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Predicción sobre la colina

El 15 de septiembre de 1973 Fidel fue al encuentro de combatientes vietnamitas en lo alto de una histórica elevación en Quang Tri. Desde allí miró al sol y descubrió, en su luz, al Vietnam asombroso de nuestros días

Autor:

José Llamos Camejo

Es el 15 de septiembre de 1973 en la provincia vietnamita de Quang Tri. El entonces Primer Ministro del Gobierno Revolucionario de Cuba, Fidel Castro, está en la Colina 241, enclave estratégico arrebatado meses antes al enemigo en enconada batalla, reconocida entre las grandes proezas militares de los combatientes del Frente Nacional de Liberación de Vietnam del Sur.

A unos 15 kilómetros del lugar, desde la otra orilla del río Ben Hai, los cañones apuntaban hacia Quang Tri. De este lado, las minas sin explotar disputaban espacio en los arrozales. La muerte asechaba desde el aire y el mar, desde el suelo y el cielo.

Rodeado de protagonistas de la batalla, junto a quienes levantó  la bandera del Frente de Liberación de Vietnam del Sur, el líder cubano, único dignatario que se arriesgó a visitar ese país en medio de la guerra, fija la vista en el horizonte y ante sus ojos floreció el país que hoy asombra: «un sol brillante se levantaba en el horizonte… el porvenir de Vietnam es tan bello como este sol que nos recibió».

Monumento de la Aspiración a la Reunificación, situado en el lado sur del río Ben Hai. El conjunto muestra seis penachos de cocoteros, árbol típico del sur de Vietnam. En el centro las figuras de una madre y su niña miran al norte, en espera de la reunificación. Foto: Tuan Anh

Tras 81 días de cañoneo implacable, Quang Tri emergió liberada, pero arrasada. Nada parecía intacto, salvo el espíritu de las tropas y el optimismo del insurgente que recorrió 20 000 kilómetros para llegar hasta allá, a palpar con sus propios ojos «la magnitud del crimen cometido contra este pueblo». 

Dong Ha era una ciudad fantasma, pero una, solo una de las tantas urbes reducidas a escombros en la nación anamita. «No quedó en pie una sola vivienda, un solo edificio, una sola construcción, una sola escuela, un solo hospital», denunció Fidel desde el mismo sitio en el que vislumbraba un Vietnam distinto en el horizonte. Cómo no recordarlo ante el país que redita en el terreno económico las hazañas de Saigón, Quang Tri y Dien Bien Pu.

En el último cuarto de siglo la nación indochina le imprimió un ritmo de crecimiento anual superior al 6,3 por ciento al PIB. En ese período casi 30 millones de personas salieron de la pobreza, el ingreso per cápita de la familia creció aceleradamente, la salud pública mejoró, tras un esfuerzo que el Fondo de Patrocinio de la ONU recomienda como «modelo a seguir».

Una vista del sector nordeste de la ciudad de Dong Ha. Foto: Tuan Anh

Una evaluación en ciencias y matemáticas, realizada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), ubicó a Vietnam en el duodécimo puesto, por encima de Estados Unidos, que ocupó el lugar 28. Los vietnamitas superan el promedio mundial de gastos en educación, actividad a la que dedican la quinta parte del PIB, cuyo indicador rebasó los 220 000 millones de dólares, para un alza del 6,81 por ciento en  2017, cuando sus exportaciones ascendieron hasta 214 000 millones.

Su economía, de mercado y orientada hacia el socialismo, tiene vasos comunicantes con los hogares, los programas sociales y los bolsillos del vietnamita. En cualquier lugar del país el visitante percibe disímiles expresiones del bienestar de la población y lo pueden atestiguar los cerca de 13 millones de turistas que recibió Vietnam el pasado año.

Sinfonía fascinante

A partir de las siete de la mañana la capital de Quang Tri regala una sinfonía fascinante. Dong Ha vuelve a ser, en ese concierto, una, solo una de las tantas ciudades signadas por la dinámica social y económica que dicta el curso indetenible de la nación.

Calles inundadas de autos y motos, construcciones en marcha por doquier, escolares en busca de las aulas, fábricas y talleres al romper el silencio, y hombres y mujeres raudos a iniciar la jornada o en busca de los mercados, que no tardarán en abrir.

El antiguo puente Hien Luong, sobre el río Ben Hai; al fondo el Monumento a la Aspiración a la Reunificación. Foto: Tuan Anh

El ajetreo parece infinito en las primeras horas del día y al final de las tardes aparece otro elemento revelador del espíritu vietnamita: las sonrisas; no caben en las aceras, sin ellas estaría incompleto el paisaje.

Todavía no sé cómo Nguyén Hoán y Lé Quang descubrieron mi procedencia en una de esas aceras repletas de gente, en Dong Ha. No nos conocíamos, pero se acercaron con el júbilo de quien encuentra a un amigo de siempre. Hablaban en voz alta: ¡Cuba, el Che Guevara, Fidel!

¿De dónde habrá salido esa química hermanadora? ¿De qué estará hecha esa sustancia impregnada en el corazón de cubanos y vietnamitas? Hoán y Lé Quang, tal vez sin saberlo, citaron a los autores, yo le agrego a Pham Van Dong, Vo Nguyen Giap y al Tío Ho, forjadores de una amistad entrañable y del país impetuoso que llegó a la pupila del Comandante un amanecer de septiembre. La bandera de ese país, la del Vietnam que soñó Fidel, flamea victoriosa en el paralelo 17, cerca del puente sobre el río Ben Hai.

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