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Cuba en el corazón del mundo

La bandera de la Estrella solitaria, nuestro acento idiomático o los pulóveres que nos identifican, se han convertido en un signo de Pare en la ciudad rusa de Sochi. Así lo hemos vivido con muchos delegados de otros países cuando detienen nuestro paso para soltar un «¿Cuba?», y acto seguido cerrar con broche de oro: «¡Fidel!»

Autores:

Yuniel Labacena Romero
Raciel Guanche Ledesma

SOCHI, Moscú.— Dentro del centro de exposiciones de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Sirius, una de las sedes principales que acogen las actividades del Festival Mundial de la Juventud, se encuentra una foto del Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, junto al afamado astronauta soviético Yuri Gagarin. A ella acuden por estos días no pocos delegados de otras naciones que, en medio de tanto desborde tecnológico, se acercan rápido a la fotografía y dejan plasmado con una selfie el momento.

Tampoco es un hecho casual ni aislado que los jóvenes de tantos países del mundo quieran tener un recuerdo de Cuba. En Sochi las muestras de empatía hacia nuestra Isla son continuas e invariables. En cualquier espacio cuando ven nuestra bandera o inquieren de donde somos, se lanzan con elogios desterrados de falsedades.

Recordamos, por ejemplo, la bienvenida cálida y espontánea que nos dieron iraquíes, etíopes y rusos cuando llegamos al aeropuerto internacional de esta ciudad. O como nos sucedió el sábado, minutos antes de la inauguración del Festival, cuando, en pleno paseo cercano al Mar Negro, un señor, tal vez ruso, mientras pasábamos, exclamó la contundente frase de: ¡Patria o Muerte!, de la cual se cumplieron este lunes, coincidentemente, 64 años de su pronunciamiento por Fidel.

En realidad, el sentimiento hacia Cuba rompe la barrera del momento y va más allá de lo histórico. Así lo interpreta Dinara Vorobeva, una estudiante rusa de 5to. año de Relaciones Internacionales y delegada al Festival. En perfecto español, reconoce que admira nuestro país y espera que este gran evento continúe uniendo más a los pueblos de Cuba y Rusia.

Próxima a graduarse como diplomática en una universidad de la región de la Siberia, Dinara comenta que aspira a representar a su país en una de las sedes diplomáticas en América Latina. «Si fuera a Cuba, me encantaría», asegura esta muchacha de 23 años que, además, tiene también raíces familiares en nuestro continente.

«Ustedes, dice, son una Isla que ha demostrado una resistencia legendaria, ejemplo para todos. Pero también tienen gente bondadosa que reflejan los sentimientos y defienden las causas justas con todas sus fuerzas. Por eso en Rusia queremos tanto a los cubanos y mantenemos relaciones de muy alto valor político y social».

Hermandad entre nuestros pueblos

«Cuba me parece un lugar tan fascinante, que siento deseos de conocerla», dice ahora la delegada mexicana al Festival Mundial de la Juventud, Estefany Monserrat Mendoza, la que, aunque nunca ha visitado nuestro país, sí conoce parte de la historia estrecha de hermandad entre ambos pueblos.

Sé que México ayudó mucho en un tiempo a la causa de la Revolución. Y que ustedes también nos han tendido una mano cuando más lo hemos necesitado, enfatiza refiriéndose a la colaboración médica cubana en ese país durante la etapa de la pandemia de la COVID-19. «Por ello digo que somos dos pueblos cercanos en espíritu y corazón», agrega.

De igual forma, asegura que desde que llegó a Sochi el Festival ha superado sus expectativas, pues ha encontrado un evento donde la hermandad entre los pueblos prima sobre todas las cosas. No existe discriminación, al contrario, es una fascinación que sentimos uno por el otro al conocernos, encontrarnos y al saber que no hay límites ni barreras para lo que se proponga la juventud mundial, comenta.

«Simplemente somos de diferentes lugares, pero cuando nos unificamos y hablamos entre nosotros creo que es el lenguaje de la hermandad el que nos mantiene tan conectados, agrega. Y todos deseamos que perviva la hermandad entre nuestras naciones, y que esta a su vez nos vaya haciendo crecer y mejorar».

De igual forma piensa Yandri Luque, delegado ecuatoriano, quien comenzó dejando un saludo a nuestra patria por ser ejemplo que dignifica a las naciones latinoamericanas. «Desde que eres muy niño recibes bombas noticiosas y distorsionadas de Cuba, pero personalmente he conocido compañeros cubanos y tengo un concepto increíble de ustedes, de su calidez humana y de su historia. Son seres muy luchadores e incansables», dijo luego.

Y así la bandera de nuestra credencial, o nuestro acento idiomático o los pulóveres que nos identifican, se han convertido, pudiéramos decir, en un signo de Pare. Así lo hemos vivido con muchos delegados, incluso, con los encumbrados choferes que nos mueven dentro del recinto, cuando detienen nuestro paso para soltar un «¿Cuba?» y, acto seguido, cerrar con broche de oro: «¡Fidel!».

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