Acuse de recibo
Susana Sánchez Bichara, residente en Calle 46, No. 1511, entre 15 y 17, municipio capitalino Playa, relata en su carta que el 18 de septiembre de 2025 se derrumbó parte del techo de la bodega ubicada en los bajos del edificio donde vive, que a su vez es el piso de la sala de su hogar.
El área, relata, quedó convertida en un hueco con hundimiento y movilidad, y constituye un severo peligro, porque es paso obligatorio hacia los cuartos y la cocina.
Al día siguiente del derrumbe, añade, autoridades municipales ordenaron trasladar la bodega y cerrar el local, pero ni siquiera se apuntaló ni reparó la estructura; aunque un arquitecto del Departamento de Inversiones de la Dirección Municipal de la Vivienda dictaminó apuntalamiento preventivo inmediato de la bodega y la carnicería colindante, cuyo estado físico es malo, y recomendó la reparación a Comercio.
Precisa la afectada que ese inmueble estaba incluido en el plan de inversiones de 2025. Y durante un año, los vecinos han acudido al Gobierno en el municipio, a la Asamblea Nacional del Poder Popular, la Fiscalía General de la República y a las Direcciones de Comercio y de la Vivienda en el municipio Playa.
«Pero nadie ha dado una solución, manifiesta, y cuando el Estado ya ha identificado un riesgo, lo ha documentado y lo ha incluido en un plan de inversiones, la omisión de actuar deja de ser un simple retraso administrativo y se convierte en una decisión consciente de no proteger a las personas. Tengo todas las pruebas y cartas que avalan lo que aquí describo», concluye Susana.
Luis Alberto Varona Martín (Gervasio 671, entre Estrella y Maloja, Centro Habana, La Habana) refiere que, aunque el abastecimiento de agua y la situación eléctrica se han complicado sobremanera, hay otras agravantes gravitando sobre ellas que quizás puedan ser resueltas con un poco de empatía y mejor organización.
Indica que en esa zona donde reside, el agua usualmente entraba a diario, en la tarde o temprano en la noche. Pero hace unos cuatro meses comenzó a cambiar. Ahora no es solo que llegue, con suerte, una vez cada 15 días, o incluso una vez al mes; sino que lo hace a altas horas de la madrugada y sin previo aviso.
Y ello hace en extremo difícil que la población pueda abastecerse. Muchas veces ni se enteran de la entrada, pues la mayoría de los vecinos están durmiendo.
«Esta es una cuestión que debía revisarse lo antes posible, afirma, y establecer un horario un poco más amigable con el sueño, tan necesario para la salud humana; pues en esta zona residen muchos trabajadores, niños y ancianos, a quienes se les dificulta la vida por tal situación.
«También el horario y los días debieran ser socializados debidamente, plantea. No puede pasar que se brinde el servicio, de por sí escaso, y que se pierda la oportunidad de disfrutarlo por no tener conocimiento del horario», termina.
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