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Tributo al son y al changüí

Dos conciertos de la pasada semana demostraron que la buena música nunca pasa de moda: la celebración de los 60 años de la orquesta Revé en la céntrica avenida habanera Salvador Allende (Carlos III), y el tributo al dúo Los Compadres hecho por el dominicano José Alberto, El Canario, y el Septeto Santiaguero el sábado, en el Teatro Nacional

Autor:

Yelanys Hernández Fusté

A veces la modernidad hace que dejemos de lado lo de antaño. En casa, un viejo tocadiscos del pasado siglo suele reírse de esas nuevas reproductoras de CD y de los Ipod. En viejos álbumes de acetato mis padres guardan con celo una colección de agrupaciones clásicas del son y el changüí, que nuestro añejo «gramófono» ochentero todavía hace sonar a las mil maravillas.

Y el asunto no es el soporte, la buena música —esa que en cualquier tiempo supervive a las influencias de estilos más lozanos (con alto o ningún grado de complejidad y creatividad)—, no pasa de moda. El secreto para toda esa prestancia y vigencia se le debe al ingenio de su compositor y a la excelencia de su interpretación.

Dos conciertos de la pasada semana, dentro del Cubadisco 2016, apuntaron a ese inquebrantable argumento: la celebración el viernes último de los 60 años de la orquesta Revé en la céntrica avenida habanera Salvador Allende (Carlos III), y el tributo al dúo Los Compadres hecho por el dominicano José Alberto, El Canario, y el Septeto Santiaguero el sábado, en el Teatro Nacional.

Legendaria y notable, por mixturar dos géneros esenciales del pentagrama criollo, el Charangón hizo reverencia a su líder fundador Elio Revé Matos en una ya mítica velada en Carlos III. El son y el changüí estuvieron de fiesta esa noche, gracias al recorrido de la agrupación por su repertorio más exitoso.

En casi cuatro horas, miles de bailadores rememoraron y disfrutaron de temas como Muévete pa’ aquí, Qué cuento es ese, Mi salsa, Yo no quiero que seas celosa, Pu-pu chan chan y Rumberos latinoamericanos, todos recogidos en el excelente compacto La salsa tiene mi son (Sony Music México/Bis Music), recientemente congratulado con el gran premio Cubadisco 2016.

Muchos de los artistas que intervinieron en esa placa también se sumaron el viernes a ese honor que el evento fonográfico le hizo a la Revé, entre ellos Haila María Mompié, Mayito Rivera, Paulo FG, Mandy Cantero, Robertón Hernández, Cristian y Rey Alonso, Alain Daniel, Juan Miguel Díaz (El Indio), Rolando Luna, Orlando Valle, Maraca; David Blanco, Zule Guerra y el grupo Moncada.

Fue igualmente un momento para volver a presenciar la maestría interpretativa de Juan Carlos Alfonso, quien formara parte de la orquesta como pianista y fuera su director musical por cinco años; y además, un espacio para bailar con lo más nuevo, sin dudas hit de estos tiempos como Esa soy yo, el Jala jala, y Mi amiga Chichi, entre otros.

Prohibido tomarle cariño a las butacas

«Y entonces qué, ¿vamos a gozar?», dijeron los miembros del Septeto Santiaguero al abrir el telón del escenario del Teatro Nacional. «No le cojan cariño a los asientos», insistieron los músicos, y sin darse cuenta de que los micrófonos seguían abiertos, se les escuchó asombrarse por el lleno casi total del coliseo habanero.

Fue Sabroso el tema opening del primer concierto en un teatro capitalino de la agrupación oriental, a la cual le avalan varios premios Cubadisco, tres nominaciones al Grammy Latino y el lauro alcanzado en ese certamen el pasado año por la placa No quiero llanto, Tributo a Los Compadres (Los Canarios Music/Egrem), una coproducción entre el septeto y el cantante dominicano José Alberto, El Canario.

Para la velada sabatina, la selección fue de lujo, ya que incluyeron parte del repertorio de ese fonograma y de discos anteriores como Vamos pa’ la fiesta (sello catalán Picap).

Quien estuvo en el Nacional disfrutó a gusto cómo se desempolvaba el danzón La reina Isabel, un clásico del género, escrito por Electo Rosell, Chepín, y que en esta oportunidad el grupo santiaguero quiso interpretar acompañado de Orlando Valle, Maraca.

Un homenaje a Juan Formell y los Van Van se escuchó con Que le den candela, pieza en la que estuvo invitado el tresero Pancho Amat. Y luego, en verdad ya nadie pudo sentarse en sus butacas, pues con La fiesta no es para feos y Juana, a todos le impactó el son genuino. Así sucedió con Cuestiones del amor, obra que evocara a Son 14 y que trajo a la escena al carismático Eduardo «Tiburón» Morales, el que con ocurrente y buen sentido del humor convidó a bailar quitándose un zapato.

En un segundo momento y ya esperado por todos, hizo su aparición El Canario. Enérgico y dueño de cada segmento del escenario, el dominicano rindió el tributo al dúo Los Compadres que, como confesó, es uno de sus referentes de cabecera. Se escucharon, se gozaron hasta el cansancio: Amor silvestre, Hay un run run y Baja y tapa la olla.

El artista recibió esa noche el Premio de Honor Cubadisco 2016, un galardón que, dijo, le llena de mucho orgullo, ya que siempre ha sido un fiel cultor de la música cubana. Y cuando no pocos pensaban que todo estaba visto, el Septeto y José Alberto volvieron a sorprender con un invitado especial: Mayito Rivera. Con él hicieron Lágrimas negras, de Miguel Matamoros. Después, otro momento climático: el «enfrentamiento» musical con El Canario en el tema Rita, la caimana de dos genios de la flauta cubana: José Luis Cortés, El Tosco, y Maraca.

Teatro agotado desde el día en que se sacaron a la venta las entradas, en el Nacional se vibró de emoción. Fue el reencuentro con un repertorio clásico dentro de nuestra sonoridad, que para nada está olvidado. Porque como comencé diciéndoles, la buena música nunca pasa de moda. La orquesta Revé también es un vivo ejemplo de ello.

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