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Un espacio para la sanación del cuerpo y el alma

El Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, recorrió en la tarde de este jueves áreas del Campamento agropecuario Quisicuaba y su centro de vida asistida, ubicado en el artemiseño municipio de San Antonio de los Baños.

Autor:

Yaima Puig Meneses

ARTEMISA.- “Esta es mi casa, ahora otra vez tengo una familia”. Frank tiene la voz entrecortada y sus ojos se humedecen; a sus 63 años es un hombre curtido por la vida y lleva a cuestas una triste historia que comparte con Carlos, su hermano jimagua: vivieron los últimos 14 años en la calle como consecuencia de su adicción al alcohol.

“Lo perdimos todo por el alcohol”, dice a nuestro equipo de prensa y las manos le tiemblan por la emoción de quien se sabe a salvo de la calle y también de la terrible adicción que lo llevó a ella.

Desde hace tres meses la realidad de ambos es otra: han encontrado amor bajo el techo del hogar en que se ha convertido para ellos el Campamento Agropecuario Quisicuaba y su centro de vida asistida.

Si antes decían con dolor que radicaban en “calle Cuba, entre Pinar del Río y Guantánamo, en un hospital, una funeraria, una terminal”... allí donde “los cogiera a noche”, este jueves hablaron con orgullo sobre la familia que han encontrado en este centro de acogida del Proyecto Sociocultural Cabildo Quisicuaba, que dirige el doctor en Ciencias Enrique Alemán Gutiérrez.

Hasta este sitio, ubicado en el municipio artemiseño de San Antonio de los Baños y donde antes estaba el preuniversitario en el campo “Comuna de París”, llegó en la tarde de este jueves el Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, para conocer cómo han trabajado de conjunto desde el 2020 el Proyecto Quisicuaba y varios organismos de la Administración Central del Estado, organizaciones de la sociedad civil cubana, el Partido y el Gobierno para hacer realidad esta noble obra.

Con la ternura y el agradecimiento dibujados en su rostro, Ángela habla también de cuánto ha cambiado su vida desde que una señora la encontró en la calle y le dijo que fuera a la habanera calle Maloja, donde está la sede de la Asociación Espiritista Quisicuaba, que data de 1939.

“Aquí tengo una familia”, asegura Ángela, y no puede evitar las lágrimas, que hoy son de felicidad, por “las tantas personas y cosas buenas que aquí ha encontrado”.

Son ya unas 40 personas las que han comenzado a habitar las instalaciones, en las cuales se crearán poco a poco condiciones para acoger a unos 800 habitantes de la calle.

“Este es un espacio de sanación, no acogemos a nadie para que venga a trabajar, sino para ser atendido”, asegura Enrique Alemán al Presidente Díaz-Canel mientras recorren áreas de los dormitorios, baños, comedor y enfermería.

Son dos las líneas estratégicas que desarrollo el proyecto social, el más joven que han emprendido desde Quisicuaba. La primera de ellas —explica el joven Luis Enrique Alemán García, responsable del área de bienestar en Quisicuaba— tiene una razón social, que es la de brindar un nuevo horizonte a los habitantes de la calle; la segunda está encaminada a lograr el autoabastecimiento del propio campamento y del comedor social que funciona en la calle Maloja, entre Ángeles y Águila, en el consejo popular de Centro Habana.

Antes de llegar a este lugar, a los habitantes de la calle se les realiza un chequeo médico integral para determinar sus padecimientos y la mejor manera de tratarlos. Y aunque ninguno de ellos viene aquí bajo la condición de trabajar, el agradecimiento de quienes sí están aptos de hacerlo no les permite estar tranquilos y buscan retribuir las atenciones limpiando los pasillos, fregando, o haciendo alguna actividad que pueda ser útil a la familia que allí han ido creando.

Aledañas al campamento existen unas 60 hectáreas de tierra que poco a poco se van poniendo en producción para el autoconsumo y con inteligencia y creatividad se aprovecha cada detalle. El marabú que desbrozamos en las diferentes áreas, por ejemplo —comenta Yadelki Hernández Morales, la directora del lugar— lo “vamos convirtiendo en carbón que usamos luego para cocinar”.

Asegura Yadelki que en la tierra ya limpia han sembrado plátano, boniato, calabaza, frijoles, quimbombó, y además se potencia el desarrollo de un módulo pecuario, así como la cría de gallinas, palomas y otras aves. “Lo que aquí hacemos tiene también la fortaleza de generar empleo para el propio municipio de San Antonio”, añade.

“Cómo se sienten aquí”, preguntó el Jefe de Estado cubano antes de despedirse, y el “muy bien” rotundo de quienes lo rodean y tienen en sus rostros dibujada la esperanza es la confirmación de cuánta gratitud llevan consigo.

Esa misma gratitud de la cual nos habló Carlos, uno de los jimaguas, quien constantemente pregunta a su hermano: “¿Cómo vamos a pagar todo esto, Frank?”, y no encuentra más respuesta que esa: “gratitud, porque no hay dinero en el mundo que pague esto”.

FOTO:Estudios Revolución.

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