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Daily y su maestro (+Fotos)

En el municipio de Matanzas 24 niños reciben en sus casas las clases mediante la atención educativa a los escolares por la vía ambulatoria

 

Autor:

Hugo García

Matanzas.Daily sonríe. Espera ansiosa. Apenas escucha pasos en el camino, corre a la puerta de su casita de madera y guano. Allí aparece su maestro, Regino Rivas Díaz, con la mochila cargada de esperanza, libros y materiales didácticos. Ella sonríe, porque sabe que ese día volverá a pintar, a contar números, a descubrir el nombre de las plantas y a bailar al compás de la música.

Daily Pérez Torres tiene diez años y un diagnóstico de retraso mental moderado.

Al concluir el curso pasado, su familia temía que aquel privilegio se desvaneciera. Desde que comenzó el 2026-2027, la niña recibe dos veces por semana la visita de su maestro, y cada encuentro es motivo de alegría.

Detrás de la sonrisa que ilumina el rostro de la niña está Regino Rivas Díaz, un educador con 57 años de experiencia, que imparte español, matemática, plástica y música a cuatro alumnos con necesidades educativas especiales de la institución educativa Frank País, de la ciudad de Matanzas. Tres maestros ambulatorios, junto a él, llevan la enseñanza hasta los hogares de quienes no pueden asistir a las aulas por diversas patologías. Esa escuela cuenta con una matrícula de 97 alumnos de primero a sexto grado; de ellos, diez son atendidos en sus hogares, cuatro en zonas rurales.

«Al inicio del curso hubo mucha alegría en las familias y los niños», comenta Regino, mientras coloca la bandera en la pared de tablas de palma, detrás de la improvisada mesita de estudio donde le impartirá conocimientos. La tarea no es sencilla.

Daily tiene necesidades educativas complejas, pero los avances, aunque pequeños, son motivo de estímulo. Regino adapta contenidos de primero, segundo y tercer grado según las posibilidades de cada niño.

Trabaja con materiales didácticos confeccionados por los propios maestros, que se crecen ante las dificultades impuestas por el crudo bloqueo estadounidense que imposibilita adquirir muchas veces todos esos medios de enseñanza.

La niña reconoce algunos números, ha avanzado en el dominio del lenguaje y es más curiosa. Foto: Del autor

Daily ha mostrado progresos notables: es más sociable, disfruta la música, el baile y la pintura, y ha aprendido a reconocer números y palabras. «Le inculco el amor por las plantas y los animales de su entorno», explica el maestro, orgulloso de los logros.

El esfuerzo es enorme. Dos veces por semana, Regino sale de su casa a las seis de la mañana y a veces alguien lo recoge en el camino, pero en no pocas ocasiones recorre a pie los siete kilómetros que lo separan de la casa de Daily, en el poblado de Mena, en el Valle de Yumurí.

Nada lo detiene: la educación —dice— no puede fallarle a los niños ni a sus familias.

«Ser maestro es mi vida», confiesa el Máster en Ciencias de la Educación.

«Es un trabajo hermoso porque vemos cómo llega la alegría del saber a esos niños y la satisfacción de los padres», asegura.

Con Daily, la paciencia se convierte en método. Le cambia las actividades cuando se cansa, le da recesos, juega con ella. Poco a poco, la niña ha avanzado en el dominio del lenguaje y es más curiosa.

«Este es mi tercer curso con ella, noto la diferencia en sus avances y su interés por continuar aprendiendo», dice el maestro.

El maestro le inculca a Daily el amor por las plantas. Foto: Del autor

La familia lo recibe con gratitud. «No queremos que nos lo cambien», insisten los padres, conscientes de que la constancia de Regino es la clave de los progresos de su hija.

En medio de un contexto difícil, donde escasean recursos y el transporte es un reto, la educación sigue presente. La directora, los subdirectores y los metodólogos municipales visitan periódicamente para evaluar el trabajo y constatar los avances. Pero lo esencial ocurre en esa casita humilde, donde un maestro rural convierte cada jornada en escuela, cada palabra en semilla, cada gesto en esperanza.

Regino lo resume con sencillez: «Recuerdo mucho a mis exalumnos, ellos me estimulan a seguir». Y mientras camina bajo el sol del Valle de Yumurí, demuestra que la vocación docente puede vencer distancias, carencias y obstáculos.

Para Daily, esas horas son escuela, juego y descubrimiento.

Poco a poco ha aprendido números, palabras, canciones. Se ha vuelto más sociable, disfruta pintar y bailar, y cuida con cariño las plantas que su maestro le enseña a reconocer.

Regino no es un maestro cualquiera. Es un hombre que ha hecho de la educación su razón de existir. Su fe y su ley se basan en métodos sencillos: paciencia, cariño y constancia.

Rehúye vanagloriarse de sus 22 condecoraciones con medallas y sellos, como la Orden de Tercer y Segundo Grado Lázaro Peña, y de sus innumerables reconocimientos como Vanguardia Nacional del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, la Ciencia y el Deporte (Sntecd). Un verdadero héroe del trabajo que a sus 78 años de edad no renuncia al magisterio.

La historia de Daily y su maestro es testimonio de una vocación que no se rinde: caminar kilómetros bajo el sol, improvisar materiales, sostener la esperanza en cada palabra. Una lección de vida que demuestra que la educación, incluso en los contextos más difíciles, sigue siendo un acto de fe y compromiso en nuestro país.

 

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