Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Lo que nos une

Autor:

Raciel Guanche Ledesma

BEIJING, China.― A Cuba la separan de China ―entre mar y tierra― unos 13 500 kilómetros, una vuelta completa a las manecillas del reloj y un inusitado tránsito por los husos horarios, que permite contemplar desde el aire un doble amanecer.

Llegar al corazón de esta ciudad resulta agotador, desgastante. Solo encuentras alivio al cansancio —en parte—, cuando el «monstruo» de acero con alas desciende los 39 000 pies y pone fin a la travesía.

Uno piensa que tan lejos de las raíces encontrará únicamente diferencias de todo tipo, desde lo físico hasta lo cultural, y es lógico que lo asimilemos así, pues se trata de una civilización con más de 5 000 años, asentada en el lejano oriente de Asia. Nos separan costumbres, modos de vida y hasta el exceso de picantes en las comidas.

Pareciera, fríamente, que nuestros pueblos no tienen que ver el uno con el otro; como si la milenaria muralla se hubiese extendido de sus límites protectores para aislar a esa histórica cultura de nuestro continente. Pero nada más alejado de la verdad que ese razonamiento.

China tiene otra riqueza que sobrepasa su desarrollo económico y la magnificencia que conocemos en la actualidad. Es simbólica, espiritual, y logra tender puentes y acortar cualquier distancia geográfica.

En una ciudad inmensa como Beijing, donde la modernidad casi no deja espacio al vestigio de los templos, tal vez lo que menos espera el visitante es encontrar un pensamiento, una idea, un mensaje que conecta con su esencia.

Aunque lejanas, de un extremo a otro del mundo, aquí Cuba no es una tierra extraña ni desconocida. Lo demostraré también en esta columna durante los próximos tres meses, porque hay franjas y rutas abiertas entre las dos naciones que llevan tiempo y son históricas.

Sangre china corrió por los campos de la manigua cubana, y, poco más de un siglo después, la Mayor de las Antillas se convertía en el primer país de Latinoamérica en establecer relaciones diplomáticas con el Gigante asiático.

Quizá, como en pocos países, en China se comprende al detalle la dimensión del ADN cubano. Hay puntos de contacto en la historia de los últimos dos siglos. Se lo escuché decir aquí a un hombre esbelto, profesor de Español en la Universidad de Beijing. Chang Fuliang es su nombre. Con la pasión de los veteranos, reconocía ante un grupo de periodistas de distintas naciones que acá se comprende «perfectamente al pueblo cubano porque también sufrimos en otros períodos la injusticia de un bloqueo».

De estas tierras nace empatía y respeto por la Isla. Lo vi en los ojos de Chang, pero también en otros que se acercan con absoluta bondad.

Hay destinos así, que invitan a repensar las percepciones y a preguntarnos: ¿realmente somos dos pueblos distantes? 

(*) En su traducción al español es similar a Vuelo al Dragón.

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