Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Italia, lloro por ti

El futbol italiano vive otro momento de decepción tras quedar fuera de la Copa Mundial de Fútbol una vez más

Autor:

Ruben Darío García Caballero

 

El silencio invadió todas las calles de Italia. La incredulidad se apoderó de todo el mapa azurri, de toda la geografía traplantina. No podían creer lo que sus ojos estaban viendo. La tetracampeona, la reina europea en 2021, la gigante dormida, se quedaba fuera por tercera Copa Mundial de Futbol consecutiva.

Como si de una pesadilla se tratase, como si fuera una película de terror que nadie vio venir, y ahora nadie quiere aceptar. Ayer Macedonia del Norte, enemigo público entre entes exóticos. Hoy Bosnia y Herzegovina, verdugo de una generación que ha vuelto a morir a pie de campo, entre sollozos de cocodrilo y esperanzas destruidas.

Sobre el suelo, un equipo entero quedaba con un montón de sueños rotos, llorando todo un río de lágrimas desordenadas. Once jugadores en el césped verde, y un poco más en el banquillo, con el corazón partido. No era una simple derrota, era como si un país entero hubiera perdido su alma en un rectángulo de juego.

Porque Italia ha dejado de ser príncipe para ser mendigo, ha dejado de ser rey para ser vasallo. La Italia que intimidaba, del Catenaccio y el contragolpe, de Trapatonni y Sachi, de Baggio y Nesta, de Buffon y Pirlo, de Cannavaro y Materazzi, ya no existe, ya no es más que un reflejo lejano en el tiempo de lo que un día fue y ahora no será. Cuánto han cambiado los tiempos, que el otrora campeón mundial de futbol lleva 12 años sin pisar un campeonato del orbe, y en el béisbol, antítesis directa del pasatiempo nacional por excelencia en el país de la bota, vienen de colarse entre los cuatro grandes a nivel planetario.

La última vez que un futbolista italiano marcó un tanto en una Copa del Mundo la vida era demasiado diferente. Tanto que muchos niños, que han crecido portando la casaca de las cuatro estrellas, no saben lo que es ver a sus ídolos disputar un choque mundialista, no saben lo que es escuchar el «Il Canto degli Italiani» en el foco de superestrellas. No saben lo que es vivir en carne propia la fiesta del Mundial, y mucho menos imaginan una celebración como aquello que desbordó ciudades enteras en el verano del 2006.

Hoy Italia no canta baladas románticas, hoy no suenan los versos de Laura Pausini, ni las óperas perfectas de Luciano Pavarotti. Hoy una voz rasgada, al más puro estilo Eros Ramazzotti llora por un fútbol en ruinas, por un gigante que se niega a despertar.

Porque no hay consuelo que calme la herida de ver a la Azzurra fuera del gran escenario, y en cada rincón de Roma, Nápoles o Milán solo se escucha un eco desgarrador que desafía al silencio de los estadios vacíos. Un llanto que no es por un amor perdido, sino por esa magia que no veremos, por esa camiseta azul que se quedó sin su cita con la gloria.

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