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Gustavo Fernández Larrea: «Aprendí a pensar la vida como un humorista»

Gustavo Fernández Larrea, un realizador que ha dirigido importantes y populares proyectos como Jura decir la verdad, o El selecto club de la neurona intranquila, comenta como el humor influyó en su profesión y en el modo de ver la vida

Autor:

Jorge Alberto Piñero (JAPE)

 

—Algunos piensan que Jura decir la verdad, nacido en 2002, fue el primer proyecto de humor que dirigías y tu primera experiencia de trabajo con el género. ¿Es cierta esta afirmación?

—En la televisión, sí. Yo tenía la posibilidad de dirigir programas de la televisión y Ulises Toirac me habló para que dirigiera su proyecto Jura decir la verdad, porque él podía hacer la dirección artística o de actores, pero no podía ponchar cámaras. Entre ambos asumimos ese programa que alcanzó muy buenos números de aceptación popular, también, gracias a la ayuda de Nelita, quien nos asesoró, sobre todo con el resultado de sus investigaciones.

«En realidad, no era primera vez que me relacionaba con el género. El humor me viene de manera familiar, por mi hermano Ramón, quien tenía un profundo sentido del humor; además de dirigir, por mucho tiempo, programas de música y humor en la radio, entre ellos El Programa de Ramón, que se transmitía por Radio Ciudad de La Habana (La emisora joven de la capital). Duró tres años, desde marzo del 88 a marzo del 91, y rompió con cánones establecidos, durante muchos años, en la forma de hacer humor en la radio. Trajo nuevas estructuras, una manera fresca de decir, que por momentos podría ser irreverente y que marcó un hito desde el primer momento. Tuve la oportunidad de estar muy cerca de ese proceso, de participar con ellos, de aprender a pensar y ver la vida como la ven los humoristas. Participé de la grabación de algunos programas, hice personajes… y eso me ayudó mucho a desinhibirme, a desempolvarme y desenfadarme un poco. En su elenco había locutores, actores, periodistas… entre ellos, Alberto de Pérez, María Luisa Morales, Luis Alberto García, Dagoberto, Danilo, que era el locutor, Elvira, Zulema, José Luis Bergantiño, Ulises Toirac, entre otros… o sea, que ya conocía a Ulises y, de algún modo, estábamos identificados con una manera de hacer humor.

«Como todos recuerdan este programa, que se trajo a la televisión como un homenaje al programa radial La tremenda corte, trató en un principio de mantener su contexto de la época y la forma original, incluso se presentaba en blanco y negro (sepia) pero, poco a poco, fue ganando en interrelación con la realidad contemporánea cubana. Comenzó con una duración de quince minutos. No tuvo la aceptación esperada y, gracias a los procesos de investigación que sostenía Nelita con las preferencias del público cubano, fue cambiado al color, pasó a durar media hora de transmisión y fue ganando en aceptación, hasta colocarse como el más popular, entre todos los programas humorísticos cubanos de entonces.

«No podemos negar la estrecha colaboración que teníamos con el Centro Promotor del Humor y sus humoristas, quienes rápidamente le dieron al programa un sentido real de diversión y de una forma de elaboración distintiva, a través de un humor crítico e inteligente».

—Luego de la experiencia del trabajo en Jura decir la verdad, y con este proyecto que ahora diriges, El selecto club de la neurona intranquila, ambos de gran aceptación, ¿cómo piensas que debe ser la relación de los directivos de la televisión con los humoristas y realizadores?

—Pienso que, en primer lugar, tiene que partir de un interés de los ejecutivos de la televisión. Formalizar, en una estrategia de colaboración mutua, una política de programación humorística en nuestros canales televisivos y hacer partícipes a los creadores, o sea, guionistas, actores, realizadores, asesores de todo el proceso a partir de los proyectos y los intereses propios del ICRT.

«Siempre tendremos censura o miradas de “corrección” amparadas en un fin, supuestamente educativo. En muchos casos, no llegaríamos a un acuerdo de ambas partes. Tiene que haber más confianza, considerar que la mayoría de las personas que trabajamos en la televisión, en la parte creativa, tenemos la suficiente suspicacia, inteligencia y cordura para afrontar, con profesionalidad y elaboración nuestros proyectos y eso deben respetarlo o al menos tenerlo en cuenta».

(Fragmento de la entrevista realizada a Gustavo Fernández Larrea, en 2014, para el proyecto de la serie audiovisual Vivir y morir de la risa). 

Constancia y profesionalidad dentro de la televisión cubana

Gustavo Fernández Larrea es un reconocido director de televisión y guionista cubano, famoso por combinar el humor, el conocimiento y la cultura en la pequeña pantalla.

Fue el director de populares programas de la Televisión Cubana como Jura decir la verdad, y El selecto club de la neurona intranquila, espacio que aún se mantiene al aire, luego de muchos años de aceptación por los televidentes.

Nacido en La Habana y criado en Bayamo hasta los nueve años, Fernández Larrea no comenzó su carrera, de manera directa, en los medios. Estudió Pedagogía Superior en Matemáticas y trabajó como profesor, antes de dar el salto al Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT).

Previo a su debut como director de la televisión en 2002, ya había tenido cierta experiencia en el trabajo con el humor en la radio. En varias ocasiones colaboró y vivió muy de cerca el nacimiento y desarrollo del popular espacio de Radio Ciudad de La Habana, El programa de Ramón, que creo y dirigió su hermano, el escritor, realizador y poeta Ramón Fernández Larrea.

Gustavo ha participado en otros proyectos televisivos como el programa Somos Familia, que dirigió, en conjunto, con Ernesto Fiallo, y que fuera una propuesta de verano para el canal Cubavisión, producida por RTV Comercial y Cinesoft.

Ha recibido varios premios, particularmente por la realización de estos programas antes mencionados y por su constancia y profesionalidad dentro de la televisión cubana. 

 

 

 

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