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Ímpetu entre montañas

A 68 años del acto fundacional del II Frente Oriental, liderado por el entonces Comandante Raúl Castro Ruz, nos sigue inspirando aquella huella de lucha y coraje de la Revolución

Autor:

Odalis Riquenes Cutiño

Partieron desde Pata de la Mesa,  en plena Sierra Maestra, el primer día de marzo, dispuestos y orgullosos de la misión que iban a cumplir: extender la lucha al resto de la región, del país.

Mediante sendas órdenes militares, emitidas por el Comandante en Jefe del Ejército Rebelde, Fidel Castro Ruz, el 27 de febrero habían sido ascendidos al grado de comandantes los capitanes Raúl Castro Ruz y Juan Almeida Bosque, y se oficializó la creación de las columnas Seis y Tres, bajo sus respectivos mandos.

La primera, operaría en el territorio situado en el noreste de la provincia de Oriente, desde el municipio de Mayarí hasta Baracoa; y la segunda, en el este de la Sierra Maestra.

Con tales cometidos fueron despedidos por Fidel y juntos, ambos grupos, emprendieron la marcha hacia sus respectivos territorios. Durante seis días avanzaron a pie, rompiendo monte por más de 70 kilómetros hasta San Lorenzo, con todas las energías puestas en concretar la estrategia de Fidel. Desde Puerto Arturo, cada una partió a su destino.

La columna Seis tenía la compleja misión de atravesar la provincia de sur a norte; debían cruzar una extensa región del valle del Cauto hasta las estribaciones de Pinares de Mayarí, zona patrullada constantemente por las fuerzas del ejército de Batista.

Así, y en lo que el jefe del grupo, el joven Comandante Raúl Castro, denominó operación Frank País, se trasladaron por regiones llanas, pobladas y protegidas por numerosas fuerzas del enemigo.

«(…) Partimos un poco pensativos ante la idea de lo desconocido, pero todos con mucho optimismo a cumplir la misión», evocaría años después Efigenio Ameijeiras, el segundo jefe de aquella tropa, en su libro Más allá de nosotros. Columna No. 6 Juan M. Ameijeiras.

El 10 de marzo, según el propio Ameijeiras, aprovechando que era un aniversario del golpe de Estado y el enemigo se acuartelaba, Raúl decidió cruzar en vehículos los llanos de la provincia de Oriente. «…Hicimos el cruce de noche, sin ninguna novedad. Al amanecer, llegamos cerca de las estribaciones de la Sierra de Cristal», relataría el destacado combatiente.

De paso por Mangos de Baraguá, rindieron homenaje al Mayor General Antonio Maceo. En Jimbambay, dejaron los vehículos y emprendieron su primera caminata por las serranías de la Sierra Cristal.

«El agotamiento era general y muchos pies ampollados…», escribiría el propio Raúl sobre el trayecto, y resaltaría la actitud de los veteranos de la tropa y aquellos que «(…) cumpliendo la palabra empeñada conmigo antes de partir, de no transigir con el cansancio en los próximos diez días, mantuvieron en todo momento un comportamiento ejemplar».

A las cuatro de la tarde del 11 de marzo de 1958, luego de vencer una larga y riesgosa travesía de unos 200 kilómetros, con cargas de más de 20 kilogramos, llegaban a Piloto del Medio, para, dando cumplimiento a la primera parte de su encomienda, dejar oficialmente abierto el II Frente Oriental.

Con las emociones de quien ha comenzado a cumplir la misión encomendada y consciente de los desafíos por venir, cuentan que el Comandante Raúl Castro ese día expresó: Sabemos que empezar un Segundo Frente es cosa difícil, pero guiándonos

la fe de Fidel, que nunca se da por vencido y el espíritu de Frank, estamos seguros que podremos hacer las cosas bien.

Modelo de organización

Eran 67 hombres, agrupados en una escuadra de la comandancia y cuatro pelotones, a los cuales se sumaron otros 11 durante el trayecto.

Estaban liderados por un joven Comandante, que a pesar de sus 26 años era ya un avezado combatiente de más de 12 meses de campaña en la Sierra; asaltante al Moncada, expedicionario del Granma, que como valoraría en entrevista de prensa la combatiente Asela de los Santos, «traía consigo una experiencia como político, como militar, y era ya un jefe experimentado».

Tenían ante sí la enorme responsabilidad de operar en un territorio de alrededor de 12 000 kilómetros cuadrados y cerca de medio millón de habitantes, y que comprendía zonas rurales de Mayarí, Sagua de Tánamo, Baracoa, Guantánamo, Yateras, Alto Songo y San Luis.

«Al llegar a la región, Raúl decidió efectuar un extenso recorrido de exploración durante el cual tomó las primeras medidas de organización (…) El 12 de marzo, siguiendo las experiencias de la Sierra Maestra, creó en Majaguabo (…) el primer Comité de Campesinos Revolucionarios. Al mismo tiempo, envió emisarios para contactar con varios grupos de alzados que operaban en toda la zona», detallaría la Heroína de la Sierra y el Llano Vilma Espín, en su texto testimonial Contra todo obstáculo.

Durante esta primera etapa, de asentamiento y organización inicial, el jefe guerrillero desconcentró fuerzas, depuró la región de malhechores que se hacían pasar por revolucionarios, sumó a sus pelotones a los combatientes ya alzados en estos territorios, mantuvo constantes intercambios con la jefatura del movimiento clandestino, sobre todo, de la región de Guantánamo, para establecer vías de suministro estables, y forjó una compenetración entre los campesinos y el Ejército Rebelde, que fue decisiva para el triunfo, explicaría Vilma.

A principios de agosto de 1958, el Frente fue reorganizado y surgieron cinco columnas; en honor al Jefe de Acción y Sabotaje del Movimiento 26 de Julio, a quien con toda justicia el Comandante Raúl Castro consideraba el alma del movimiento clandestino, el enclave guerrillero oficializó el nombre de II Frente Oriental Frank País García.

En octubre se sumó una columna más y las operaciones se extendieron a los municipios de Banes y Antillas; se crearon unidades móviles de choque y los departamentos de Guerra, Justicia, Sanidad, Propaganda, Educación, Finanzas y Construcción y Comunicaciones, adscritos a la Comandancia Central. Misiones importantes realizaron también los burós Obrero y Agrario, la Policía Rebelde y la Inteligencia Rebelde, todo lo cual dejaba ver la existencia de un estricto orden civil y militar.

Por aquel entonces se habían organizado 20 hospitales y puestos médicos, y unas 400 escuelas, entre otros beneficios para la población serrana.

«Ahora somos como un pequeño Estado revolucionario dentro de otro», expresó Raúl de aquella experiencia, a la cual Fidel calificara como modelo de organización, eficiencia, orden y administración.

Sensibilidad y visión de un jefe

Asimismo, la epopeya creciente del II Frente pondría más de una vez a prueba en el fragor del combate, la valentía, intrepidez, sensibilidad y visión estratégica de su jefe.

El 13 de abril, atacaron el cuartel del poblado de Soledad. El combate duró casi hasta el amanecer. La resistencia enemiga impidió tomar la fortaleza, a pesar de que los Rebeldes tiraron gran cantidad de granadas M-26.  Luis Felipe Ayra y Félix Lugones, Pilón, resultaron heridos.

El General de División de la reserva Samuel Rodiles Planas, uno de los participantes en la acción, nunca olvidó el sentido humano del jefe del Frente trasladando a los heridos en unos caballos sin montura después de derrochar coraje en el combate como un soldado más.

Momentos trascendentes para la historia nacional aportó el II Frente. El 21 de septiembre de 1958 tuvo lugar el Congreso Campesino en Armas. Dirigentes campesinos de base de varias partes de Oriente, desafiaron a las tropas batistianas y llegaron hasta Soledad de Mayarí por esfuerzo propio, para participar en la reunión que demostró el apoyo del poder revolucionario a los campesinos, tradicionalmente discriminados.

Los días 8 y 9 de diciembre, en el mismo escenario, sesionó el Congreso Obrero en Armas. Acontecimientos como la operación antiaérea, que trasladó a territorio rebelde a 49 ciudadanos norteamericanos para que palparan los horrores de los bombardeos contra la población campesina y la creación de la Fuerza Aérea Rebelde, asombran por la precisión y visión estratégica que mostraron en su momento.

Investigaciones históricas dan fe de que en nueve meses y 22 días de campaña los combatientes del II Frente derrocharon heroísmo en unas 250 acciones combativas y 232 de ellos ofrendaron sus vidas.

Aniquilaron, rindieron o tomaron una treintena de cuarteles o guarniciones enemigas, realizaron 15 acciones comando, capturaron cinco goletas con víveres, derribaron tres aviones y se apoderaron de seis, ocasionaron cerca de 2 000 bajas al enemigo, a quien ocuparon a su vez 1 216 armas largas y numeroso parque.

A 68 años de su fundación, el II Frente Oriental Frank País no solo amplió el alcance geográfico de la Revolución y fue un bastión decisivo del triunfo, sino que fortaleció el apoyo popular a la causa revolucionaria y legó prácticas valiosas sobre la conducción de procesos en las condiciones de la lucha guerrillera.

Hasta la clarinada de enero, con su jefe al frente, cumplió con creces la misión encomendada por Fidel.

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