D.A.: Tengo novio hace algunos meses, pero me siento insegura con él y lo demuestro a diario con ataques de celos. Le digo que es amor y miedo a perderlo, y él me dice que es inmadurez y toxicidad, que vea menos dramas de YouTube porque me tienen pensando en fantasmas. En las fiestas es difícil no terminar disgustados por mi conducta con otras muchachas. Quiero controlarme y no puedo, él dice que, por mucho que yo le guste, no va a soportarme más. Tengo 19 años.
Aunque los celos no siempre responden a una infidelidad real, a veces las acciones de la otra parte despiertan inseguridad sin que sea su propósito. Además, las discusiones nunca son de un solo lado: él sí podría colaborar a tu bienestar emocional con un diálogo sistemático para evitar lo que te desequilibra.
No obstante, para llegar a ese punto en la relación, debes reflexionar también sobre el peso de tus reacciones en su manera de responder a provocaciones ajenas, porque tu temor a perderlo puede acelerar que esa profecía se cumpla.
Valora cuánto de lo que te preocupa está solo en tu imaginación, tus interpretaciones sesgadas, y esfuérzate en encontrar el origen de esos escenarios que proyectas en él. ¿Acaso una relación anterior? ¿Una dinámica en tu familia? ¿Algo que cuentan personas malintencionadas? ¿Culpa por no ser del todo leal con tu pareja y sospechar que lo sepa?
Visto desde la perspectiva del sicoanálisis, los celos no siempre responden a un irrespeto del otro: puede ser tu propio deseo de ser infiel, o que esa persona, cuya cercanía te irrita, provoca mucha admiración por sus dones y crees que saldrías perdiendo en caso de que tu amado lo perciba.
Tal vez necesites dialogar con alguien en quien confíes o asistir a una consulta sicológica para dar sentido a esas emociones y curar sus raíces. Los celos aparecen desde la infancia, y aprender a gestionarlos por el bien de la relación con tus seres queridos es parte del desafío de vivir en una sociedad tan interconectada y llena de oportunidades para multiplicar afectos.