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La salud va primero

Para lo OMS son requisitos imprescindibles para gozar de salud sexual desarrollar un enfoque positivo y respetuoso de la sexualidad y la posibilidad de tener interacciones eróticas placenteras y seguras, libres de coerción, discriminación o violencia

Autor:

Mileyda Menéndez

La sexualidad no es distracción ni actividad de medio tiempo: es una forma de ser.

                             Alexander Lowen

Aunque la Salud Sexual y Reproductiva (SSR) tiene una fecha especial en el calendario de celebraciones internacionales (el 4 de septiembre), también se trabaja esta temática en las campañas y acciones educativas asociadas al 7 de abril, Día Mundial de la Salud.

Como dimensión clave de la condición humana, la sexualidad define en gran medida la calidad de vida de todas las personas. Asumida, por supuesto, en su complejo sistema de relaciones entre familia, identidad, emociones y erotismo.

Incluso si una de esas áreas nos parece menos importante, por nuestra historia de vida o circunstancias actuales, su estado de desarrollo influye, para bien o para mal, en el bienestar físico, emocional, intelectual y espiritual. El nuestro y el de las personas con quienes interactuamos en casa, en la comunidad, en el centro de trabajo o estudio y hasta como consumidores de bienes y servicios.

Numerosas expresiones populares dan cuenta de cómo una carencia en algunos de esos componentes de la sexualidad afectan las expresiones y la conducta cotidiana. No pocas de esas frases son condicionadas por estereotipos culturales, incluso pueden ser discriminatorias e injustas, pero si hacen mella en nuestra salud general, o la sexual en particular, es porque en el fondo sabemos que hay algo de razón subjetiva en lo que reflejan.

Tomemos, por ejemplo, la idea de que personas taciturnas y solitarias (no sin pareja, que es otra cosa) son de difícil trato y se enferman por todo. O que las embarazadas son muy sentimentales y crean tormentas en vasos de agua cuando las hormonas se revuelven.

Incluso las referencias a la mala o buena suerte de los feos en el amor, o a la inestabilidad romántica durante la adolescencia (entre otras muchas), son saberes populares, con una moderada base científica y un gran edificio encima de tradiciones, profecías autocumplidas y tendencias aceptadas sin análisis crítico.

A la larga, procesar todo eso que creemos saber y no cuestionamos cuando lo vemos en memes, películas, canciones, consejos de amistades o imposiciones familiares, muchas veces termina mellando nuestra salud, ya sea por el esfuerzo de acatar esos moldes (hombres que procuran tener muchas relaciones para remarcar su virilidad, o que no se revisan la próstata de manera preventiva), o por el sufrimiento de identificarnos con diferencias para las que no nos preparan de manera asertiva, sino que se manejan desde el estigma, el miedo o la intimidación.

Para la Organización Mundial de la Salud (OMS), promotora de ambas celebraciones, son requisitos imprescindibles para gozar de salud sexual desarrollar un enfoque positivo y respetuoso de la sexualidad y la posibilidad de tener interacciones eróticas placenteras y seguras, libres de coerción, discriminación o violencia.

En Cuba se organizan ferias y talleres para promover la salud sexual y reproductiva en todas las edades, especialmente en la adolescencia y la juventud. Foto: Abel Rojas Barallobre

¿Quién nos prepara para ello? ¿Cuándo empieza ese entrenamiento? ¿Qué elementos de cada área debemos ir incorporando en el trato con nuestros menores, antes de que la vida les dé un susto que paguen con su salud, o hasta con su vida?

Estas preguntas aún no encuentran consenso en la sociedad, y por las noticias del mundo es posible entender que tales lagunas no están relacionadas con la idiosincrasia latina, el nivel socioeconómico o el sistema ideológico imperante.

Son cuestiones más antiguas, raigales a la esencia humana, urgidas hace milenios de un trato más honesto y centrado en lo que importa de verdad: una vida feliz y en armonía con la naturaleza, de la que somos parte, no dueños.

En cambio, seguimos un peligroso camino de disonancia entre lo que sabemos, queremos y hacemos. Un tortuoso vivir como seres sexuados abochornados de lo obvio y esclavos de lo superfluo cambiante, como la apariencia, las destrezas amatorias, la posición social, las jerarquías familiares…

De todos esos temas es bueno hablar en casa y en los colectivos habituales. Y lo perfecto es hablarlo siempre sin tapujos, para que el bienestar sea la meta de todas nuestras elecciones y conductas.

Pero si crees que tienes otras prioridades, al menos aprovecha estos días, cuando el calendario marca momentos de reflexión sobre la salud, para crear nuevas rutinas a favor de esa, tu pertenencia más valiosa. Porque, si no te sientes bien, nunca harás nada bien. Ni el amor.

 

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