Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Oposición dura de Venezuela no quiere elecciones

Las legislativas fueron convocadas para diciembre, pero los acólitos de Washington ya las quieren deslegitimar

Autor:

Marina Menéndez Quintero

 

La celebración de comicios legislativos en diciembre podría ser la válvula para desinflar algunos de los globos en los que se ampara la agresión contra Venezuela; pero sus tempranos críticos dejan prever otro periodo de tensiones.

Era de esperar el rechazo de los acólitos de Washington fuera y, dentro del país, el de la derecha extremista encabezada por Juan Guaidó, quien ha tildado el proceso de «farsa»: la estrategia fraguada por sus mentores seguirá siendo desconocer al Gobierno y la institucionalidad pues, precisamente, la elección de una nueva Asamblea Nacional ahora, incluso, más representativa, llenaría el relativo vacío originado por el desacato en que se encuentra el Parlamento actual.

Su inhabilitación por negarse a suspender a tres legisladores cuya elección en 2015 se consideró fraudulenta fue, en su momento, el sostén del que se agarraron los injerencistas actores políticos foráneos para justificar voz y voto contra el ejecutivo de Nicolás Maduro en los organismos internacionales.

En medio de la violencia desatada por aquella oposición extremista en los meses de abril-mayo de 2017, la elección de la Asamblea Nacional Constituyente no solo significó la pacificación del país. Además, dio paso a una instancia nacional con amplio apoyo popular y facultades plenipotenciarias que han suplido algunas de las funciones del Parlamento; otras las ha asumido el Tribunal Supremo.

Ahora se han abierto tantos frentes contra Venezuela, que aquel cuestionamiento parece nada frente a acusaciones peligrosas como la del Departamento de Estado, que tiene a Maduro en lista por estar presuntamente ligado al narcoterrorismo.

Sin embargo, el raudo rechazo de Guaidó y del resto de los partidos opositores que acompañan a Voluntad Popular —su agrupación política— demuestran la importancia del trámite electoral del que también hablan en contra, Estados Unidos y la Unión Europea.

Interesados en la democión de Maduro y no, desde luego, en que se fortalezcan la democracia venezolana y su institucionalidad, estos y aquellos han cuestionado el llamado a las legislativas.

Los motivos para poner peros pasan por la propia inhabilitación de la Asamblea actual: como dicho cónclave no está facultado para hacerlo, fue la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia la que eligió al nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE). Y este, como corresponde, lanzó la convocatoria a comicios.

Ahora la punta de lanza es la composición del CNE y su legitimidad para llamar a elecciones. 

Se pasa por alto, sin embargo, que la renovación del máximo ente comicial es uno de los acuerdos del diálogo entre el Gobierno y los sectores de la oposición que accedieron a la mesa, después de las múltiples trabas que erigieron los otros para darle a Estados Unidos, en bandeja de plata, la excusa que le permitiese una intervención militar directa o, en su defecto, las sanciones financieras que laceran la vida de los venezolanos.

En virtud de esos propios acuerdos, los diputados chavistas que se habían retirado de la Asamblea desobediente e inhabilitada volvieron a sus curules, y se eligió un nuevo presidente del ente (un político de la oposición moderada) en sustitución de Juan Guaidó, siempre ausente pues su interés ha estado en el cargo de mandatario interino que le asignó Estados Unidos, y se la ha pasado haciendo carrera política fuera de Venezuela y, obviamente, del legislativo. 

Tampoco se repara en que las fuerzas chavistas acudirán a esas elecciones con el enorme hándicap de esa guerra de desgaste que no ha dejado gobernar a Maduro, y pueden hallar a un electorado cansado de tantos avatares en el resto de la ciudadanía.

Desde la asunción del sucesor de Hugo Chávez tras la muerte del líder en 2013, la premisa del ejecutivo ha sido la sobrevida del país frente a una agresión multidimensional que lo amenaza todo. La presencia de los candidatos chavistas en las boletas, por tanto, es, más que todo una apuesta por la paz que busca la estabilidad. En las urnas, arriesgan.

El liderazgo derechista, dividido y debilitado como nunca antes, aspira de cualquier modo a mantener los únicos espacios políticos que ha ganado por la vía electoral (la actual Asamblea, mayoritariamente opositora), y desde la cual, a pesar de la inhabilitación, ha bregado para llamar y dar pie a la injerencia extranjera y a la imposición de medidas punitivas financieras contra el Estado.

Por eso, seguramente, rechazan también la decisión de ampliar el número de legisladores con que contará el Parlamento que emane de los comicios de diciembre. Esa decisión busca hacer la Asamblea Nacional más representativa, ha explicado el CNE, al pasar sus escaños de 167 a 227, con un aumento de los votos lista del 30 al 52 por ciento, y una disminución de los nominales del 70 al 48 por ciento. Así, el poder que emane de las urnas será menos hegemónico.

Junto con Voluntad Popular, los derechistas Acción Democrática y Un Nuevo Tiempo dicen que no se presentarán, como han hecho desde que llegó el chavismo al poder ante cada elección que saben van a perder.

En contraposición, otras 86 agrupaciones políticas, 29 de ellas nacionales y otras regionales o sectoriales, se han anotado, lo que da cuenta de la amplitud social y no solo política del legislativo que se elija. Ello debe ser suficiente para entender la hipocresía de quienes tempranamente quieren deslegitimar las legislativas.

Se abre otro periodo de amenazas internas y externas que demandará de los venezolanos equilibrio para meditar, sapiencia para ver bien a la hora de votar, y renovadas fuerza.

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.