Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Oro o maní molido

El boxeo cubano cumpliría su propósito con dos preseas de oro, pero hasta tan lejos no han llegado para hacer solo lo justo

 

Autor:

Norland Rosendo

TOKIO.― Zarpó el buque más grande del deporte cubano en juegos olímpicos, el mismo que a golpe de puños ha empujado más de una vez a la Isla medallero arriba, por aguas no siempre tranquilas. Con dos preseas de oro cumplirán su propósito, pero hasta tan lejos no han llegado para hacer lo justo, lo mínimo.

Andy Cruz, por ejemplo, tiene un baile listo para cada éxito en los 63 kilogramos. Busca en Tokio la corona que complete un largo ciclo dorado, desde los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Barranquilla. Lo ha ganado todo, y va por lo único que le falta en su aún corta carrera.

No teme a rivales ni presión. A los primeros los vence a puro golpe y a la otra con optimismo. «Los pronósticos no me ponen contra las cuerdas, si a otros los tensa saberse en el ojo de los medios, a mí me estimula», dice el joven matancero, debutante en citas bajo los cinco aros.

«Estamos para dar un paletazo», y su imagen, muy criolla, grafica igual que un recto limpio al mentón de los escépticos las intenciones de los pugilistas cubanos. «Si peleamos finos podemos ganar más de dos títulos», remata.

Él y Julio César son los destinados a hacer la cruz dorada, pero Andy confía en que no serán los únicos, «nos hemos entrenado bien y este es un equipo con mucha experiencia; hay campeones olímpicos, mundiales, no por gusto todo el mundo quiere ganarnos».

Si otras veces, no pocas, los nuestros han tenido que boxear contra dos rivales a la vez: adversario y arbitraje, ahora parece que los imparciales serán más impolutos en su comportamiento, tras los últimos escándalos de la AIBA.

«Esa es otra razón para pensar en más de dos medallas», comenta el inquieto pugilista de 25 años, quien suele escuchar música la noche antes de cada combate, mientras se imagina sobre el ring y visualiza los movimientos previstos según sea el contrario.

«Si los árbitros hacen lo que les toca, será más difícil ganarnos. Con ellos en contra hemos conseguido muchas victorias, así que si actúan con justeza solo tendremos que hacer bien lo que sabemos».

Andy golpea las preguntas inusuales con la misma soltura con que saca sus brazos dentro del encerado. Sus puños llevan la marca de una Cuba que él califica de guerrera.

Sorprende cuando dice que fuera del ring es muy lento, pastoso, y es tal su predilección por el maní molido, que sería capaz de cambiar un oro olímpico por una barra de ese dulce. Reposteros, tomen nota. 

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