Desde el punto penal Kylian Mbappé empató a Lionel Messi en la cima de la bota de oro del torneo. Autor: Diario As Publicado: 04/07/2026 | 10:57 pm
El general Gustavo Alfaro no fue a Filadelfia a rendir pleitesía. Llegó con su caballería, una tropa de 11 hombres curtidos en la épica de la resistencia, dispuestos a plantar batalla contra el ejército más temido del planeta. Y durante 70 minutos, los jinetes de la Albirroja se batieron con la furia de quienes saben que la gloria se escribe con sangre y sudor.
Al otro lado, el mariscal Didier Deschamps desplegó su artillería pesada: Kylian Mbappé, Michael Olise, Ousmane Dembélé. Pero la caballería ligera de Francia, acostumbrada a galopar libre, se estrelló una y otra vez contra el muro de carne y hueso que Alfaro había levantado en el Lincoln Financial Field.
El primer asalto fue un monólogo de impotencia gala. Francia, dueña del balón como el sol es dueño del cielo, circulaba el esférico de un lado a otro sin encontrar la grieta. Olise, el director de orquesta, intentaba hilos imposibles; Dembélé, el extremo eléctrico, se enredaba en la maraña de piernas guaraníes. Y Mbappé, el líder de la manada, era cazado por una defensa que se movía como un solo organismo. El plan de Alfaro era perfecto: defensa de cinco, dos líneas compactas, espacios interiores blindados y la orden de no conceder ni un milímetro. No había delanteros de referencia, solo 11 guerreros dispuestos a morir por cada balón. Y bajo un calor sofocante de 40 grados, Paraguay resistió el primer embate con la entereza de los elegidos.
Pero la guerra no se gana solo con el escudo. La caballería guaraní también sabía herir. Primero con la palabra, luego con el roce. Matías Galarza dejó tendido a Mbappé en una acción sin balón que el VAR no vio. Andrés Cubas, con una falta dura, provocó la primera reacción del francés, que respondió con un empujón y desencadenó el primer tumulto. Las cámaras captaron a Mbappé desencajado, cruzando insultos cara a cara con Junior Alonso. Paraguay estaba tendiendo sus trampas, y Francia caminaba por la cornisa del descontrol. Era la estrategia del general Alfaro: incomodar, provocar, sacar de eje al rival.
El segundo tiempo fue un giro de guion. Deschamps, zorro viejo en estas batallas, serenó a sus tropas en el vestuario. Francia salió a jugar con la cabeza fría, sin morder el anzuelo de la provocación. Y entonces, en el minuto 61, el mariscal movió su pieza clave: Désiré Doué saltó al campo con la frescura de quien no ha librado ninguna batalla. El joven extremo, con piernas nuevas, se movió dentro de la telaraña paraguaya como un fantasma. Y en el minuto 68, encontró el espacio. Un recorte, un desborde, y Diego Gómez, el defensor guaraní, lo derribó dentro del área. El árbitro uzbeko Ilgiz Tantashev, tras consultar el VAR, señaló el punto de penalti.
El momento había llegado. Kylian Mbappé, cargando sobre sus hombros el peso de una nación, tomó el balón como quien empuña una espada. Orlando Gill, el héroe de la tanda contra Alemania, se plantó bajo los tres palos con la mirada de un centinela. Pero Mbappé, con la sangre fría de un asesino a sueldo, engañó al portero y colocó el balón en el lado derecho. Era el 0-1. Era la estocada final. El gol, su séptimo en el torneo, lo igualaba con Messi en la cima de la Bota de Oro.
Los minutos finales fueron una agonía para los corazones guaraníes. Francia, con el marcador a favor, se replegó y esperó. Paraguay, herida pero viva, intentó la épica del último suspiro. Gill, que había sido un muro durante todo el partido, volvió a aparecer para evitar un posible 2-0, mostrando que la Albirroja se ha ganado un arquero para varios años. Pero el gol no llegó. El sueño se desvaneció con el pitido final.
El general Alfaro, con la cabeza alta y el orgullo intacto, abrazó a sus soldados. Habían caído, pero con honor. Su caballería, la misma que había derribado a la tetracampeona Alemania, se despedía del torneo en octavos de final. Francia, en cambio, seguirá su camino. En cuartos le espera Marruecos, el reeditando la semifinal de Catar 2022. Será una nueva batalla. Pero este sábado, en Filadelfia, el nombre de Paraguay quedó grabado en la memoria del Mundial. Porque la caballería del general Alfaro, aunque derrotada, nunca fue vencida.
