Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Atentado al pudor

Autor:

Luis Sexto

«Da grima», dijo un lector al comentar la pérdida de tomate por falta de envases y de transporte. Luego me miró como buscando asentimiento y añadió: «Ya usted ve, la agricultura empieza a responder y otros quedan con los brazos cruzados». Este columnista, que creía haber hallado el tema de su obligación semanal, le pidió permiso para usar esas palabras, y dejó la opinión propia para este espacio.

Quizá ya no sea pertinente calificar lo que pasó con esos volúmenes de tomate en la provincia de La Habana, que JR investigó, y publicó el domingo 31 de mayo. Lo más procedente, y también lo más difícil, sería preguntar por qué siguen pasando hechos que tanta «grima» inspiran. Nos siguen como fantasmas de pasadas insuficiencias y equívocos. Si cuantos tuvieran que ver con el problema se avergonzaran, quizá las palabras más severas de nuestro idioma pudieran servir para corregir una cadena de entuertos que casi nos obligan a dudar de que vivamos en un país racional. Racional, digo, pues lo primero que recomienda la razón es prever las consecuencias de cualquier acto. Lo sabemos: facultad distintiva de los seres humanos es el proyectar, anticiparse. Y al pronosticar una alta cosecha, porque la agricultura, como la princesa dormida del cuento, ya al parecer encontró en parte los principios estimuladores que la besen y reanimen, qué hacer si no prepararse para recibir el primer bostezo de quien despierta.

Pero, siguiendo la idea, no creo que se sonrojen muchos de cuantos se implican en estos resultados tan nocivos, decididos o condicionados por una voluntad que asume la omisión como un acto, un acto que al «no hacer», deshace. Posiblemente oigamos alguna excusa, algún «las cosas no fueron así»... Desde luego, los actos humanos son juzgados por sus consecuencias a pesar de las intenciones de quienes los ejecutaren. Y cientos de toneladas de tomates —podridos sin haber llegado a consumidores necesitados— no merece recibir otro calificativo de la gente que ese «da grima» de aquel lector, cuando comentó ese día, en el estanquillo, la noticia más impactante del periódico.

Perdonen a este comentarista. No quiere hacer «puré» de tomate con los errores y sus comisores. Más bien, me doy cuenta de que el país necesita un reajuste en sus estructuras, para que permitan la aparición de pequeños núcleos municipales capaces de responder a las necesidades de la localidad sin esperar respuestas de otras áreas, de otros niveles. Entre centralizar y descentralizar existe una puja que aún nos entretiene, como si el país pudiera estar constantemente cambiando de «palo pa’ rumba» como un bailarín entusiasta e incansable. ¿Es inconveniente centralizar? ¿Es negativo descentralizar? En los extremos ambas operaciones resultan dañinas. Posiblemente, no podremos centralizar todas las soluciones; ni tampoco habremos de descentralizar todos los problemas.

Habrá, en cambio, que actuar justa y equilibradamente alguna vez. Y quien se resista por causas «ideológicas» —váyase a saber de qué ideología se trate— tal vez se adscriba a lo que un día llamamos en este espacio «estrategia de la indiferencia», esto es, permanecer impasible ante el derroche, la desidia, la inoperancia. Ninguna idea política logra ser válida si como mínimo no ayuda a transformar la vida, que parece ser renuente a tolerar la parálisis y la manipulación.

Sugiero fijarnos en que un riesgo nos amenaza según estos hechos prosigan repitiéndose. Porque si campesinos y trabajadores agrícolas empiezan a aplicarse a la tierra con fervor, y la productividad aumenta a causa de que hasta cierto punto, con las decisiones aplicadas hasta hoy, las fuerzas productivas se destraban un poquito, permitir que una porción de la cosecha se pierda esperando envases o medios de trasladarse a mercados y fábricas, implica una nueva traba que viene a entorpecer el camino allanado. Y pregunten, pregunten si estas cosas no quitan entusiasmo, ganas de trabajar y fe en el trabajo.

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.