Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Los jóvenes artistas y escritores tienen la palabra

El Presidente quiso saber cómo estaban participando los jóvenes artistas en la solución de los problemas más urgentes del país, cuáles aportes estaban haciendo en los barrios, espacios donde se libra una de las batallas más difíciles y hermosas de la Cuba actual

Autor:

Leticia Martínez Hernández

El Presidente de la República llegó, quizá, media hora después de la hora prevista. En el plan de trabajo, el encuentro con los muchachos de la Asociación Hermanos Saíz estaba pactado para las cuatro de la tarde, pero un intercambio previo con empresarios cubanos, que tantas cosas tienen aún por resolver, había retrasado la llegada del mandatario al Salón Portocarrero, donde esperaban los jóvenes artistas. Afuera, la tarde se cerraba y parecía que el mundo se iba a caer; dentro, reinaba el entusiasmo.

Este encuentro, les dijo no más llegar, es fundamental para nosotros; aunque, aclaró, no es nada nuevo porque con la AHS nos vemos con bastante frecuencia. Este, sin embargo, tenía una connotación diferente, se insertaba en los debates que ha incentivado Díaz-Canel en las últimas semanas con los actores más diversos de la sociedad cubana: religiosos, líderes comunitarios, estudiantes, juristas, economistas, mujeres, emprendedores, periodistas.

El Presidente — que a esa hora de la tarde aún llevaba la camisa verde azul con la que lo habían visto desandando el barrio de El Fanguito en la mañana— quiso saber cómo estaban participando los jóvenes artistas en la solución de los problemas más urgentes del país, cuáles aportes estaban haciendo en los barrios, espacios donde se libra una de las batallas más difíciles y hermosas de la Cuba actual.

Había presagiado el Jefe de Estado que este sería, como los otros encuentros, una experiencia muy aportadora, y así lo fue durante más de tres horas.

Una canción de amor para Cuba

Al inicio nadie se decidía a hablar. Luego de que el Presidente les diera la palabra, los muchachos de la AHS se miraron entre sí para ver cuál rompía el hielo. Eran de todas las manifestaciones del arte, había explicado antes el Presidente de la Asociación, Rafael González Muñoz, y de varias provincias, pero, sobre todo, de La Habana. Aunque como había apuntado el propio Rafael «estos encuentros son habituales, estamos acostumbrados a este acompañamiento», dirigirse a un Presidente no es algo de «matar y salar».

Se decidió primero el periodista Yasser Toledo, vicepresidente de la AHS, quien habló de la Asociación como una organización épica, un ser vivo, como la juventud creadora misma. No solo desde el arte, aclaró, estamos acompañando al país. Nuestros jóvenes, narró, están en plena lucha contra la COVID-19, trabajando en centros de aislamiento y recogiendo donativos que estamos llevando a varias provincias.

Para el trovador cienfueguero Nelson Valdés, la Revolución cubana necesita mucho amor y, a su vez, hacer las cosas con más amor. Es una urgencia, dijo, defender desde el arte este proyecto inclusivo y humanista. Nos hemos equivocado mucho, hay que decirlo, pero también hemos hecho las cosas muy bien. No podemos permitir que el odio en las redes nos lastime y nos aparte de la creación. Cuba necesita una canción de amor, de unidad, que la gente se vuelva a dar las manos para luchar por nuestros sueños, valoró.

Nelson puso su mirada sensible en la necesidad de fortalecer la vanguardia artística y las instituciones culturales, que el movimiento juvenil llegue más a los barrios y rescatar el buen arte ante la banalidad.

No olvidó el trovador a un hombre que «siempre estuvo al lado de la Asociación, responsable de la promoción de muchos de los artistas jóvenes, que subió al Turquino con el sueño de rendir homenaje al Comandante en Jefe el 13 de agosto en su cumpleaños y que lamentablemente murió de COVID-19, por eso pido un abrazo de todos para nuestro José Luis Estrada».

Lea Cárdenas, musicóloga, le planteó varias inquietudes y miedos al Presidente cubano. Le aterra, dijo, el hecho de que muchos jóvenes no quieran acceder al nivel superior y que otros hayan perdido la fe en el proceso revolucionario; el tratamiento a la imagen del mandatario o a los símbolos patrios en las redes sociales; o la emigración de algunos que luego sienten rabia hacia su país.

Contó cómo compartió con amigos y vecinos la noticia de que estaría en un encuentro con el Presidente Díaz-Canel y le mandaron mensajes a través de ella. Eso denota, reflexionó, que las personas creen en la Revolución y en la posibilidad de que los problemas se pueden resolver.

Desde Villa Clara, José Brito, teatrólogo, arrancó con una verdad que vale millones: las crisis son circunstanciales, pero el arte y la cultura son perennes. En esa línea de pensamiento, habló sobre la juventud, no como un tesoro divino, sino como un espacio para trabajar, «trabajar de verdad». No es estar solo en los escenarios, sino en todos los lugares necesarios y todo el tiempo. La juventud tiene que ser ejemplo, pero un ejemplo palpable, definió.

Como generación, reflexionó, tenemos que acabar de quitarnos la mochila de los dolores prestados, de ese sufrimiento heredado que nos han ido poniendo arriba, unos con buena fe y otros con mala saña. Estoy cansado, señaló, de escuchar a jóvenes de mi edad hablando del dolor del Período Especial. Que ese dolor nos sirva como impulso, como motivación, como empujón para salir adelante, no para regodearnos en un dolor que, en última instancia, no es nuestro. Nos toca, dijo, cambiar esos dolores en poesía.

Adbel Molina, actor de Camagüey, llegó ante el Presidente con agradecimientos porque él y su esposa, también artista, han percibido un salario durante todo este tiempo de pandemia sin subirse a los escenarios. Pero igualmente le comentó sobre sueños postergados de los jóvenes, del éxodo de muchos de sus compañeros de estudios, de fisuras en los sistema educativos y de salud que desmotivan. No basta con tener toda la infraestructura creada por la Revolución, sino que cada persona allí tiene que hacer lo que le toca.

¿Cuál es el tamaño de la esperanza que se antepone al desafío?, preguntó luego Ernesto Teuma, joven investigador que reflexionó sobre el futuro de Cuba sin fatalismos; el papel esencial de la crítica, que debe ser también implacable; y de cuánto hemos aprendido sobre nuestros propios errores. La crítica, sentenció, no implica el abandono del socialismo, al contrario, es su defensa inclaudicable como alternativa de futuro. Porque solo con el socialismo, solo con la Revolución socialista de liberación nacional tuvimos Patria, para los cubanos y para cada revolucionario de este mundo, explicó Teuma. 

Con la experiencia de un exitoso proyecto audiovisual —Wajiros Films— que pretende contar a Cuba más allá de La Habana, Carlos Gómez compartió cómo han sido víctimas del bloqueo de Estados Unidos, no solo desde el punto de vista económico, sino sicológico. Sin embargo, comentó sobre el documental Emprendedores contra el bloqueo, realizado por ellos y que aún espera la aprobación de «alguien» para su exhibición, y así se pierden, denunció, muchos proyectos de los jóvenes.

Carlos también se refirió a la crítica verdadera y necesaria; a la urgencia de que todos los líderes, no solo el Presidente que lo hace todo el tiempo, expliquen las cosas que están sucediendo en el país con claridad y que lleguen a todas las personas; y a lo difícil que se ha vuelto en estos tiempos ser un artista joven identificado con el proceso revolucionario, porque todo el tiempo se nos está convidando a indefinirnos. 

También Yaima y Giselle, dos muchachas feministas, valientes, solidarias, que están trabajando en las comunidades, detallaron al Presidente sus experiencias. Para la primera, el desafío  más grande es sentir que la Revolución es ese espacio de satisfacción de deseos, de necesidades, de bienestar, de alegrías y de esperanzas. Nuestro trabajo, dijo, está atravesado por distintos sentidos que tributan a un horizonte: el de seguir construyendo el socialismo.

Giselle defiende la idea de transformar las comunidades para profundizar el poder popular en Cuba, que no solo es la institucionalidad, sino es el poder popular en las bases, el poder de la gente; no solo de tomar la voz, sino de construir ese poder, y eso lleva tiempo, no es cuestión de un día. Si a la comunidad no la ponemos a decir: qué vas a hacer en la solución de los problemas y solo se los resolvemos, consideró, estamos siendo colonialistas, patriarcales y todo lo antirrevolucionarios que podemos ser, razonó.

Ante todos esos conceptos de trabajo y el profundo compromiso de estos jóvenes con su país, Díaz-Canel les confió: ustedes tienen una preparación intelectual, cultural, integral, que nos ayuda mucho. Con esa inteligencia, ese talento y cuando son capaces de expresar ideas y defenderlas de la manera en que ustedes lo hacen, con la coherencia y la armonía que tienen esas ideas con lo que estamos viviendo, uno se convence de que aquí están las esencias de las cosas que tenemos que apreciar, reconocer y atender, y de los problemas que hay que superar.

El mejor tiempo, les dijo el Presidente de la República, es el que uno dedica a encuentros como estos, que uno sale con más energías, ideas y no nos permiten quedarnos en un estado de tranquilidad. Nos estimulan constantemente.

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