Este año Habrá malestar, protestas y luchas, tan necesarias que serían más efectivas con una coordinación de los movimientos sociales y los gobiernos progresistas. Autor: Juventud Rebelde Publicado: 01/01/2026 | 09:20 pm
En absoluto se cumplirá en 2026 el legado de Heinz von Foerster, pero no hay que perderle de vista, porque la sostenibilidad de nuestro planeta sigue dependiendo del hacer y deshacer de la humanidad, sobre todo de algunos de sus componentes que ejercen un liderazgo y lo hacen desde el bando negativo poniendo en riesgo el futuro y haciendo cada vez más duro y doloroso el presente.
En 1960, Von Foerster presentó su estudio llamado Ecuación del fin del mundo, y daba la fecha del 13 de noviembre de 2026. No era mística religiosa, era un modelo del crecimiento de la población humana y había llegado a la conclusión de que, de mantenerse la tendencia, en esa fecha ocurriría el colapso por llegar a un nivel insostenible de densidad.
Su cálculo científico fue erróneo, pero 2026 trae otras rémoras acumuladas que nos mantiene en constante peligro de extinción: guerras, conflictos exacerbados, agresiones e intervencionismos o injerencias que incrementan tensiones, desigualdades extremas entre países y entre las propias poblaciones, embestidas deliberadas o inconscientes a nuestro medio natural, entre otras situaciones que van marcando el devenir de la Tierra.
Una de las predicciones para este año 2026, bien realista dado los acontecimientos que le han precedido, signa con un aviso de ¡peligro!: se intensificará el rearme tecnológico y militar mientras continúan guerras brutales y aumenta la disparidad económica en sociedades donde los intereses geopolíticos de las minorías que deciden no responden a las necesidades de la mayoría ciudadana, lo que lleva, entre otros acontecimientos, a la migración forzosa en todos los ámbitos geográficos del planeta, con el rechazo antihumano que llega a ser brutal como el del Gobierno estadounidense que va transformando la «democracia» icónica en neofascismo.
No es aislada esa tendencia hacia los extremos, este año se viene un avance de las derechas y sus ultras, gobernando en países de América Latina y en Europa, lo que propicia, a la vez, la fragmentación y el debilitamiento de esas regiones frente a las apetencias de un Estados Unidos bajo la égida de la administración trumpianas que seguirá dando zarpazos abiertos o encubiertos para apoderarse de riquezas y plantar tropas que le garanticen control militar. Así continuará haciendo en América Latina y el Caribe bajo el manto del llamado «Corolario Trump» a la Doctrina Monroe.
Habrá malestar, protestas y luchas, tan necesarias que serían más efectivas con una coordinación de los movimientos sociales y los gobiernos progresistas para crear una resistencia efectiva y un valladar al fascismo flotable en medio del marasmo.
Sin embargo, no parece que Europa y el brazo armado de la OTAN en su conjunto perciban esa vulnerabilidad que los debilita más aun cuando son presionados para que aumenten los gastos militares y financien a un Zelensky que les reclama más dinero, diciendo: «Necesitamos ser fuertes en la mesa de negociaciones. Para ser fuertes necesitamos el apoyo del mundo: de Europa y de Estados Unidos», e impidiendo que se llegara a un término pacífico en 2025.
Si Europa persiste en exagerar la supuesta «amenaza rusa», y emprender una guerra avivando sentimientos rusófobos, será entrar de lleno en la catástrofe, sirviendo de carne de cañón a Estados Unidos. Y Rusia ha prometido una respuesta «arrolladora» que ojalá no tenga necesidad de suceder ni en 2026 ni en los años próximos.
La miopía europea no les deja ver que deben resolver los problemas económicos que la aquejan, como que la canasta familiar en el año concluido costó 34 por ciento más que en 2019, según el Banco Central Europeo y crecerá esa disparidad de la sociedad en 2026.
Ningún esfuerzo real o aparente para poner fin a la bestial limpieza étnica, el genocidio que Israel practica en Gaza y contra el pueblo palestino en general, ha tenido frutos de paz y justicia, pero se hace imprescindible en este nuevo año luchar contra la impunidad que lo alimenta y le permite que en los 365 días que se nos avecinan extienda sus agresiones armadas a Líbano, Siria, Irán...
En África también fracasaron los intentos de poner fin a la guerra en Sudán, que extenderá por 2026 la mayor catástrofe humanitaria de la historia reciente. Si bien se logró un precario acuerdo de paz entre Ruanda y la República Democrática del Congo, ese convenio ha sido puerta de entrada de Estados Unidos a las vastas reservas de «minerales críticos» del Congo, una de las apetencias esenciales de Washington y por las que seguirá fomentando crisis en todo el mundo durante 2026. Ahí está lo acontecido en Nigeria, pues finalizando diciembre Trump decidió en un «potente y letal ataque» bombardear al grupo Estado Islámico en el noroeste de la nación africana que había designado como «país de especial preocupación» y esta intervención le llevará a sus abundantes reservas de recursos naturales, petróleo y minería. Casi toda África será foco de interés para Estados Unidos en 2026 con esos propósitos de garantizar el botín de guerra para las compañías estadounidenses.
En 2026, Asia puede ser el núcleo del crecimiento no solo de la región, también del mundo, por la consolidación económica de naciones como China, Vietnam, Malasia, pero esa resiliencia molesta en otros confines y aún en la región, especialmente el creciente y perseverante desarrollo económico y tecnológico de China, que va acompañado de una influencia cada vez mayor en alianzas y bloques integracionistas como la Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) y, por supuesto, en los BRICS.
Esto crea también una fuente de tensiones, de quienes en la región son aliados del llamado Occidente, que encabeza EE. UU., y el tema que en ese aspecto dominará 2026 será Taiwán, a la que Trump anunció que le venderá armas por valor de 11 100 millones de dólares, vulgar provocación para Beijing a pesar de que Washington reconoció hace años la política de «una sola China». Se esperan nuevas tensiones en ese punto cardinal para este 2026.
Al menos estos son los focos a destacar, aunque no los únicos en este mundo que, en general, va mal y está repleto de tangibles crisis de fondo. Pero hay otros protagonistas con una visión alternativa en positivo frente al caos, que pueden abrir una reconfiguración de las relaciones económicas y comerciales.
China mantendrá su paso consistente de principal potencia económica mundial, aunque todavía no se le reconozca, una contribución sustancial al emergente mundo de la multipolaridad, tan necesario y que seguirá fortaleciéndose en la alianza con la otra grande, Rusia, y con India, así como con los demás miembros de un BRICS que crece y se consolida.
Resumiendo, con los pro y los contra de su posible devenir, lamentablemente signado por un Trump en la Casa Blanca y su notoria agresividad, ¿cómo será el año 2026? Será un año «valiente», diría Mafalda, la inteligente y avispada niña creada por Quino, siempre preocupada por la humanidad y la paz mundial y rebelada contra un mundo tan complicado que le estamos legando los mayores.
Un año que no perderá la condición que arrastra un mundo caótico y brutal, donde se mantendrán las guerras y se propiciarán otras nuevas, por eso vale tanto la categoría dada por Mafalda de resiliencia combativa.
La necesitaremos… y seguiremos en la búsqueda de un mundo mejor posible. El 2026 forma parte de una época de cambios que anuncia en un futuro nada inmediato un cambio de época, y esperamos sea para bien.
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