Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Hacer ciencia en Cuba, un acto de creatividad y compromiso

Desde hace varias semanas fue noticia que Sancti Spíritus contaba con su primer Consejo de Jóvenes de la Academia de Ciencias de Cuba

Autor:

Lisandra Gómez Guerra

 

SANCTI SPÍRITUS.— De casta le viene a Miguel Ángel Amaró el vestir con orgullo la bata blanca. Su padre, técnico de Imagenología, y su madre, licenciada de Laboratorio de Terapia Intensiva, fueron los primeros en mostrar que es posible la coexistencia, en un mismo ambiente, del rigor científico y el humanismo.

«Crecí siendo testigo de sus dedicaciones y de cómo el trabajo de ellos impactaba directamente en la vida de otras personas. Todo ello sembró en mí, desde bien pequeño, la convicción de que la práctica médica constituye uno de los más nobles y complejos ejercicios del conocimiento al servicio del bienestar colectivo. Por eso mi camino hacia la medicina no fue solo una decisión profesional, sino una respuesta natural a un llamado ético y familiar».

Aunque un tanto distante del hogar, a este espirituano se le encuentra casi con el amanecer en el policlínico universitario Juana Naranjo León, donde mira «por dentro» a los pacientes.

«Me gradué en 2010. Años después, en el policlínico universitario de Meneses, en el municipio de Yaguajay, obtuve la categoría de Médico Especialista de Primer Grado en Medicina General Integral (MGI). Y en 2019, es que recibo el título de Médico Especialista de Primer Grado en Imagenología».

Se lee rápido. Parece que ha sido a la velocidad de un chasquido de dedos. Mas solo Miguel Ángel Amaró y su familia han sido testigos de las muchas horas de desvelos. No es casual entonces que, junto al estetoscopio y las lecturas de imágenes, también él cuente con significativos resultados científicos.

«La práctica clínica y la investigación científica son dos caras de la misma moneda, imprescindibles para una medicina de calidad. Mi labor científica surge de la necesidad de responder a las interrogantes que encuentro en mi práctica diaria en el Policlínico Centro, como le decimos los espirituanos al Juana Naranjo León.

«He intentado responder: ¿Cómo podemos diagnosticar más temprano y con mayor precisión la enfermedad hepática grasa no alcohólica en el primer nivel de atención? ¿Cómo mejorar las habilidades del médico de familia en la interpretación de estudios imagenológicos básicos?

«Soy un convencido de que la ciencia es la herramienta más efectiva en la búsqueda de evidencias y en generar soluciones que trasciendan el caso individual para impactar en los protocolos, la formación y en la salud de la comunidad. Es, además, un imperativo ético: debemos contribuir al cuerpo de conocimiento que sustenta nuestra profesión, especialmente en un contexto como el nuestro, donde la innovación debe ser creativa y adaptada a nuestras realidades y recursos».

Dotes para crecer

Inquieto hasta la médula como todo buen investigador, sus estudios y labor en las aulas se convirtieron en boletos seguros para investirse como Profesor Auxiliar, y ser reconocido como Investigador Agregado luego, ambos en la Universidad de Ciencias Médicas de Sancti Spíritus.

Y no satisfecho, obtuvo el grado de Máster en Ciencias Pedagógicas en 2023, por la Universidad de Sancti Spíritus José Martí Pérez, y lo declararon Miembro Adjunto de la Sociedad Cubana de Medicina Familiar y Miembro Numeral de la Sociedad Cubana de Imagenología, institución en la que ejerce un liderazgo activo como vicepresidente del capítulo espirituano.

«Como profesor y tutor de residentes en la Universidad de Ciencias Médicas, integro la metodología de la investigación de forma natural en la enseñanza, mostrando cómo una pregunta clínica puede derivar en un proyecto de estudio. Dirijo el Consejo Científico de mi policlínico, donde fomentamos un ambiente para que jóvenes médicos y estudiantes puedan presentar sus primeras ideas, participar en proyectos institucionales y acceder a mentoría.

Participo activamente en Redes iberoamericanas de pedagogía e investigación, dice, lo que permite conectar con colegas más jóvenes en debates académicos internacionales. Fundamentalmente, trato de transmitir que hacer ciencia en Cuba es un acto de creatividad y compromiso, no un lujo, y que cada aporte, por pequeño que sea, es vital para construir un sistema de salud más resiliente y basado en evidencia propia.

Con esas máximas como banderas, el médico conocido por muchas generaciones por tener «buen ojo» para diagnósticos certeros, aceptó ser protagonista de una noticia: Sancti Spíritus cuenta ya con su primer Consejo de Jóvenes de la Academia de Ciencias de Cuba (CJ-ACC). Junto a Miguel Ángel Amaró se encuentra un selecto grupo que busca integrar nuevas ideas y dinamismo de la juventud a la investigación de la provincia y el país.

«Acepté la invitación por una razón fundamental: la convicción de que el relevo generacional no es un evento automático, sino una construcción consciente que requiere espacios de participación real. Más allá del honor que representa, vi en él una plataforma estratégica, aunque aún en ciernes, para canalizar las inquietudes, la energía y las perspectivas innovadoras de los científicos jóvenes en Cuba.

«Lo interpreté como una oportunidad histórica para contribuir, desde mi experiencia como investigador y docente en el territorio, a un diálogo nacional sobre la política científica. Por tanto, califico mi sí como respuesta a un acto de responsabilidad con mi generación y con el futuro del sistema de ciencia e innovación del país, consciente de los desafíos, pero también del potencial transformador que un mecanismo de este tipo puede tener si se dota de auténtica incidencia».

Claro de que aún es pronto para tener resultados de impacto, él insiste que no puede ser otro el camino más asertivo en la constante construcción de Cuba.

«La creación del CJ-ACC es un acierto institucional de primer orden y una respuesta necesaria ante desafíos críticos como la emigración de talento joven y la necesidad de revitalizar la gobernanza científica. Su importancia trasciende lo simbólico: representa el reconocimiento oficial de que la voz y la capacidad de los científicos menores de 40 años son indispensables para la adaptación y modernización de la ciencia cubana.

«En un contexto global de ciencia interdisciplinaria, acelerada y colaborativa, la frescura y las competencias digitales de las nuevas generaciones son un activo invaluable. Sin embargo, su importancia real dependerá de la capacidad del consejo para evolucionar de un foro consultivo a un órgano con capacidad de incidencia en la toma de decisiones, la asignación de recursos y la definición de agendas investigativas. Es un primer paso prometedor, pero su verdadero impacto se medirá por su capacidad para retener talento en Cuba y para generar investigación de relevancia local y nacional».

—¿Cuán saludable es para Sancti Spíritus contar con ese Consejo?

—Es una oportunidad estratégica para tender un puente más directo entre las prioridades científicas nacionales y las necesidades concretas de nuestro territorio. Puede ser un catalizador para desarrollar una agenda de investigación provincial contextualizada, que priorice problemas como el envejecimiento poblacional, las enfermedades crónicas no transmisibles, la agricultura sostenible o la innovación biomédica con tecnologías apropiadas. Puede gestionar fondos concursables específicos para proyectos jóvenes espirituanos y promover consorcios locales entre la Universidad de Ciencias Médicas, los centros de salud y los polos productivos. En esencia, puede ayudar a revertir la histórica centralización de recursos, dándole visibilidad y herramientas a la capacidad científica local.

«El aporte será significativo si logramos que opere no como un altavoz de lineamientos centrales, sino como un canal efectivo para proponer, desde Sancti Spíritus, soluciones a sus propios problemas».

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