Anabel Serrano Díaz. Autor: Favio Vergara Publicado: 04/04/2026 | 12:07 pm
La valentía y el compromiso son valores inherentes a la juventud cubana y, por ello, se expresan con naturalidad en cada escenario donde la Patria lo demanda. Cuando celebramos hoy el aniversario 64 de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) y el 65 de la Organización de Pioneros José Martí, las nuevas generaciones se saben herederas de su tiempo y de la historia gloriosa de esta Isla.
Bien lo sabe, por ejemplo, Yorkis Joel Sánchez González, secretario del Comité de Base de la UJC de CTE Antonio Guiteras, en Matanzas, entidad que recientemente recibió la Bandera de Honor, estímulo más alto que otorga el Buro Nacional de la UJC a colectivos juveniles de todos los sectores.

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Desde su trinchera, Yorkis ponderó el valor, el ímpetu, la consagración y la capacidad de sobreponerse a las dificultades que caracteriza a los jóvenes de la Guiteras. Ellos están conscientes de la importancia que hoy se le concede al aporte que realizan en función de fortalecer el Sistema Electroenergético Nacional.
Detrás de este resultado está el trabajo mancomunado de una juventud que no escatima sacrificios, que enfrenta jornadas complejas y que, aun en medio de limitaciones y tensiones propias del contexto actual, mantiene en alto el compromiso con su labor.
Ese arrojo y determinación, encontraron su momento cumbre aquella madrugada del tres de enero, cuando fue necesario plantarse con firmeza frente a la agresión en suelo bolivariano. Allí se puso a prueba, una vez más, el temple de una generación que no conoce de renuncias, que actúa con serenidad en medio del peligro y que asume, con total conciencia, la responsabilidad de defender los principios en los que cree.
Entre esos jóvenes resalta Yorgenis Bridón Kindelán, del Departamento de Seguridad Personal, quien estuvo en los enfrentamientos para repeler la invasión norteamericana en en suelo bolivariano. En su actuar se sintetizan el valor y la determinación de quienes no vacilan ante el deber, de quienes convierten la convicción en acción y sostienen, incluso en los momentos más complejos, una firmeza inquebrantable.

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«Vivimos en un país que ha sido asediado durante años, que sigue enfrentando presiones y sanciones, y que, sin embargo, se mantiene firme, de pie, defendiendo su proyecto. En ese contexto, recibir una distinción es también una responsabilidad colectiva», afirmó. Su ejemplo encarna la esencia de una juventud que no retrocede, que enfrenta los desafíos con dignidad y que honra la historia que la precede.
Como ocurre también desde el silencio de un laboratorio del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), donde Anabel Serrano Díaz no solo busca respuestas científicas; también alivio para quienes sufren.
Su cotidianidad transcurre entre el rigor del Departamento Farmacéutico y el compromiso como Secretaria del Comité de Base de la UJC. Allí, participa en la investigación básica de Jusvinza, un fármaco diseñado para domar enfermedades autoinmunes e hiperinflamatorias, y que se convirtió en escudo vital para los pacientes críticos durante el azote de la COVID-19.
«Los resultados reflejaron que el medicamento tenía un impacto real en la evolución y la sobrevida de los pacientes». Hoy, su mirada está puesta en nuevos horizontes: el empleo de Jusvinza en pacientes con artritis pos-Chikungunya y su evolución hacia un tratamiento integral contra la inflamación.
Anabel a diario busca cómo esquivar las carencias que impone el cerco económico para que la vida gane siempre la partida. Pero su labor no termina cuando se quita la bata blanca. Anabel pertenece a esa juventud que entiende el laboratorio como una extensión del barrio. Se le ve tanto promoviendo ferias de ciencia y visitando hogares de niños sin amparo parental o de ancianos, como desandando los caminos de las zonas más golpeadas por el huracán Rafael en el occidente del país.
Ella también recibió la Medalla Julio Antonio Mella, máxima distinción de la organización juvenil cubana. Fiel a su estirpe de científica, prefiere hablar en plural: «No siento haber hecho nada del otro mundo, apenas soy uno de los rostros jóvenes involucrados en el proyecto. Recibo este reconocimiento en representación de cada uno de mis compañeros, porque en esta medalla va el esfuerzo de todos».
Anabel Serrano Díaz demuestra que el futuro de la ciencia en Cuba se escribe con dos ingredientes: preparación constante einquebrantable vocación de servir.
Otro lugar lleno de humanismo y sentido de servicio es el Hospital Clínico Quirúrgico Docente Dr. Miguel Enríquez. Allí, donde el tiempo se cuenta en latidos y la precisión son una ley de supervivencia, se forja la hornada de jóvenes que hoy sostienen una gran parte del aliento de la medicina cubana. En ese escenario de desvelos, la doctora Ana Walkis Sánchez Moreira ve la Terapia Intensiva más que como una especialidad, como un pacto con la vida.

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Residente de Medicina Intensiva y Emergencias en Adultos, Ana pertenece a esa generación que ha convertido el hospital en su primera casa. Su día a día transcurre en la delgada frontera donde la ciencia más rigurosa se abraza con la sensibilidad más profunda.
La medalla José Antonio Echeverría que le fue otorgada ha puesto nombre a su entrega, pero Ana esquiva el protagonismo con la humildad de los grandes. Insiste en que el mérito no le pertenece solo a ella, es el triunfo de un equipo, de un grupo de jóvenes que, desde sus puestos, comparten el mismo desvelo.
Así, jóvenes de distintas ramas y especialidades, vieron un reconocimiento a horas de desvelo y compromiso. Yorkis, Joel, Yorgenis, Anabel y Ana, son solo cuatro de los muchos rostros que hoy construyen Cuba desde cada una de sus trincheras. Porque el futuro no espera, se hace con el corazón puesto en la Patria.
