Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Moncadistas de tiempo nuevo (+ Suplemento especial)

Desde el aporte resuelto en la vida del país, los jóvenes cubanos encuentran inspiración en aquellos, en su mayoría imberbes, que 70 años atrás protagonizaron los sucesos del 26 de Julio de 1953

Autores:

Odalis Riquenes Cutiño
Hugo García
Lisandra Gómez Guerra
Nelson Rodríguez Roque

«¡Nosotros entonces habríamos sido como ellos, ellos hoy habrían sido como nosotros!»

 Fidel

 

 Muchos admiran la historia de muchachos como Fernando Chenard Piña, aquel que vendió su estudio fotográfico, su única fuente de sustento, para ayudar a solventar la causa. Otros se conmueven con el ejemplo de disciplina y lealtad de Abel, el segundo jefe de la acción, que a pesar de que anhelaba estar en el grupo de vanguardia, acató la orden del líder y comandó la acción en el hospital aledaño, donde perdió los ojos, la vida, los sueños, convencido de que era Fidel el que debía vivir…

A todos les emocionan los ojos de José Luis Tassende, esos que emergen firmes entre tanta saña, desde aquella foto que nos legaran los libros de historia, o la brevedad de aquel lapidario mensaje del doctor Mario Muñoz a su madre: «Caí preso, tu hijo», retratando la brutal conciencia del final.

Tal vez no muchos conozcan  en detalles cual era la composición de los revolucionarios que 70 años atrás participaron en los asaltos a los cuarteles Moncada, de Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo, cuya abrumadora mayoría, según han demostrado los estudios, eran jóvenes menores de 30 años pertenecientes a la clase trabajadora.

Apoyado en los resultados de la labor investigativa de décadas de los historiadores José Leyva Mestre y Mario Mencía, el periodista Pedro Antonio García, en su trabajo Los que fueron al Moncada, revela que las 158 personas involucradas en los hechos del 26 de julio tenían una edad promedio de 26 años. De ellos, 121 no llegaban a los 30. Solo tres sobrepasaban los 40. Manuel Rojo, de 49 años, era el mayor de todo el contingente, mientras Pablo Agüero y Ulises Sarmiento eran los más bisoños, con 17 años.

Solo diez de los 158 se dedicaban únicamente a estudiar y cuatro simultaneaban estudio y trabajo. En total, 141 pertenecían a la clase trabajadora, ya sea como profesionales, obreros y proletariado agrícola y siete eran propietarios (un laboratorio farmacéutico, tres quincallas, dos carnicerías y una imprenta). Treinta realizaban oficios y actividades profesionales y comerciales por cuenta propia, 17 estaban desempleados (Haydeé Santamaría era uno de ellos), y cuatro laboraban en negocios familiares sin salario fijo.

El sector más representado era el comercio, con una amplia gama que iba desde estibadores, mensajeros de bodega, dependientes gastronómicos y vendedores ambulantes hasta propietarios. Le seguían en importancia numérica los trabajadores industriales y los constructores, junto con 12 obreros agrícolas y 11 oficinistas.

Solo 19 habían podido tener acceso a la universidad. Aparte de los estudiantes, había entre ellos dos abogados (Fidel y Melba), un médico (Mario Muñoz) y un dentista (Pedro Aguilera). De los 139 restantes, dos se habían graduado de bachilleres, 10 de técnicos medios y 29 de sexto grado. Más de las dos terceras partes del contingente no habían podido ir más allá de la enseñanza primaria y dos moncadistas nunca habían asistido a la escuela.

Tal vez no muchos noveles de hoy, conozcan estos detalles, pero como aquellos, con sueños, empeño, lealtad, disciplina, desprendimiento y valor similares, sin proponérselo, asumen la estatura de su tiempo.

En estos días de esfuerzo intenso para saludar la efeméride del Moncada, en Santiago, sede de la conmemoración nacional y en todo el país, allí, a la vanguardia, como protagonistas, están los nuevos, sin esperar más recompensa que la de cumplir con el deber.

Resguardar la hazaña

Con similar espíritu al de aquella vanguardia revolucionaria que irrumpió en la posta tres el 26 de julio de 1953, activa entre los muros de la añeja fortaleza, desanda la joven licenciada en ciencias históricas Lanyín López Cala.

Tiene 28 años y el entusiasmo de quien se desenvuelve en lo que escogió; desde hace solo tres meses se desempeña como especialista de Comunicación del Museo Histórico 26 de Julio, y asume gustosa la promoción y divulgación del patrimonio que atesora la institución, ubicada en el propio escenario de la heroica acción.

Visibilizar todo el sistema de actividades y la intensa labor comunitaria de la institución, catalogada como un museo categoría especial de gran envergadura exige y compromete, asegura. «La temática en sí del Museo requiere de un amplio caudal de conocimientos y aunque sea graduada de la especialidad y hubiera trabajado antes en el museo Abel Santamaría, que también es parte de esta historia, requiere de leer e investigar mucho.

Lanyín López (con uniforme) muestra su orgullo de preservar la memoria de la gesta del Moncada desde el Museo Histórico 26 de Julio Foto: Museo Histórico 26 de Julio

«Llegué y me dieron el proyecto museográfico de la sala dedicada al asalto como tal, y eso me ha obligado a profundizar en cada detalle de la acción para formarme mi propia visión. No es lo que te dejó escrito la especialista anterior, es más que el testimonio del combatiente, pues cuando el público te pregunte tienes que tener tus propias respuestas y eso conlleva una preparación infinita«.

Puede vérsele, entre juegos y anécdotas, relatar impetuosa  a niños y adolescentes de la Ciudad Escolar 26 de Julio de la osadía de aquel centenar de muchachos que desafiaron una fortaleza imponente, o contar a las trabajadores de centros aledaños, las vías por donde llegaron los asaltantes, la confusión inicial; hablar de la entrega y desprendimiento de aquellos y hasta interrogar: ¿seríamos los nuevos de hoy capaces de comprometernos con una causa que implique tanto de si?

Le impresiona aquel plan estratégico de Fidel, y asegura que a pesar del revés fue factible, pues demostró que había una juventud convencida de luchar por una Cuba mejor. «Si la juventud no tiene convicción, no avanza, por eso las nuevas generaciones tienen que conocer la historia de la Revolución, que fue en su momento de lo más radical en el continente; si no conoces tus raíces no eres capaz de defenderlas, y lo que no defiendes, no se mantiene, queda olvidado», expresa desde la certeza y avanza orgullosa de  resguardar la hazaña.

Foto: Museo Histórico 26 de Julio

Decirnos qué hacer

A muchos kilómetros del cuartel Moncada, la joven doctora  matancera Sahelys Rivero Bello se emociona cuando visita la casa natal de su coterráneo y colega Mario Muñoz Monroy, hoy Casa Memorial del Moncada. Tiene apenas 24 años, apuesta en grande por su país y recuerda la gesta del 26 de Julio con admiración.

Se graduó de doctora el pasado año y estudia el primer año de la especialidad de Medicina Interna en el hospital provincial Universitario Clínico-Quirúrgico Comandante Faustino Pérez.

«Emociona ver las pertenencias del médico del Moncada y  de otros matanceros que participaron en los acontecimientos del 26 de julio; es triste, pero nos llama a recordar que hubo jóvenes que sacrificaron sus vidas por el porvenir de la patria, y el agradecimiento a ellos tiene que ser parte de nuestra cotidianidad», enfatiza.

Para la doctora Sahelys Rivero Bello la gesta del 26 de Julio representa un compromiso de todos los días para construir una sociedad mejor. Foto: Hugo García.

Le estremece la firmeza de Haydée Santamaría Cuadrado, que no delató a sus compañeros aun cuando su hermano Abel era brutalmente torturado y luego asesinado, le conmueve la convicción de aquellos que fueron capaces de sacrificar, incluso sus vidas, a cambio de un mejor porvenir. «Dentro del grupo de asaltantes siento mucha admiración por nuestro Fidel, como líder, y guía; y por supuesto, por Mario Muñoz, un ejemplo durante toda mi carrera».

Desde la Sala de la institución hospitalaria donde trabaja reafirma que los jóvenes deben estar en todo lo que aporte al bienestar de la sociedad: «Nuestro sector está llamado a la investigación y a prestar un eficiente servicio al pueblo, este es nuestro momento. Durante la carrera existe la condición Movimiento Vanguardista Mario Muñoz Monroy, que se otorga a los estudiantes que han mantenido una destacada participación en las actividades, en la investigación y el estudio».

En la tenaz batalla cubana contra la COVID-19, Sahelys Rivero fue de aquellos que se convirtieron en profesionales antes de recibir el título, y refrendó lo aprendido en la universidad en cinco centros de aislamiento. Cuando su madre le reprochó que podía enfermarme, respondió que su lugar estaba allí junto a los enfermos que le necesitaban.

Así estuvo, satisfecha cada vez que alguien decía: pero qué jóvenes son ustedes, también en las pesquisas y vacunación de la población. «Fueron meses de dolor porque murieron muchos enfermos, aunque también salvamos muchas vidas en medio de aquella situación difícil para Cuba y el mundo. Solo tienen que decirnos qué hacer, porque en todo lo que ayude a nuestro pueblo, los jóvenes estaremos».

Hacer parir la tierra

«En el campo nunca se acaba», dice como todo un gurú de tierra adentro Ariesky Rojas Mesa, un joven espirituano de 32 abriles, amante de los animales, cuyo afán reverencia todos los días la huella de Alfredo Concha, Manuel Isla, Marcos Martí, Carmelo Noa, Manuel Rojo, Gerardo Antonio Álvarez, José Labrador e Ismael Ricondo; todos de origen campesino u obreros agrícolas, participantes en el asalto al Moncada, aunque tal vez no lo sepa.

Pero sobre el surco, con toda seguridad, sí Ariesky sabe de lo que habla, porque despierta a las cinco de la mañana para atender su ganado y «pasarle la mano» a todos los sembrados que crecen con salud en El kilombo, su finca de una caballería y media de tierra, ubicada en San José, Las minas, Vaquería 15, muy cerca de la urbe del Yayabo.

El espirituano Ariesky Rojas Mesa reverencia con los frutos de su trabajo a aquellos jóvenes vinculados al surco que fueron al Moncada. Foto: Tony Camellón.

«Y no tengo horario pa´ acostarme. En el campo jamás se termina. El nombre de este lugar salió de una novela brasileña porque no había quien se perdiera y no apareciera aquí», cuenta. Es ese el espíritu que desprende este técnico medio en veterinaria, quien entrega diariamente en este periodo del año hasta 50 litros de leche y ha aportado yuca, melón, plátano, al plan del consumo del municipio cabecera.

También expende quimbombó los domingos en el Recinto ferial Delio Luna Echemendía, de la urbe espirituana. «Pertenezco a la cooperativa de créditos y servicios Camilo Cienfuegos que es ganadera y de cultivos varios, allí sabemos que tenemos grandes retos para sacar nuestras producciones ya que contamos con muy pocos recursos».

De su abuelo, primero y, luego de su papá aprendió a irle de frente al campo. Pidió tierras en usufructo para ampliar las hectáreas familiares. Hoy junto a su esposa, Yeny López, sacan adelante mucho más que sueños. «Yo ordeño y cuando siembro me ayudan mi padre y amigos. El resto de las labores las comparto con ella».

En una reciente reunión de jóvenes campesinos, Ariesky Rojas Mesa alzó su voz. Expuso su experiencia y motivó al resto de sus compañeros a no ponerse nunca de rodillas en el surco. «Mi estrategia es muy simple: ponerle corazón a todo. Le entrego mucho amor a mis animales y siembras. El sol molesta, no es mentira, pero el interés de producir es mucho mayor. No podemos permitir que se nos desvíe el camino de hacer y hacer cada día más. En lo que pueda aportar me encontrarán», concluyó.

Foto: Tony Camellón

Inspirados en Abel

Hace casi diez años que la joven holguinera Claudia Aylín Calzadilla, trabaja en la secundaria básica Abel Santamaría, de la Ciudad de los Parques. En ese centro de la calle Libertad, ejerció como coordinadora de grado por  un par de cursos, y desde febrero último es la directora. Desde entonces asume el reto y la oportunidad de probarse.

«Lo primero que pensé era en que si dirigía tenía que ponerle mucha pasión y entrega, algo que se requiere en esta etapa. La confianza que me transmitieron mi colectivo y directivos me impulsó a aceptar, además del respaldo de mi familia y mi fe cristiana», asegura la licenciada en Inglés.

El ejemplo de aquellos jóvenes de la Generación del Centenario, que con protagonismo y la valentía se levantaron contra la dictadura batistiana, dice, le alienta para conducir su centro, desempeñarse mejor y comunicar su legado. «Sus ideas emancipadoras son válidas hoy. Sin su lucha no tendríamos lo que hoy defendemos, ni estuviéramos aquí, trabajando con adolescentes, mostrándoles la Historia y los valores patrios», asevera.

Las nuevas generaciones necesitan beber del pasado, asegura la profesora holguinera Claudia Aylín Calzadilla Foto: Nelson Rodríguez

Reflexiona que en este mundo digital las nuevas generaciones necesitan leer y recordar el pasado. «Hay que reconocer a quienes hicieron por nosotros, por eso abogamos por la difusión de la biografía del mártir de la escuela, aprovechar a profundidad los turnos de Debate y reflexión, los conversatorios, la organización de concursos pioneriles, matutinos, exposiciones, presentaciones de libros y visitas a museos u otros sitios históricos ».

Los trabajadores de la institución que encabeza dice que se identifican mucho con Abel, con el hombre en quien Fidel confió tanto: «Fue y es impactante su silencio frente a la cobardía batistiana, que le costó incluso la vida. Y eso a nuestros estudiantes les impresiona. «A veces ellas y ellos, luego de narrárseles hechos del 26 de Julio, se preguntan cómo alguien pudo realizar semejante sacrificio y expresan su admiración.

«Lo que queremos lograr es que nunca se pierda la memoria, conservar la cubanía y demostrarles que estos pasajes de hace 70 años, fueron reales y no fantásticos o exagerados», dice Aylín, quien manifiesta que es un orgullo que la secundaria lleve el nombre del hermano de Haydée, «porque hemos mantenido la tradición docente, en buena medida inspirados en su pureza y espíritu revolucionario».

Descargue el Suplemento especial de Juventud Rebelde por el aniversario 70 de la gesta del Moncada.

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.