Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Marlon Herrera estremece a Dominicana 

El cubano hizo rugir a un auditorio que no imaginaba una medalla de oro de una manera tan contundente

Autor:

Luis Raúl Vázquez Muñoz

SANTO DOMINGO, República Dominicana.— Marlon Herrera rompió los pronósticos. «Comienza por abajo y ve subiendo», le había dicho el entrenador, minutos antes de la pelea por el oro con el costarricense Alejandro Mora en la división de 73 kilogramos en judo. 

Marlon subió al tatami encorvado, con el ceño fruncido y la barbilla pegada al pecho. En el otro lado, Mora movía los brazos y daba grandes saltos de calentamiento. Transpiraba vigor, fuerza, ganas de combatir y desde el público uno pensó: «Otra pelea larga». Un combate que nadie sabía cómo terminaría, donde ambos contrincantes sujetarían los kimonos en un intento por marcar la iniciativa para luego avanzar en un relámpago. Un combate que a lo mejor se dirimía por una mínima diferencia.

Y así empezó. Los judocas se pararon de frente. Se inclinaron a modo de saludo y el árbitro dio la señal de combate. 

Mora se lanzó cómo un tigre. Apretó el cuello del kimono de Herrera, quiso voltearlo y ahí un jovencito, holguinero, de barrio humilde, que empezó a soñar con el judo a los siete años, le clavó la vista de águila y Mora se fue al piso.

Un rugido estremeció el pabellón de judo del Complejo Olímpico Juan Pablo Duarte. Mora estaba en el piso y su mirada expresaba asombro. Otro rugido más grande apareció de inmediato cuando Marlon Herrera se le plantó encima y lo «llaveó». En ese minuto, los ojos de Mora no transmitían asombro. Su mirada era de angustia, de desconcierto, de buscar en el subconsciente qué habían pasado en poco más de nueve segundos y de dónde había salido aquel barrido que cambió la historia. Tal vez lo haría, pero a esa hora no. No tenía sentido. Porque en ese instante, los jueces decretaban lo que no tenía discusión. Que Marlon Herrera era el nuevo monarca centroamericano de los 73 kilogramos, en medio de una ovación que nadie ni nada pudo detener.

 

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