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Lo que no se puede ocultar

Horas después de aprobadas por el Parlamento cubano las transformaciones económicas y sociales, la Presidenta de México calificó la amplia agenda de cambios como algo «que está haciendo el Gobierno de Cuba junto con su pueblo» y que «es importante reconocer»

 

Autor:

Marina Menéndez Quintero

 

LA positiva y enfática posición con que la presidenta Claudia Sheinbaum ha reaccionado a la aprobación en Cuba de 176 medidas que atemperan el orden económico y social de la Isla al momento, no es otra muestra de solidaridad, sino el reconocimiento a la valía de pasos que otros intentan minimizar.

Algo es cierto: se trata de una decisión netamente cubana, con la soberanía que la Isla defiende, y sin obedecer extranjeras. Ello debió ser entendido por todos quienes se han ahorrado comentarios acerca del reciente acuerdo validado por la Asamblea Nacional.

Pero cuando, seguramente interrogada por la prensa, la Jefa del Estado mexicano calificó la amplia agenda de transformaciones aprobadas aquí como algo «que está haciendo el Gobierno de Cuba junto con su pueblo» y que «es importante reconocer», y además brinda información institucional al empresariado de su país para invertir en la Mayor de las Antillas, la mandataria mexicana juzga objetivamente los pasos cubanos recientes y, por ello, contrasta con quienes se apresuran a soslayarlos y son los responsables primeros de la situación difícil que vive la Isla.

Resulta muy digno de tomar en cuenta que Sheinbaum se pronuncie de esa manera, desafiando de algún modo las medidas punitivas estadounidenses que condenan y castigan a quienes las desobedezcan, y razón por la cual el Estado mexicano solo puede cooperar con los hombres y mujeres de negocio de su país que a título personal se interesen en la economía de la Isla bajo el estímulo de las proyecciones anunciadas.

Desde luego que la líder de Morena no es la única en saberse jefa de un Gobierno independiente para desconocer las órdenes injerencistas de Washington.

Aun antes del plan aprobado por el Parlamento cubano es conocida la presencia aquí de industriales del propio México.

Además, muchos empresarios de Rusia —otro país que se sabe y siente libre— han expresado recientemente su deseo de invertir en la Isla.

Así se conoció en el contexto del Foro de San Petersburgo, cita de negocios celebrada hace dos semanas donde el vice primer ministro ruso, Dmitri Chernishenko, copresidente de la Comisión Intergubernamental Mixta entre ambas naciones, informó que «a pesar de la presión externa», las empresas de su país «siguen ampliando su presencia en Cuba y están dispuestas a invertir en proyectos a largo plazo», según los reportes de PL.

Chernishenko habló de las buenas perspectivas en el plano de la cooperación, y aseveró que unas 90 empresas rusas estaban interesadas en exportar a Cuba productos cárnicos, lácteos y pesqueros.

El vice primer ministro cubano y titular de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, Oscar Pérez-Oliva Fraga, quien asistía con él al encuentro dedicado al tema, destacó que ambas naciones tienen experiencia en enfrentar las sanciones de los países occidentales, en particular de Estados Unidos, y señaló que Cuba está abierta a hacer negocios en diversas esferas, incluida la generación, distribución y eficiencia energética y fuentes renovables.

«También están identificadas oportunidades de inversión en un amplio número de sectores (…) en particular la energía, donde estamos abiertos a negocios para la generación, distribución, eficiencia energética y fuentes renovables de energía», señaló.

Además, agregó que las refinerías cubanas están dispuestas a  la cooperación con empresas rusas, con incentivos como la venta directa de combustible a los mercados mayorista y minorista y la eliminación de los impuestos mayoristas a los combustibles, precisó el despacho, que citó al Vice Primer Ministro cubano cuando mencionó también oportunidades en los sectores de turismo, transporte, minería, salud, industria biofarmacéutica e infraestructura como aeropuertos, ferrocarriles y carreteras, así como en la industria agraria y agroalimentaria, especialmente en importación y procesamiento de trigo.

La Helms-Burton rediviva

Claro que Rusia es un país también injustamente sancionado por las medidas injerencistas y de coerción de Washington, lo que distingue la actitud que adopten sus empresas de la que puedan asumir los negocios de otras naciones, que por primera vez serían segregados si la Oficina de Control de Activos Extranjeros (Ofac) del Departamento de Estado estadounidense las «enlista» en sus arbitrarias e ilegales relaciones.

No obstante, los dictados recientes que amenazan a terceros que comercien con instituciones y personas de Cuba ilegalmente colocados por Washington en listas negras en los días recientes no constituyen algo nuevo.

Son un remake de la ley Helms-Burton y un carácter extraterritorial reiteradamente repudiado en la Asamblea General de la ONU cuando cada año, desde hace tres décadas, se pronuncian por mayoría, casi unánimemente, contra el bloqueo a Cuba.

Ese recrudecimiento de las presiones contra foráneos que nada tienen que ver con la hostilidad anticubana de esta administración estadounidense ha sido la causante de que firmas importantes como la canadiense Sherrit, que tenía inversiones en los sectores energético y minero abandonaran sus negocios en la Isla, posición que también se vieron obligados a asumir los entes de la hotelería española, entre quienes se encuentran los pioneros en acudir al recién abierto mercado cubano en los años 90.

Firmas de Canadá y hasta Australia, entre otras, también vinieron a Cuba luego de la primera ley cubana para la inversión extranjera.

El peso de las medidas de inmerecido e ilegal asedio de Washington en el golpeado sector económico y comercial cubano puede palparse claramente en la asistencia foránea a la Feria de La Habana de 2025, pese a que ya la administración republicana había dictado las 243 medidas que, desde su llegada al poder, recrudecieron el bloqueo.

Para entonces, noviembre de 2025, estaban establecidos en la Isla 376 negocios con capital extranjero, procedentes de 40 países. Ese año se habían aprobado 32 nuevos negocios con la Isla, con un capital comprometido de 2 100 millones de dólares, según reflejó la prensa cubana.

Actitudes consecuentes

Entonces, no debe extrañar que solo el Departamento de Estado de EE. UU., mediante un portavoz, se apresurara a emitir un criterio que minimiza y desconoce la trascendencia de las medidas recién adoptadas de manera libérrima por Cuba, en materia económica.

Esa actitud amerita el comentario formulado por nuestro canciller Bruno Rodríguez Parrilla en su cuenta de X: «Cuba diseña y propone soberanamente los cambios que urge aplicar para remontar la crisis impuesta por la agresividad externa y las insuficiencias internas sin más permiso que el de su pueblo».

 

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