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El parto «raro» de Karen (+Fotos y Videos)

Aunque en el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología no hay sala de nacimientos todos acuñan que una joven nació allí. Un alumbramiento rodeado de una preciosa historia romántica, que terminó por envolverla para la vida. De todas las bendiciones que provoca el amor puede dar fe la primera delegada directa al 12mo. Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas

Autores:

Ana María Domínguez Cruz
Yuniel Labacena Romero

Difícil imaginarse a Karen Urrutia Pérez en otro lugar que no sea el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB). Sus padres se conocieron en sus pasillos y en medio de investigaciones disímiles se enamoraron. Prometieron amarse tanto como cada uno de ellos adora dedicarse a la ciencia, y en esa institución insigne de nuestro país, fundada por Fidel, decidieron casarse.

El día de la boda, ante los demás que también dieron el sí en la fiesta colectiva, se mostraron felices. ¿Cómo no serlo si lo tan anhelado se concretaba en ese instante? Juraron respetarse, apoyarse y crecer profesionalmente mientras fundaban una familia. Ahí están Karen y Klaudia, las gemelas resultantes de ese «experimento» que, para ser más exitoso, llegó a feliz término un 15 de enero hace 27 años. Justo el Día de la Ciencia Cubana nacieron.

Sin fallas y sin efectos negativos, esas jóvenes multiplican lo aprendido de sus progenitores. Son herederas y, a su vez, punto de partida en el supremo interés de ser útiles. Por eso todos aceptan que ambas nacieron allí, entre probetas, dispositivos especializados y documentación precisa.

Karen junto a su familia y Aylín Álvarez García, primera secretaria de la UJC en el país, el día que recibió la credencial como delegada directa. Foto:Maykel Espinosa Rodríguez

«Sí, nací en el CIGB como se dice por ahí, rodeada de científicos y también de gente muy humilde proveniente de barrios aledaños a esta prestigiosa institución como La Corbata y Barrio Nuevo, donde tengo muchos amigos», nos dice Karen, quien no puede «ignorar las vivencias inolvidables en la tierra materna de Guanajay».

Ella se convirtió en la primera delegada directa al 12mo. Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC). A los 15 años ingresó en la organización juvenil. Se esforzó el doble y hasta el triple para que siempre sus resultados académicos fueran los mejores. Su hermana también se graduó en el Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas Vladimir Ilich Lenin, en su aniversario 40.

Estudió la licenciatura en Ciencias Farmacéuticas en la Universidad de La Habana, porque «siempre tuve afinidad por las Ciencias, en especial por asignaturas como Biología, Química, Física y Matemática», aunque «llegado el momento de definir una carrera, mi hermana “Klau” y yo estábamos indecisas, pues también nos atraía la Medicina.

«En cualquier caso, nuestro interés era dedicarnos a la investigación. Es entonces cuando nuestra madre nos habla de la carrera de Ciencias Farmacéuticas, su alcance, las oportunidades futuras al estudiar materias relacionadas con los medicamentos y su aplicación en seres humanos. Finalmente, nos inclinamos por esta carrera hermosa en una prestigiosa universidad con un claustro de excelencia».

En 2019 Karen recibió el título de oro y Premio al Mérito Científico al graduarse en el Alma Mater capitalina. Desde entonces labora en la Dirección de Investigaciones Clínicas del CIGB donde «más feliz me siento y adonde me vinculé siendo, incluso, estudiante». En el lugar donde los sueños de su vida se gestaron, aun cuando no había nacido.

Karen y Klaudia en dos tiempos. Fotos: Cortesía de la entrevistada

Ensayo Fase I

Ella ama a Cuba y la defiende y tuvo en sus padres, ante todo, el ejemplo a seguir. «Mis padres se formaron en el CIGB y a esta institución le han dedicado su vida por más de tres décadas. Mi madre es bióloga, Doctora en Ciencias Farmacéuticas y mi padre es físico, máster en Ciencias.

Junto a varios compañeros de trabajo, Karen participó del desarrollo clínico de la vacuna Abdala contra la COVID-19. Foto: Cortesía de la entrevistada

«Un pilar de nuestra familia ha sido mi abuela materna Nereida, maestra, combatiente y militante comunista, quien nos enseñó a amar la Patria y su historia. Gracias a mi abuela mis padres pudieron dedicarse por entero a la investigación científica», dice con satisfacción.

Karen sabe bien de lo que se trata su profesión. «Crecí rodeada de personas que tienen ese inagotable espíritu de consagración que las hace admirables. Se entregan día y noche a la investigación en aras del bienestar de nuestro pueblo y de muchas personas en el mundo».

—¿Qué hace una monitora de ensayos clínicos en el CIGB?

—El CIGB tiene un ciclo cerrado para la obtención de un producto, desde la investigación, desarrollo, producción y la comercialización. En ese proceso está la evaluación clínica de los productos biofarmacéuticos para su uso en humanos, la cual está conducida por la Dirección de Investigaciones Clínicas, donde trabajo. A través de los ensayos clínicos evaluamos los nuevos medicamentos producidos en el centro con la finalidad de conocer su seguridad, efectos farmacodinámicos/farmacocinéticos, eficacia y efectividad.

«Un monitor de ensayos clínicos viene siendo el enlace entre la industria y el sistema nacional de salud, encargándose de la conceptualización y diseño de los estudios clínicos, la elaboración de los protocolos de investigación, así como de la coordinación y ejecución de los ensayos en los diferentes hospitales del país.

«También velamos por el cumplimiento de las buenas prácticas clínicas y la adherencia de los médicos y demás investigadores a lo establecido en estos protocolos y en las regulaciones cubanas e internacionales. Una vez concluidos los estudios, participa en el manejo de los datos, la interpretación de los resultados obtenidos y la escritura de los informes técnicos y publicaciones científicas».

—En marzo de 2020 llegó la pandemia de la COVID-19 a Cuba, ¿qué pensaste en ese momento?

—Pensé que era un reto para la Salud Pública cubana, precisamente por el impacto que tenía esta enfermedad a nivel global. Fue un momento muy duro para nuestro pueblo, de mucha tensión, en el que cualquier medida para la protección de la vida era poca. Implicó mucha preparación, mucho estudio, mucho cuidado y, sobre todo, mucha valentía. Pensé en mi futuro y pensé en mi familia.

«Inicialmente la Dirección de Investigaciones Clínicas se trazó una estrategia, se organizaron los equipos de trabajo por grupos para fortalecer las tareas y ser más efectivos. La disposición de mis compañeros fue unánime y fundamental, incluso, conociendo el riesgo potencial de enfermarse. No faltó en ellos valentía, altruismo y sentido de pertenencia. Todos nos vinculamos a cuanto proyecto de investigación clínica fuese necesario para enfrentar la COVID-19.

«En mi caso me correspondió, en el inicio, participar en la evaluación clínica del Nasalferon, utilizado para prevenir la transmisión del virus en el personal de salud que era el más expuesto. Al culminar esta  labor, mi tutor, el Doctor en Ciencias Francisco Hernández Bernal, nos orientó prepararnos para una tarea de gran prioridad para Cuba y para el mundo que, de ser exitosa, ayudaría a salvar la vida de muchas personas».

—¿Cuál fue esa importante misión?

—Esa tarea fue el desarrollo clínico de la vacuna Abdala contra la COVID-19. Tuve el honor de participar, en calidad de monitora, en los estudios fase uno, dos y tres que demostraron su seguridad, inmunogenicidad y eficacia en la prevención de la enfermedad sintomática y la muerte. Esta vacuna, como todos saben, tuvo una eficacia del 92,28 por ciento y se convirtió en la primera de latinoamerica contra la COVID-19. Más de ocho millones de cubanos lograron protegerse con ella, además de millones de seres humanos de otros países hermanos.

«En esa etapa obtuve grandes experiencias de trabajo y una gran familia. Nuestro pequeño grupo clínico del CIGB, formado por ocho compañeros, partió para Santiago de Cuba y permaneció allí durante siete largos meses, alejados del hogar y el calor familiar, trabajando en la primera línea de enfrentamiento a este flagelo con el riesgo potencial de enfermar. Fueron meses muy duros, coincidiendo con los peores de la epidemia en el país, pero ninguno flaqueó y estuvimos muy unidos. Regresamos a casa solo después de haber cumplido nuestra misión».

—Santiago siempre ha sido una ciudad muy hospitalaria…

—En Santiago de Cuba conocimos a gente noble y cariñosa, que nos cuidó y malcrió también. La familia de médicos del Hospital Provincial Saturnino Lora, el sitio principal donde iniciaron los estudios, fue crucial en el éxito de nuestro trabajo. Numerosos jóvenes se nos unieron, todos con mucho compromiso y dedicación a la tarea de demostrar, bajo las más difíciles circunstancias, los beneficios de nuestra vacuna.

«Posteriormente se nos unió un ejército de batas blancas de Guantánamo y Granma, y juntos ganamos la batalla. No puedo dejar de mencionar al pueblo y a los más de 48 000 voluntarios que extendieron su brazo, con total confianza en la ciencia cubana, como tantas otras veces. En todo este proceso tuvimos momentos de orgullo, que nos permitieron conocer y compartir con personas extraordinarias.

«Mencionar al querido Lázaro Expósito Canto (en ese momento primer secretario del Partido en Santiago de Cuba), a la gobernadora Beatriz Johnson Urrutia, al Héroe de la República de Cuba Fernando González Llort, al escultor Alberto Lescay, el padre Eugenio Castellanos (rector del Santuario del Cobre), a la premio nacional de Teatro Fátima Patterson y la poetisa Teresa Melo, estas últimas, voluntarias en nuestros estudios».

—Pero, ¿también participantes del estudio clínico de Meñique?

—Fue muy gratificante haber participado en ese estudio que evaluó la vacuna Abdala en niños y adolescentes, población vulnerable dentro de cualquier investigación clínica, donde es poco cualquier cuidado. Gracias a este estudio en La Habana y a otro similar desarrollado en Camagüey (Ismaelillo) se logró extender el autorizo de uso de emergencia y el registro sanitario de la vacuna a edades pediátricas. Hermoso el trabajo con nuestros niños. Detrás de este ensayo y de todo lo que logramos en tiempos de la pandemia hay muchos héroes. Esto es un trabajo de miles de personas.

Ensayo Fase II

Crecer profesionalmente y alcanzar el grado científico de Doctora en Ciencias es una de las metas de Karen. Pero, lo más importante, asegura en este diálogo con Juventud Rebelde, es contribuir con su trabajo al bienestar del pueblo, apostando porque las investigaciones en las que se involucre se desarrollen siempre con el máximo de rigor y credibilidad científica.

—¿Cuáles son las cualidades que no deben faltarle a un científico?

—La empatía, la sensibilidad, ser buen ser humano, humilde, responsable y honesto. Ser estudioso, sacrificado y con sentido de pertenencia hacia la labor que realiza. Vivir para la ciencia y el bienestar humano.

—Eres feliz haciendo ciencia…

—Se es feliz cuando haces lo que te gusta y hacer ciencia es lo que me gusta. Hacer ciencia desde mi lugar como monitora de ensayos clínicos, trabajando en los hospitales, garantizando que los estudios en enfermos se ejecuten con la mayor calidad posible y salvaguardando los derechos y la protección de los pacientes a los cuales van dirigidos los frutos de la investigación científica.

—¿Desde tu punto de vista cómo debe ser la ciencia cubana de hoy y del futuro?

—La ciencia cubana de hoy y del futuro debe seguir estando enfocada en lo que necesita el pueblo de Cuba. Todos esos medicamentos que se producen en el CIGB deben ser utilizados en mejorar los principales problemas de salud de la población cubana. Ese es el sueño de cada científico.

«Productos como los interferones, el Heberprot-P, las vacunas profilácticas y contra el cáncer y la vacuna Abdala son muestras de ello. El futuro traerá nuevos retos y con ellos deberemos estar más preparados, con el protagonismo de la juventud».

Ensayo Fase III

Karen habla siempre con pasión y palabras precisas. ¿Una persona que se dedique a la magia del mundo científico seguramente dispondrá de muy poco tiempo libre?, la interrogamos y casi al instante responde: «Es posible, pero es precisamente el trabajo que realizamos motivo de goce y satisfacción personal.

«Ahora soy una joven en plena formación profesional, por tanto, estoy inmersa en mi preparación técnica, en el cumplimiento de mis objetivos laborales y en la culminación de una maestría en ensayos clínicos, mi meta más importante en esta etapa.

«Por demás, tengo la altísima responsabilidad de conducir el trabajo juvenil de mi centro, en calidad de secretaria general del Comité UJC, labor a la que debemos dedicarle tiempo, junto a un magnífico equipo de jóvenes. Mas siempre se busca ese necesario rato libre y, a Karen, le encanta dedicárselo a su familia, amigos y su pareja. Me gusta bailar, escuchar música, ir a la playa, excursiones, como cualquier joven cubana».

—¿Cómo defines a los jóvenes del CIGB? ¿Qué hacen como UJC?

—Los jóvenes del CIGB son pura ciencia. Nosotros hemos heredado el saber de muchas personalidades de la ciencia cubana. Pero no se puede hablar de ciencia aquí sin mencionar a Fidel, quien en los años más difíciles del período especial apostó por la biotecnología. Por eso, es tan importante para nosotros cumplir con los objetivos por los cuales fundó el centro.

«Además, la juventud aquí se involucra en todo el quehacer de la institución, participando en trabajos voluntarios, ferias de ciencia en los barrios, entregas de donativos en instituciones y lugares necesitados, actividades en fechas históricas.

«Con entusiasmo nos unimos al resto de los trabajadores en las marchas y actos convocados por las organizaciones de masas y el Gobierno. De manera
particular organizamos y desarrollamos, con mucha aceptación, los eventos Joven Ciencia y Tecmed, donde los jóvenes tienen la oportunidad de presentar y defender sus resultados de trabajo, siendo espacios para el desarrollo científico-técnico.

«Además, hacemos actividades recreativas dentro del universo juvenil, porque esos son los momentos que tenemos para intercambiar. Las guerrillas a la Sierra Maestra, así como las subidas a los Picos Turquino y Caracas son parte del espíritu de los jóvenes del CIGB y de sus capacidades para amar y no olvidar nuestra historia. A todas estas actividades se suma la propia vida interna de la organización, con espacios para el debate y preparación política, con el permanente acompañamiento del Partido».

—¿Qué temas llevarás al Congreso?

—El Congreso es la oportunidad de representar a los noveles científicos. Llevaré la voz, el sentir y el compromiso de la juventud del CIGB y de BioCubaFarma. No faltarán las proyecciones de las nuevas generaciones en la Cuba que vivimos y, desde un enfoque crítico, valorar cómo podemos  transformar la sociedad desde el lugar donde estemos y proponer líneas de trabajo. Otro tema interesante para compartir sería cómo lograr que la UJC se parezca más a la juventud actual, el uso de las plataformas digitales y el perfeccionamiento de la vida interna de la organización.

—En una Cuba que vive un contexto cada vez más desafiante, ¿qué papel deben desempañar sus jóvenes? ¿Cómo habría que atenderlos más?

—Hay que confiar en los jóvenes porque los tiempos de ahora no son iguales que hace unos años atrás. Hay que darles tareas y responsabilidades para que aprendan a retarse y ser buenos decisores en las misiones que se les encomienden. En su momento lo hicieron los jóvenes rebeldes liderados por Fidel. Hoy en nosotros descansa la continuidad de la obra revolucionaria. Siempre será crucial nutrirnos de la experiencia recorrida por las generaciones precedentes. Eso nos permitirá una óptima preparación en aras de un futuro creador.

«A mi juicio, se deben maximizar las bondades o herramientas tecnológicas actuales, como una vía de llegarle directamente a la juventud. También debemos ser más críticos, reconocer cuando erramos y fortalecer los espacios para que digamos nuestras  opiniones, con la fuerza y vehemencia que nos caracteriza, para que sirvan de apoyo en la transformación de la sociedad, hacia un mundo mejor. Fidel siempre quiso esa proyección en nosotros.

El muy poco tiempo libre que tiene la joven científica se lo dedica a su familia, amigos y su pareja. Foto: Cortesía de la entrevistada

«No podemos renunciar al empeño de propiciar, cada vez más, mayores espacios y accesos a una sana recreación, así como los recursos necesarios para que podamos construir nuestras propias viviendas, o sembrar la tierra y sentirnos satisfechos del fruto del trabajo».

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