En el salón de operaciones comparten experiencia y juventud. Pese a las dificultades se operan todos los casos con patologías que comprometen la vida. Autor: Cortesía de los entrevistados Publicado: 30/06/2026 | 10:29 am
PINAR DEL RÍO.— El servicio de cirugía pediátrica del hospital Pepe Portilla reúne en su equipo a un grupo valioso de jóvenes para los que nada es más importante que la vida de un niño.
De ello da fe el doctor Jorge Enrique Cabrera Hernández, especialista de primer grado en Cirugía y profesor asistente de la especialidad, quien asegura que los jóvenes son médicos muy responsables y comprometidos, sobre todo, porque la formación desde el año 2017 se asumió en la provincia tras la estructuración de lo que sería el Consejo Docente de Cirugía Pediátrica. Desde entonces estudian la especialidad y se gradúan aquí.
«Lo más importante —asegura— es que aprendan a entender a los niños, porque uno de edad más avanzada te puede decir dónde le duele o cómo se siente, pero los recién nacidos no, a ellos hay que entenderlos por las señales que dan, sus comportamientos», comenta el especialista.
«Pero eso lleva tiempo, se coge con la experiencia —refiere—, aunque su mayor preocupación radica en que un cirujano tiene que operar, necesita desarrollar habilidades y en la actualidad están operando muy poco a partir de las limitaciones de recursos y de insumos médicos que provoca el bloqueo».
Explica que hoy se operan a los que llegan de urgencia, lo que comprometa la vida del niño, también toda la cirugía oncológica, y aquellos casos que presentan una patología que ya con tratamientos no pueden esperar más porque podrían complicarse, como son las hernias, por ejemplo.
«Esos casos están registrados, tienen nuestros números de teléfono y se mantienen en comunicación con los médicos que los han atendido».
El Doctor sostiene una máxima: «Siempre les digo que tienen que prepararse porque cuando entren al salón con un niño, ese niño no se puede morir, y eso depende en buena medida del sacrificio que hagan ahora».
En los jóvenes hay esperanza
Aunque la lista de espera quirúrgica es tremendamente larga mientras el país sigue bloqueado, un grupo de jóvenes ha optado por estar ahí para ayudar a salvar niños. Es el caso de los residentes de cirugía de esta institución hospitalaria, que precisamente en septiembre venidero, arriba a sus cien años de fundada.
Para Rachel Brito Acosta, una de las residentes de la especialidad, lo más importante es tener vocación, dedicación y mucho amor por los niños: «Tienes que querer tu profesión, porque nadie te la impuso; y lleva mucho sacrificio, hasta de la familia, pero es algo que escogiste para hacer el bien».
Por su parte, Dainé Córdoba González, residente de tercer año, empezó sus estudios en Cirugía general, pero enamorada como estaba de la Pediatría,
se decidió por esta especialidad: «Lleva mucho esfuerzo, eso es cierto, porque uno no está exento de las dificultades actuales, del transporte y demás, pero vale la pena. Es la profesión que me gusta».
La historia de Ronald Reyes Martínez es contraria a la de Dainé. Empezó por Cirugía pediátrica pensando siempre en la posibilidad de cambiar luego para General, pero le pasó lo que a muchos otros, que después de tratar con los niños y enfrentarse al desafío que es cada intervención quirúrgica en un menor, no pueden hacer otra cosa sino ejercerla y hacerlo bien.
«El profesor siempre nos dice que tenemos que tener paciencia, que vamos de lo más sencillo a lo más complejo. Cuando uno ve esas cirugías en los neonatos es cierto que uno se enamora. Mientras, vamos practicando con algunos sets de sutura que hemos comprado. Imagina operar a un niñito y que tus manos sean más grandes que el abdomen», precisa.
Al escucharlo acota el doctor Jorge Enrique Cabrera Hernández, que el cirujano neonatal es un gran arquitecto, un gran orfebre, que va a reparar o a quitar lo que la naturaleza no formó bien.
Luis Daniel Pérez Pérez, residente de primer año, siempre pensó ir a un consultorio médico, pero había pasado el sexto año como enfermero de la sala de Cirugía. Había visto muy de cerca los procedimientos quirúrgicos, el trato hacia los niños y sus familiares, y todo ello le fue llamando la atención, tanto como para que optara por la especialidad al concluir la carrera. «Es diferente a todo lo que había visto antes, es la finura de la primera incisión, el detalle para cerrar la piel; el trato a los que llegan por una cirugía menor. Todo lleva delicadeza y corazón», asegura.
Frank Ernesto Baullosa Núñez tuvo un primer acercamiento a la especialidad distinto al de sus compañeros. Su hermana pequeña nació con una enfermedad de Hirschsprung, hubo que llevarla muchas veces al hospital, al William Soler en La Habana, hasta que se operó y él siempre estuvo presente.
«A ella se le había diagnosticado tarde, ya yo estudiaba Medicina. El hospital también reunía unas condiciones que enamoran; después conocí a los especialistas de aquí de Pinar durante el seguimiento y ya tenía una noción de las cosas, no me tomó de sorpresa lo que se vive en la especialidad. Yo opté por ella porque sabía de sus detalles».
A Frank, como a sus compañeros, le preocupa que hoy no operan todo lo que debieran y señala un sillón del cuarto médico lleno de nuditos, donde practican las formas de anudar las suturas. Es un local al que uno entra y se respira la profesión, sobre todo, por el interés de los residentes y la exigencia de los profesores.
El agradecimiento siempre
Insisten en no dejar ningún nombre fuera de este reportaje. Por esos pasillos está la impronta también de los doctores Jorge Manuel Flores Contreras, Agustín González, Liván Robaina y Santiago Puentes García.
Hay algo puntual en lo que hacen hincapié: A la familia no se le puede decir mentiras: «El niño es muy lábil, señala el profesor, tú lo ves ahora bien y a los diez minutos se complicó; por eso se enseña también a tratar con ellos, es parte de la tarea de un médico».
Pero nada se compara, aseguran, con ver a un niño mejorar tras una cirugía, recibir el agradecimiento de la familia, como el de Yasmany Borrego, padre de un bebé que fue intervenido en menos de 24 horas tras haber nacido con una atresia esofágica, hace apenas unas semanas.
«Quiero que lo sepa por mi primero: Sé que todavía nos queda un largo camino por recorrer, que la lucha no se termina hoy, sino que tengo motivos para seguir batallando día a día y convertir a mi niño no en una buena persona, sino hacer de él alguien extraordinario como quienes nos han estado apoyando incondicionalmente, incluso sin conocernos.
«Hoy se lo dieron a cargar a mi esposa por primera vez y lo vi de cerquita, no le puedo explicar cómo nos sentimos, una sensación incomparable, saber que está sanando por cada día que él mismo supera. Como dicen los médicos, es un pequeño guerrero.
«Hoy es uno de esos días en los que el mundo nos queda chiquito por grande que sea, y eso es gracias a todas las personas que han aportado un poquito de amor, en los momentos en los que más se necesita».

Los jóvenes del servicio de Cirugía Pediátrica del hospital Pepe Portilla se preparan, porque tienen como máxima que nada es más importante que la vida de un niño. Foto: Cortesía de los entrevistados
