Mikel Merino volvió a hacer acto de presencia en los minutos finales para colocar a España en las segundas semifinales de su historia mundialista. Autor: Tomada de Cadena SER Publicado: 11/07/2026 | 01:56 pm
Hay hombres que nacen con estrella y otros que la construyen a base de aparecer en el momento exacto. Mikel Merino pertenece al segundo grupo, ese en el que el destino y la oportunidad se dan la mano para escribir leyendas. El pamplonés del Arsenal, que ya había derribado a Alemania en Stuttgart hace par de veranos y a Portugal en Dallas hace cuatro atardeceres, decidió que Los Ángeles también necesitaba su firma. Y con un gol en el minuto 87 que olía a milagro, España se metió en las semifinales del Mundial 2026 tras un sufrido 2-1 ante una Bélgica que plantó cara hasta el último aliento.
El partido comenzó con el guion esperado. España, fiel a su religión de la posesión, tomó el balón y no lo soltó. Bélgica, herida antes incluso de empezar por la lesión de Youri Tielemans en el calentamiento, se replegó y esperó su oportunidad al contragolpe. Y la primera gran advertencia llegó al minuto 29. Una combinación por la derecha entre Pedro Porro y Lamine Yamal terminó en los pies de Dani Olmo, cuyo disparo fue detenido por Courtois. Pero el rebote, caprichoso, cayó en la bota de Fabián Ruiz, que no perdonó. Llegaba el 1-0 que significaba el primer gol del centrocampista en el torneo.
Pero Bélgica, como los grandes equipos, no se rinde. En el minuto 41, Timothy Castagne levantó un centro desde la derecha y Charles De Ketelaere, el verdugo de Estados Unidos en octavos, se elevó por encima de la defensa para conectar un cabezazo impecable. Era el 1-1. Y con él, la primera grieta en el récord de Unai Simón, que había acumulado 650 minutos sin encajar un gol en Mundiales.
La segunda parte fue un combate de desgaste. España, desconcertada tras el empate, intentó recuperar el control. Bélgica, con la velocidad de Doku y la visión de De Bruyne, creció y puso en aprietos a la defensa roja. Courtois, el muro belga, se multiplicaba bajo palos. Pero en el minuto 71, el destino escribió su primer giro: el portero del Real Madrid se retiró entre lágrimas por una lesión en el muslo. Entró Senne Lammens, un joven de 23 años que debutaba en el escenario más exigente del planeta.
El partido entró en una fase de ajedrez. España dominaba, Bélgica resistía. El tiempo se escurría como arena entre los dedos. Y entonces, cuando el reloj marcaba el minuto 86, Luis de la Fuente movió su pieza clave. Mikel Merino saltó al campo en sustitución de Dani Olmo. Dos minutos después, Pau Cubarsí se animó con un disparo lejano desde fuera del área. Lammens, inseguro, no pudo retener el balón. Y allí, como un fantasma en el área, apareció Merino para empujar el rebote a la red. El Merinazo 3.0, y la clasificación a semifinales, eran una realidad.
«No me lo creo todavía. Hacerlo una vez… pensaba que no iba a tocar hasta dentro de mucho y ocurre otra vez», declaró Merino tras el partido. Y es que el pamplonés, que ya había sido decisivo contra Portugal en octavos, se ha convertido en el superhéroe inesperado de esta selección. El pamplonés ha decidido que los Mundiales se ganan con paciencia y con la fe de quien sabe que su momento llegará.
Ahora, España espera a Francia en las semifinales del próximo martes en el partido más esperado de todo el Mundial. Un duelo de titanes que promete emociones. Pero hasta entonces solo importa una cosa: que el Merinazo 3.0 ya tiene su lugar en la historia. Y que el fútbol, ese artefacto narrativo que a veces se complace en la épica, ha encontrado en Mikel Merino a su escribiente favorito.
