El proyecto sociocultural comunitario Maravillas de la Infancia Cultivador de Sueños celebra un cuarto de siglo este 13 de agosto. Autor: Hugo García Publicado: 11/08/2026 | 09:33 am
MATANZAS.— Al llegar a la villa de estilo neoclásico Quinta Anita, en el consejo popular Versalles, un grupo de niños y adolescentes ensayan para el espectáculo de celebración del cumpleaños 25 del proyecto sociocultural comunitario Maravillas de la Infancia Cultivador de Sueños.
María Eugenia Romero García, su directora, no oculta que entre sus mayores desafíos está recuperar completamente ese inmueble para que se convierta en un centro de esparcimiento y recreo de la comunidad. «Aquí nos sobra amor y en 25 años han pasado más de 5 000 niños», afirma a este diario la Licenciada en Educación y también en Estudios Socioculturales.
«Siempre tratamos que los niños y jóvenes se preparen para la vida», nos dice la miembro de la Uneac y de la Unión de Historiadores, quien se enorgullece de que muchos de los integrantes se hayan graduado de medicina, licenciaturas e ingenierías.
—¿Cómo nace Maravillas de la Infancia?
—Para ser líder comunitaria una tenía que cambiar y transformar el barrio del pueblo que te eligió, porque un delegado no está para esperar que alguien le resuelva los problemas, sino para buscar cómo resolverlos. Me desempeñaba como delegada del Poder Popular de la circunscripción 17, de Matanzas Oeste, en el barrio de Simpson, una comunidad difícil, con muchas problemáticas sociales, con malas relaciones en la vecindad, niños con desintegración familiar o disfuncionales, mucha vulnerabilidad, dificultad con el acceso al agua potable, pocas posibilidades de áreas de recreación, estudiantes frustrados porque no pudieron matricular en la escuela de arte, otros con retardo en el aprendizaje y el lenguaje, o algunos con problemas de conducta.
«Entonces ante esa adversidad dijimos: algo hay que hacer. La decisión no fue mía solamente, empecé a hacer consultas en cada área de la circunscripción y lo que más arrojó fue la necesidad de hacer algo por los infantes, adolescentes y jóvenes.
«Hicimos un diagnóstico y la respuesta fue el nacimiento de Maravillas de la Infancia. Eso fue en julio de 2001, cuando hicimos una prueba con diez integrantes, con la cultura como herramienta fundamental, a través de la danza, la música…, y tuvo éxito. Así, comenzamos rápidamente a fundar el proyecto el 13 de agosto, por el cumpleaños del Comandante en Jefe Fidel. Ese día comenzamos con una gran fiesta y mucho entusiasmo, mucha participación de público, en ese momento era una idea pequeña, que fue creciendo.
«Al principio, estuve varios años en la sala de mi casa, en Manzano, entre América y Compostela, donde ensayábamos y después las presentaciones eran en la calle. Nos facilitaron el cine Atenas, en Versalles, y posteriormente la Quinta Anita, en el que se integran el Centro comunitario Maravillas de la infancia, el Proyecto sociocultural comunitario Maravillas de la infancia cultivador de sueño (desde 2014); tenemos un organopónico muy productivo, para familiares y comunidad, una cafetería con mujeres emprendedoras y el proyecto de desarrollo local Quinta Anita cultivador de sueño».
—¿La familia fue fundamental?
—Desde el principio se sintieron comprometidas y motivadas porque sus hijos y nietos pudieran cumplir sus sueños. Comparten con nosotros niños con autismo, con desintegración familiar, retardo en el aprendizaje y el lenguaje, problemas de obesidad, huérfanos, operados de tumoraciones malignas, diabéticos, hipertensos…
«Continuó Maravillas de la infancia caminando y, a pocos años de creado, en el Museo de la Revolución, nos entregaron el Premio Nacional del Barrio, otorgado por los Comités de Defensa de la Revolución (CDR). En el 2005 nos concedieron el Premio Citma por el trabajo de mayor impacto social y técnico, porque desde que comenzamos no quisimos centrarnos en el arte solamente, con la idea de formar personas de bien, un proyecto integrador, y a partir de ahí comenzaron los círculos de interés, los talleres, sumamos otras manifestaciones como artes visuales y la narración.
«Ha sido un trabajo participativo y constante, en que hemos logrado muchas cosas en estos 25 años. Por eso es un honor que el pueblo nos reconozca, participamos en actos y actividades, festivales, conferencias, realmente estamos respaldados por el pueblo. Tenemos un cuarteto muy prestigioso, un grupo del proyecto visitó Canadá y otro México».
—¿Cómo matriculan en el proyecto?
—A veces los padres nos preguntan por los requisitos y siempre les explico que los proyectos no pueden tenerlos, porque no somos una escuela de arte, por eso es libre para todo el que quiera entrar, porque somos diversos e inclusivos, es decir, posibilidad para todos, reducir las inequidades y lograr que todo sea equitativo.
«Yo digo que en el mundo puede haber muchos problemas, pero lo que siempre queda es lo comunitario. Y lo demostramos cuando la pandemia de la COVID-19, creamos este espacio como consultorio, fabricamos nasobucos, ayudamos a abuelitos vulnerables; cuando el siniestro de supertanqueros estuvimos firmes ayudando con meriendas, atención, con hielo, agua fría, con la parte artística después en los homenajes solemnes.
«Son niños que marcan mucha diferencia por esos valores que muestran. Respeto, valor solidario, la fuerza de crecer y eso se debe a que pensamos que hay que aprovechar las potencialidades y te das cuenta cuanto crecen. No solo hemos crecido en lo cultural, sino en los resultados con el cuidado del medioambiente, el empleo de la energía renovable, con la línea económica productiva porque hoy contamos con un proyecto de desarrollo local, la informática, automática, electrónica, porque los niños saben hasta hacer audiovisuales.
«Habían muchas mujeres tristes, con dificultades y problemas emocionales, y de ahí surgió el Emprendimiento Cultivadoras de Sueños, el cual tributa a la sostenibilidad, porque nunca se pierde el impacto social, lo económico es importante, pero si lo cualitativo no se une a lo cuantitativo, no resulta.
«Hoy hablamos de cambios, y para ello tenemos presente la infancia, la adolescencia y juventud.
«Defendemos la línea socio cultural, trabajamos con las líneas estratégicas del territorio y respondemos a la defensa del patrimonio con la cultura como herramienta de los cambios,
«Hemos sido una puerta para los jóvenes, quienes han sido integrantes del proyecto desde niños y luego se han beneficiado con empleos en estos espacios. Porque son trabajadores en varios oficios y tienen la oportunidad de seguir desarrollándose como artistas aficionados».
—¿Eres una mujer de mucha energía?
—Lo único que le pido a la vida es mucha salud, ya no soy tan joven y a veces llega un poco de cansancio, por eso pido salud mental, soy de carácter muy fuerte, pero trato de tener una sonrisa y ser positiva. Mi perseverancia junto a la de un equipo de trabajo nos vuelca detrás de los sueños cada día.
—¿En medio de la compleja situación no han declinado?
—Seguimos convirtiendo sueños en realidades. En medio de la actual situación no hemos reducido ni limitado nada, al contrario, seguimos con nuestras rutinas diarias, con eventos de formación de capacidad y de otros temas, apoyando a otros grupos. Son tiempos difíciles, pero hay que asumirlos con energía, sin transmitirles a los niños cualquier insinuación de pasividad o derrotismo. Lo que queremos es que sean felices, que sigan sonrientes…
—¿Qué disfrutas más?
—Me planifico muchísimo. Lo que más disfruto es cuando estoy con los niños montando una coreografía o una canción. Las personas ya no dicen el Proyecto Maravillas de la Infancia, sino el de María Eugenia, porque he sido una líder comunitaria que ha logrado que la comunidad reconozca lo que hago. María Eugenia tuvo la idea y ha sido protagonista, eso está bien, pero si no se hubieran sumado otros actores como la familia y la comunidad, que es la esencia fundamental para todo, pienso que no fuera posible.
«Soy madre de dos hijos y abuela de un nieto, la familia tienes que tenerla al lado. Me he dedicado más a otras personas que lo han necesitado que a la propia familia, y a veces mis hijos me lo han dicho, he comprendido que tenía que planificarme más, ha organizarme y darle el valor a cada cosa.
«En el taller Cuéntame de tu vida participan los niños junto a la familia y eso ha resultado porque los otros niños conocen los problemas de los que hablan de sus dificultades y comprenden en qué los pueden ayudar. Después, en el próximo encuentro, vienen con más apoyo material y espiritual para los afectados, eso promueve mejores relaciones humanas.
«Mantenemos vínculos con el proyecto Viajes de buena voluntad, de Canadá, con el francés Brigada Mario Muñoz, y nos han visitado delegaciones de Estados Unidos, Suecia y de varios países de América Latina».
—¿A la vuelta de 25 años de existencia, cuál consideras el mayor impacto del proyecto?
—El mayor impacto es el cambio en los niños que en algún momento han sufrido diversas problemáticas en sus vidas. Las emociones compartidas de las familias, el empoderamiento del grupo gestor, el vínculo con otros proyectos en Cuba y fuera del país.
«En 2017 participamos en Ecuador en el 3er. Congreso del Movimiento Latinoamericano de Cultura Viva Comunitaria, en el que actualmente soy su vocera.
«Estamos contentos, nos fortalece la autogestión, porque no se puede esperar a que otro haga lo que tienes que hacer, contamos con el presupuesto para el pago de los 14 trabajadores y con nuestra cuenta en el proyecto de desarrollo local, los servicios que generamos se ingresan a esa cuenta, la cual también tributa a los beneficios del proyecto».
—¿Legado?
—Vecinos extraordinarios que me apoyaron desde el inicio, confeccionando los vestuarios con recortes de telas, pero se sentía el entusiasmo y los niños eran felices con aquellos vestuarios. Ahora tenemos costureras y trabajamos con el reciclado, y la tercera edad tiene protagonismo con el proyecto Mi corazón toca tu puerta, además el profesor universitario Alejandro Porto mantiene las competiciones de Scrabble. No es un proyecto teórico, sino práctico y está demostrado que el pueblo nos sigue».
