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Vehículos estatales: ni paran ni pasa nada

Autor:

Yudaisis Moreno Benítez

«La parada se pone como se pone. Desde la cinco de la mañana me levanto, y poco después de las seis estoy parando a todo el que pase con capacidad para trasladar al menos a un pasajero. Y los tengo fijos, cuando estuve de vacaciones me extrañaron y me preguntaban por WhatsApp,
¿cuándo me incorporaba?».

Esta vez no es mi voz, es la de un inspector popular de transporte, de los ubicados en uno de los casi 30 puntos de embarque de la provincia de Artemisa, y desde ese espacio es útil a obreros, madres con niños en brazos, abuelos que viajan diario, pioneros, estudiantes, maestros, constructores…

«Me da una tristeza y un dolor ver los carros estatales que pasan vacíos; somos inspectores estatales, no muñecones de circo y tenemos muy poco apoyo. Aunque envío las chapas de quienes desobedecen, no tenemos respuesta de qué sucede, y no pasa nada, vuelven a pasar y no paran».

Hace años Osiel Fernández presta ese sensible y necesario servicio en Bauta, «mientras otros como Mario se distinguen en San Antonio de los Baños; Carmen, en Cuatro Caminos, Guanajay, y hay muchos muy buenos en Mariel», me comenta el propio bautense.

No es una iniciativa de 2024, ni mucho menos una ocurrencia de la empresa de Transporte, más bien es copia de una acción que ya tuvo muchas bondades en tiempos complejos de la misma Cuba, durante sus peores momentos en cuanto al traslado de pasajeros, por las limitaciones ya conocidas y los altos precios de privados, también conocidos.

Pienso, como Osiel, que volver a concientizar a los choferes estatales y a sus jefes, o quizá viceversa, de la sensibilidad y la importancia de «dar botella» debe ser asignatura aprobada.

Toca ya exigir y adoptar medidas ejemplarizantes, como esa que él mismo solicita para un chofer que cada día deja a su paso a decenas de estudiantes, y aquella mañana, «sí partió el bate»: no paró para trasladar a una mujer con un niño en brazos, quien solo quería ir de Bauta hasta el consultorio de Rosa Marina, a un kilómetro, comenta ya un poco molesto.

Y mientras le escuchaba, recordé cierta vez que tuve en mis manos una lista de chapas de vehículos que burlaron la señal del inspector. Había de todo. Se marcaban sectores que mucho hacen cada día por la economía de este país, desde su empresa o su industria; otros distinguidos con medallas y hazañas por sus aportes a la provincia, pero, lo más simple, ayudar a la «gente de a pie», literalmente, se les hacía complejo.

Como Osiel, esta vez pido ser consecuentes. No separar visión y misión, no la del centro estatal, sino como seres humanos de la propia isla chiquita, que es el barrio, el municipio, la provincia.

Tal vez, cada jefe debe buscar las estadísticas de cuántos pasajeros han trasladado sus choferes o ellos, simplemente; tal vez, Osiel, Carmen, Mario… deban ponerle estrellitas a los más solidarios.

Puede ser que haya quien aporte otras ideas, no hay normas, pero lo que sí debemos cambiar de inmediato es la disyuntiva que titula este comentario hecho a cuatro manos con la colaboración de quien siente su oficio como uno de los más humanos. (Tomado de El Artemiseño)

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