Yanira ha encontrado en la FMC crecimiento personal y profesional. Autor: Dorelys Canivell Canal Publicado: 23/08/2026 | 10:24 am
PINAR DEL RÍO.— Yanira Salgado Martínez tiene 33 años y habla de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) como si llevara en ella toda una vida, quizá porque encontró en la organización un espacio que le permitió, hace muchos años, realizarse como mujer y madre, y también ayudar a otras que necesitaban una mano amiga en su camino.
«Para eso está la Federación —dice resolutiva—, para acompañar, orientar y enseñar a las mujeres que ellas son importantes, para mostrarles sus derechos y enseñarlas a batallar por ellos».
Así comienza la conversación esta muchacha, quien lleva varios días en la cabecera provincial pinareña apoyando al secretariado en la preparación del acto nacional por el 23 de agosto, fecha en la que se fundara la organización en 1960, justo en los albores de la Revolución, por iniciativa de Fidel y con el aliento de Vilma Espín. En esta ocasión, Pinar del Río es sede de la celebración a nivel de país.
Ella, que viene de una formación pedagógica en la especialidad de Marxismo-Leninismo y tiene la experiencia frente al aula en la escuela Cristino Naranjo, en el consejo popular Cortés, siente un cariño especial por los niños. Y ni hablar, entonces, de su amor por ese pequeño que la espera siempre en casa y que su familia cuida con recelo para que pueda trabajar alejada de su comunidad.
El trabajo con la FMC lo lleva muy de cerca desde la infancia, cuando su abuela era secretaria de una delegación. «La Federación cumple 66 años de creada y sigue enfocando su labor en diferentes frentes; sin embargo, muchos aún desconocen todo lo que hacemos. Rescatar el trabajo en las comunidades, adecuándolo a la realidad actual, es nuestro mayor desafío. Yo siempre hago énfasis en la importancia de las casas de Orientación a la Mujer y la Familia, porque es el lugar al que acuden las mujeres con sus problemas».
—¿Qué ayudas concretas ofrecen las casas de Orientación a la Mujer y la Familia?
—Son espacios clave, pues no solo atendemos problemas matrimoniales, sino también casos de maltrato infantil, por ejemplo, de vulnerabilidades. Y para ello contamos con un equipo de colaboradores, entre los que están especialistas de Educación, del Ministerio del Interior y de Salud. Cada asunto se trata con el profesional adecuado. Y, sobre todo, se orienta y se acompaña.
Yanira es desde hace tres años la secretaria general de la FMC en el municipio de Sandino, pero antes fue funcionaria de la organización y atendió consejos populares como Cortés y Pasada de Marín, dos comunidades alejadas de la cabecera municipal.
Su experiencia en el intercambio con las mujeres le permitió comprender mejor las dificultadas y las oportunidades que tenían las que residían en esas zonas, netamente rurales. En función de ello han orientado también la labor de la FMC en el municipio, que hoy ostenta la condición de destacado a nivel nacional.
«Es el resultado de un equipo de trabajo. Somos un grupo muy joven, pero también fortalecido», asegura, a la vez que cuenta como la FMC ha estado presente siempre como una figura que acompaña, que ayuda, ante diferentes situaciones: una madre que maltrataba a los hijos, una joven adolescente con dos embarazos seguidos...
—¿Servir y salvar una familia llena de orgullo, verdad?
—Cuando una comienza en la Federación no conoces su alcance. Ves las actividades, las reuniones, pero cuando entras y palpas el trabajo, te enamoras de él. Yo, por ejemplo, soy una mamá divorciada, vivo sola con mi hijo, pero cuento con el apoyo de mi familia. Este trabajo me toca muy de cerca y me enorgullece poder buscar soluciones para otras mamás que no tienen ese apoyo.
—¿Sientes que la Federación te ha ayudado a asumir tus roles como mujer y madre trabajadora?
—Sí. A veces hablo con mis compañeras sobre lo difícil que es compaginar todo, pero también sobre la importancia de la superación. Hay muchas mujeres que, por su concepción o por lo que aprendieron en casa, creen que deben soportar una situación difícil a cambio de mantener una estabilidad económica. Les falta conocer otras opciones, saber que pueden caminar solas.
«Creo que es muy importante la formación y la superación, tanto personal como profesional. Hay quienes no tienen otras alternativas, no porque no existan, sino porque no las conocen. Desde la familia, en ocasiones, se ve ese camino como el más fácil. Es un círculo que hay que romper y ahí es donde la Federación y nuestras casas de Orientación desempeñan un papel vital, mostrando que sí hay otro camino».
—Tienes muy reciente la vivencia del Servicio Militar Voluntario Femenino. ¿Cómo fue esta experiencia?
—Ese tiempo me aportó muchísimo. Me dio más preparación para la vida y para poder decirles a las jóvenes que las mujeres podemos cumplir cualquier tarea, que somos fuertes y emprendedoras. En la Unidad, además, me tocó impartir clases políticas a los soldados, y aunque al principio dudaba, me preparé bien y lo hice.
«Lo más impactante fue el ejercicio de tiro. Yo estaba aterrada, pero el teniente coronel me dijo que era la figura principal y que debía hacerlo. Era la única mujer en un batallón de 72 jóvenes. Agarré el arma, temblando, pero lo logré. Por eso a las muchachas jóvenes que han pensado optar por el servicio militar les diría que se animen, que nosotras somos fuertes y no nos detenemos ante nada».
—Sandino es un municipio alejado de la capital provincial, con varias zonas rurales, y quizá más patriarcales, ¿cómo manejar allí estrategias como el Programa de Adelanto?
—En Sandino la mayoría de las mujeres son amas de casa, tenemos también muchas adolescentes. Nuestra
estrategia la hemos enfocado en la prevención en las comunidades y hacia el segmento
más joven. Para que la organización sea visible hemos creado delegaciones juveniles e infantiles en las escuelas primarias y centros mixtos. Agrupamos a pioneras, estudiantes y jóvenes, y con ellas hacemos actividades, les llevamos el trabajo de la Federación. Vinculamos a las administraciones y centros laborales con cada una de las problemáticas a trabajar. Es nuestra forma de mantener viva la organización entre las nuevas generaciones.
—Entonces, ¿se puede decir que la FMC es también para la juventud?
—¡Claro que sí! Es una organización para las jóvenes. A ellas las estimulamos para que estudien, se superen profesionalmente. A las que se quedan en casa, las llevamos a talleres de costura, manualidades y otras actividades; pero, sobre todo, las formamos en el trabajo comunitario. No es solo tejer, es también aprender a organizarse, a ser solidarias, a resolver problemas. La Federación es de todas las mujeres, especialmente de las más jóvenes.
—En medio de esta crisis tan dura que vive Cuba, ¿qué desafíos tiene la organización?
—La mujer en la Cuba actual es fundamental. No solo lleva el peso del trabajo, sino también el del hogar, la familia, los hijos. No estoy exonerando a los padres, pero somos nosotras las que pensamos en la merienda, en que el niño vaya con el uniforme planchado aunque no haya corriente, en resolver con lo que se tiene a la mano. La mujer siempre busca soluciones donde no las hay. A pesar de la escasez, ella emprende, se las
ingenia. La mujer es fuerte, se empeña día a día en mantener la unidad de la familia.
«Y el principal reto es mantener a las cubanas unidas y protegidas, que sientan que cuentan con su organización. El desafío más grande para nosotras es seguir enamorando a las mujeres y lograr que las instituciones, los organismos, las empresas y las comunidades entiendan que el Programa de Adelanto a la Mujer no es solo de la Federación, sino un programa de país. Nosotras lo impulsamos, pero los directivos tienen que apropiarse de él, respetar los derechos de las mujeres trabajadoras, sobre todo, en el sector no estatal».
Yanira tiene un mensaje enfático y sentido para todas las mujeres cubanas: «Que no se rindan, que sigan adelante, que la Federación está ahí para respaldarlas. Que el camino no es fácil, pero juntas somos más fuertes. Y que las jóvenes, las nuevas generaciones, son el futuro de esta organización; por eso trabajamos tanto con ellas. La mujer cubana es una revolución dentro de la Revolución, como dijo Fidel, y eso no es un eslogan, es una realidad que vivimos cada día en nuestras comunidades».
