La historia es un arma cultural que hace crecer integralmente. Nos protege, guía, acompaña, forma valores, principios, la ética, inculca patriotismo, nos dice de dónde venimos, dónde estamos, hacia dónde vamos… Somos nuestra historia, reflexiona con Juventud Rebelde el doctor José Luis Méndez Méndez, Premio Nacional de Historia Autor: Juvenal Balán Publicado: 29/05/2026 | 03:47 pm
Quiso ser piloto; no lo consiguió y se calificó como electricista. Como por su edad, 14 años, no podía trabajar, siguió estudios profesionales y una beca en la desaparecida Unión Soviética le permitió recibirse como ingeniero eléctrico cuando una inclinación por temas políticos y sociales hizo que, de vuelta a Cuba, matriculara la carrera de Derecho, y, ya graduado, se volcara sobre el derecho internacional, hurgara en la historia y se apasionara con la investigación y la docencia.
Con 78 años de edad y 32 libros en su haber, el doctor José Luis Méndez Méndez acumula múltiples reconocimientos. El Premio Nacional de Historia, que acaba de merecer, exaltó «la integralidad de su obra investigativa y su excepcional impacto práctico y social, el magisterio formador y el amplio reconocimiento internacional que la respalda, así como la extraordinaria y prolongada consagración, por más de 40 años, al estudio, reconstrucción y defensa de la memoria histórica de Cuba frente a las agresiones imperialistas».
Dicho en otras palabras, el jurado que, por unanimidad, le concedió el galardón entre las once propuestas recibidas, valoró como aporte cardinal a la historiografía nacional el corpus teórico de que ha sabido dotarla para la denuncia y comprensión de la sistemática política agresiva de Washington contra La Habana, que abarca un análisis histórico de más de 65 años.
Arista no menos importante de su quehacer fue la localización, identificación y repatriación de los restos de cubanos desaparecidos en la Argentina: los de dos jóvenes diplomáticos desaparecidos en Buenos Aires, en 1976, y los del segundo al mando de la guerrilla de Jorge Ricardo Masetti, en Salta, perdidos desde 1964.
Estos y otros temas se abordan en esta entrevista con el autor de Demócratas en la Casa Blanca, Mensajeros de la muerte, La Operación Cóndor contra Cuba y Mercenarios, unidades cubanas en el ejército de los Estados Unidos.
Republicanos y demócratas también
—Se plantea que fue la radicalización del proceso revolucionario cubano a partir de la promulgación, el 17 de mayo de 1959, de la Ley de Reforma Agraria, lo que enfrentó a Washington con La Habana. Su tesis es diferente: a su juicio ese enfrentamiento viene desde antes, es anterior incluso al triunfo de la Revolución. ¿Cuáles son sus comentarios al respecto?
—Estados Unidos interpreta que tiene que cambiar el método de dominación. La experiencia de Guatemala lo alerta. Conciben la Alianza para el Progreso. Las dictaduras históricas, incluso dinásticas, están out; las sostienen en Cuba, República Dominicana, Haití, Paraguay, Nicaragua, y perciben el inevitable éxito de la Revolución en la Isla…
«Tienen que mediatizarlo; hacen lo imposible para evitar el triunfo, presionan a Batista, quien se resiste, apelan a partidos tradicionales, a empresarios nacionales y extranjeros, al golpe de Estado, a la junta cívico-militar, a las negociaciones y a las elecciones de noviembre de 1958… De inmediato califican de comunismo lo ocurrido en Cuba y sentencian así a la flamante Revolución y a sus dirigentes y ya en octubre de 1959 se aprueban planes magnicidas.
«No hubo “luna de miel” ni pausa en las relaciones. La afectación de sus intereses catalizó sus planes, pero no fue un divorcio; nunca hubo boda. El ejemplo inspirador de Cuba, sumadas las condiciones en varios países de América Latina, es otra alerta. Entonces se valen de emigrados cubanos como mercenarios. La emigración cubana ha sido fuente de mercenarismo empleada profusamente por el vecino del Norte».
—¿Cómo nace su interés por el terrorismo? ¿Cómo se ve dicho fenómeno desde la academia?
—El terrorismo de Estado ha sido un método dentro del sistemático programa de medidas coercitivas unilaterales aplicadas a Cuba, durante casi siete décadas. En todas las administraciones ha estado presente, combinado con otros métodos subversivos. Es además un caso de terrorismo doméstico. Intereses estadounidenses públicos y privados han sido impactados en determinadas circunstancias por ese flagelo.
«Sus agencias han cobijado a cientos de organizaciones, grupos, bandas y miembros que han cometido crímenes en su propio territorio. El 99 por ciento del terror que hemos enfrentado ha salido de planes estadounidenses; solo hechos puntuales tienen otros orígenes. Eso explica mi interés por el tema».
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El destacado investigador considera como hito culminante de esa política el bloqueo económico, comercial y financiero, y ahora también energético, con el que Washington busca la asfixia total de la Isla, sin eludir por ello la Operación Peter Pan, el derribo en pleno vuelo de un avión civil cubano, la introducción del dengue hemorrágico y toda la guerra biológica…
Las administraciones norteamericanas, tanto republicanas como demócratas, han combinado el terrorismo con la subversión, enfatiza. Pasó Girón, siguió la Operación Mangosta, vino la Operación Múltiple Vía… Cambió la modalidad y apareció la guerra por los caminos del mundo; 475 agresiones contra representaciones cubanas en el exterior, asesinato, secuestro, intento de secuestro…
—Y Miami en el centro de toda esa política…
—Parte importante del crecimiento de Miami se debe a la emigración cubana, a los cientos de miles de millones de dólares que sucesivas administraciones inyectaron en el área en los años 60 para derrocar a la Revolución Cubana. La CIA creó allí un emporio colosal que, durante diez años, con objeto de atacar a Cuba, dio empleo a miles de personas y clonó La Habana de 1958.
«En el libro La república de Miami se explica la evolución de esa comunidad desde la llegada de los primeros emigrados cubanos solventes animados por la idea de un pronto retorno, y se explica cómo convirtieron, ya en la década de los 80, el poder económico en poder político y se infiltraron en todo el tejido político y administrativo de Florida, particularmente en el sur».
Más allá del dolor
La llegada al poder en Argentina de Néstor Kirchner, en 2003, dio a la Isla la posibilidad de intentar localizar e identificar los restos de Hermes Peña, quien fuera escolta de Ernesto Che Guevara, muerto en combate y desaparecido en Salta, el 19 de abril de 1964. Fiel al principio de que Cuba no abandona a ninguno de sus hijos, se imponía además la localización de los restos de Jesús Cejas Arias y Crescencio Galañena Hernández, diplomáticos cubanos de 22 y 26 años respectivamente, secuestrados el 9 de agosto de 1976, torturados hasta la muerte, sin que dijeran una sola palabra, introducidos en bidones de 55 galones, fundidos en concreto y arrojados a un basurero.
A ellos se sumaban los restos del periodista argentino Jorge Ricardo Masetti, jefe de la guerrilla de Salta, cuya búsqueda autorizaron sus familiares. Jesús y Crescencio fueron víctimas de la Operación Cóndor, forma de agresión que se valía de mercenarios cubanos.
Buscar a Hermes —asevera Méndez— fue la clásica búsqueda de la aguja en el pajar. Las múltiples versiones sobre su destino dificultaban el hallazgo. ¿Habían quedado sus restos abandonados en la selva, se depositaron en un nicho que se pagó a perpetuidad o los militares los conservaban en un cuartel como botín de guerra?
«Recopilamos toda la información disponible. Muchas personas aportaron recuerdos y vivencias. Había mucha desinformación espontánea e inducida y así, en mayo de 2004, comenzó el trabajo in situ, mediante el método de ensayo y error. Cavamos decenas de tumbas en mayo de 2005. Abandonamos decenas de pistas falsas. Las tumbas originales habían desaparecido, sobre ellas se habían construido nichos, paredones, hasta una calle sobre los enterramientos de 1964.
«Yo sentía que debía buscar a un antropólogo cubano, lo que hice cuando los argentinos se retiraron. Llegó el doctor Alfredo Tamame Camargo, un profesional de primer nivel, con experiencia en Bolivia… Para abreviar la historia, el 5 de julio de 2005 aparecieron los restos de Hermes Peña. Tenía 26 años en el momento de su muerte, grados de capitán y dos revoluciones en su haber. El 16 de abril de 2006 sus restos se depositaron junto a los del Che, en Santa Clara, como parte, como dijera Fidel, del “destacamento de refuerzo”».
El hallazgo de Hermes propició en Méndez un lógico sentimiento de esperanza. La búsqueda y encuentro de los restos de los jóvenes diplomáticos secuestrados y asesinados —expresa— es más larga y difícil de narrar, diez años de búsqueda que contó en el libro que lleva por título Más allá del dolor. Uno de esos jóvenes fue recuperado en 2012 y el otro, al año siguiente.
Torturados con saña, admiró a los verdugos su silencio y resistencia hasta la muerte, asfixiados con bolsas de plástico. ¿Y Masetti? «El caso del periodista argentino, autor del libro Los que luchan y los que lloran, sobre la guerra de Fidel en la Sierra Maestra y fundador de Prensa Latina, es más complejo. Lo buscamos hasta diciembre de 2013. Cambió la situación política argentina y se hizo inviable proseguir la búsqueda. Ya lo encontraremos».
Somos nuestra historia
—¿Mira el historiador el pasado para explicar el presente o mira el presente para explicar el pasado? Le pregunto esto porque hace años el doctor Julio Le Riverend me dijo que no es el pasado lo que ilumina el presente, sino que es exactamente al revés, que es el presente lo que permite una comprensión mejor del pasado.
—Si tienes reconstruida una aproximación sólida del pasado sobre un tema X, puedes pronosticar el curso probable del futuro. Pero la historia no es futurología, hay variables no controladas, algunas turbulencias, es una aproximación. No puede olvidarse de que hay textos deliberadamente adulterados para instalar una «verdad histórica» falseada acorde con intereses predominantes. Se acude a la triangulación, cruzas las versiones y llegas a una aproximación que se aproxima, pero que nunca es el cien por ciento.
—¿Cómo se puede tener la certeza de que lo que dice la historia fue así como dice, si a veces no sabemos que pasó en realidad hace 20, 30 años?
—No hay certeza; estudias fuentes primarias, testimonios, documentos de época en el universo disponible, pero siempre queda algo ignoto. Acudes a fuentes secundarias, leyendas urbanas y percibes que pisas terreno minado, el tiempo contamina el pasado, se inserta en la memoria histórica, echa raíces y pasa contaminada de generación en generación.
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El doctor José Luis Méndez pone un ejemplo. Hace 25 años la conferencia científica Girón 40 años después logró en La Habana, poner bajo el mismo techo, a amigos y enemigos, actores históricos todos de esa épica nacional. Durante cuatro décadas, en cada aniversario de la victoria de Playa Girón, se rememoraban pasajes de la gesta y se afirmaba, sin lugar a dudas, que Cuba tuvo información privilegiada y anticipada del lugar, el dia y la hora del desembarco mercenario. Eso era motivo de orgullo.
Era prioridad en ese evento establecer con sólidos argumentos que no había sido así y el Comandante en Jefe señalaba que no se trataba solo de una precisión histórica, sino una cuestión de humanidad. Cuántas muertes se hubieran evitado de conocerse de antemano el asunto, cuánto menos hubiera durado la batalla…
La verdad quedó establecida en aquella conferencia, lo reconoció la parte norteamericana presente en el evento, tanto los protagonistas como los académicos dedicados al tema. Quedó establecido que, si bien se conocían los preparativos, los planes e intenciones de invadir la Isla, no lo eran la fecha ni el lugar.
Por eso, solo había dislocada en Playa Larga una dotación de cinco milicianos sin armamento apropiado para semejante contingencia. Aunque sobran los ejemplos, Méndez insiste en este en ocasión del aniversario 65 de la victoria de Girón.
—Si no hay certezas, si queda siempre algo ignoto, si se trata solo de aproximaciones, ¿para qué sirve la historia?
—La historia es un arma cultural; nos protege, guía, acompaña, forma valores, principios, la ética, inculca patriotismo, nos dice de dónde venimos, dónde estamos, hacia dónde vamos… Somos nuestra historia.
«Cuando estudiamos grandes cambios políticos contemporáneos se percibe, como una matriz recurrente, el desmontaje de la historia. Todo en lo que creías se esfuma y estás a merced de la recolonización cultural. Admites símbolos ajenos y llegas a convertirte en eco de los embustes más pueriles.
«Se escucha con frecuencia: los soviéticos no ganaron la Segunda Guerra… el ejército estadounidense ganó en Cuba la guerra contra el colonialismo español… la vida era mejor en tiempos de Batista… Son falacias que consumes y hasta defiendes si no tienes una coraza histórica.
«La historia ayuda a entender procesos políticos que han promovido cambios, pasajes históricos que te permiten humanizar personalidades no exentas de imperfecciones. Ayuda a conocer causas y condiciones concurrentes. Hace crecer integralmente».
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¿Cómo escribe este hombre? ¿Cuál es su método de trabajo? Confiesa que cuando tiene la idea para un libro, le da forma en el transcurso de los días, sopesa la información disponible, estudia los nexos que tiene o puede tener con la historia nacional. Lo frecuente es que trabaje en más de un libro a la vez.
«Soy un investigador empedernido, un adepto al trabajo. Hago lo que me gusta y me gusta lo que hago. Trabajo ahora en un libro sobre las agresiones contra las representaciones cubanas en Estados Unidos desde 1959 hasta el presente; otro sobre la presencia de mercenarios cubanos en misiones de contrainsurgencia en EE. UU., y otro dedicado al terrible caso de canibalismo en alta mar durante la estampida mercenaria tras la victoria de Playa Girón… Hay más, pero me los reservo “para que se den”».
