La escuadra cubana de voleibol femenino enfrentó a Puerto Rico en su primer partido de estos Juegos Centroamericanos. Autor: Ricardo López Hevia Publicado: 03/08/2026 | 06:06 pm
SANTO DOMINGO, República Dominicana.— Carlos Alberto Gonzales García, uno de los más experimentados periodistas del deporte cubano, miró el primer partido de voleibol de la selección cubana con el deleite de un niño y la mirada de águila de un veterano.
Unas noches antes había observado el encuentro de la selección masculina contra Colombia en el pase para discutir el oro, y la contrariedad no se iba del rostro. «Perdieron y podían haber ganado», dijo con el pesar que surge del sentido de pertenencia y los años dedicados a cubrir ese deporte.
No obstante, esa contrariedad no estuvo en Carlos durante el partido de las criollas con Puerto Rico, el primero que se sostuvo en la jornada de ayer dentro del grupo B, donde se encuentra también República Dominicana.
«Se parecen a las morenas —decía Carlos a cada rato, sentado en las gradas finales del Palacio de Voleibol Ricardo Gioriber Arias—. Están jugando como las morenas».
Por supuesto, las actuales integrantes de la selección cubana todavía no están a la altura de las Morenas del Caribe, esas leyendas del voleibol mundial, dirigidas por el profesor Eugenio George Lafita, y que llegaron a conquistar tres títulos olímpicos de forma consecutiva (Barcelona 1992; Atlanta 1996 y Sídney 2000), algo no logrado por ningún equipo femenino hasta ese momento.
El sentido de la analogía venía por varias razones. La primera de ellas, por la manera en que jugaron. Las cubanas entraron con disciplina, bien alineadas, ordenadas de acuerdo con la secuencia de sus numeraciones en las camisetas. Por demás, jugaron fuerte, defendieron hasta donde no se podía y, más allá su espacio, y gracias a ese afán impidieron que el balón tocara el tabloncillo cuando todo parecía perdido. Hubo varios momentos en que sostuvo un duelo, en que la pelota pasaba de un lado al otro o se sostenía sobre el espacio de un equipo para evitar el tanto y luego hacer el remate.
Las cubanas sostuvieron ese combate, que pone a los espectadores en el borde de las sillas, y lo hicieron bien. Con fuerza, sin mostrar ánimos de rendición. Por ahí venía uno de los sentidos de la comparación.
La otra parte venía por las expectativas. Sobre este equipo, dirigido desde mediados del año pasado por el brasileño Luizomar de Moura, hay esperanzas calladas. Un deseo de que actuaciones no deseadas queden por fin en el recuerdo y que el vacío dejado por el retiro de las Morenas sea llenado por una nueva generación de voleibolistas.
Por eso este debut con Puerto Rico era tan importante y los expertos lo siguieron con atención. Para calibrar hasta qué punto se ha producido un cambio. Para ver si hay posibilidades, al menos en el más corto plazo. Por supuesto, las expectativas se toman con cautela. Habrá que ver hasta qué punto el equipo soportará la presión ante jugadoras con mayor fogueo internacional y en un nivel que ahora las cubanas intentan transitar.
Una prueba de esa índole la tendrán en la noche de hoy, cuando se enfrenten a República Dominicana. Sin embargo, a estas alturas del campeonato, algo parece ponerse en claro: las cubanas quieren hacer historia. Tiene los deseos, y la mesa en Santo Domingo está servida.
