestros que han escrito o versionado piezas para dos guitarras —por cierto, algo poco común—, y nos otorgaron la beca. Y ya contamos con nuestro primer disco, Contrastes, un título al que le hacemos honores porque toda la música que registra es muy contrastante, se nota en los estilos, géneros, compositores...

«En el álbum vamos desde firmas insignes del siglo XIX hasta otras más contemporáneas. En Contrastes hallas obras de Ernesto Lecuona, Leo Brouwer con sus Micropiezas; Héctor Angulo, Ignacio Cervantes, Manuel Saumell, Carlos Fariñas, Eduardo Martín; Rodolfo Hernández, cuya creación es poco conocida en la Isla, y quisimos rescatar su legado; Carla Suárez, quien es la más joven...».

«Sí, la colaboración y el apoyo de la Asociación Hermanos Saíz, y de otras instituciones como el mismo CNMC, ha sido primordial. Pero sobre todo de la organización de los jóvenes», insiste Susana.

«Nos sentimos por las nubes con nuestro disco ya listo. Ese es el mayor sueño de un músico: poder tener una prueba de un trabajo de años, porque el álbum registra 45 o 50 minutos de música que se escucha fácil, pero detrás hay muchos años y horas de entrega sin límites.

«Lo principal es que quedó la obra que llegará a muchas más personas y divulgará mejor nuestro quehacer; la obra que quedará para siempre».

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