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Trump, entre libros molestos y mítines fracasados

Dos libros diciéndole verdades, unidos en el fin de semana a un estadio más que medio vacío en Tulsa son cucharadas de acíbar para un paladar que solo quiere lisonjas y asentimientos

Autor:

Juana Carrasco Martín

A Trump le aprietan los zapatos, y cuán difícil es caminar en una situación como esa.

Dos libros diciéndole verdades —el de su exasesor de seguridad nacional y compinche de malas mañas, John Bolton, y el de su sobrina, Mary Trump, de seguro aireando trapos sucios familiares—, unidos en el fin de semana a un estadio más que medio vacío en Tulsa (6 200 presentes de 19 000 capacidades en la arena de Oklahoma), son cucharadas de acíbar para un paladar que solo quiere lisonjas y asentimientos.

Lo peor: está a poco menos de cinco meses del 3 de noviembre, el día que tenía apuntado en su calendario para disfrutar una segura relección, en lugar de un check mark que confirme el ¡Yeees!, ahora aparece el signo de interrogación; aunque los resultados también dependen de cómo marchen los demócratas, cuyas divisiones internas no han sido zanjadas…

Trump ha ido acumulando problemas, y su soberbia y egocentrismo le lleva a disparatadas respuestas. Para citar las más recientes y todavía en plena evolución, está el lamentablemente bien ganado America First con la propagación de la Covid-19 en Estados Unidos y el rebrote en al menos 12 estados que apostaron por la reapertura; y la respuesta represiva y racista a las protestas contra la brutalidad policial y la discriminación fanática y extremista.

La incompetencia del mandatario se ha exacerbado en la misma medida en que se enfrenta al mundo con declaraciones, improperios, sanciones, amenazas y agresiones contra organismos, naciones y otros gobernantes o personalidades.

Mucho de ello lo ha traído el volumen de Bolton que, por grandes esfuerzos que hizo la Casa Blanca, no ha podido detener. Trapisondas y confabulaciones, intromisiones, injerencias, extorsiones. Hay de todo. Y como el exasesor no es remiso a exponer sus propias infamias, al considerarlas apropiadas para el mantenimiento del imperio, exhibe también las de su exjefe, al que considera incoherente e inepto para el cargo.

El capítulo dedicado a Venezuela es una joya de ignominias en la actuación de un Jefe de Estado contra un Estado soberano e independiente al que considera no solo «enemigo», sino «parte de Estados Unidos», por lo que el resto de los vecinos del sur también son piezas de «su territorio» tal y como pregonan en el nombre de su nación y proclamaron bien temprano con la Doctrina Monroe que esta administración ha sacado del cajón de las inmundicias.

Que diga que el inquilino de la Casa Blanca considera que todo lo que toca el presidente francés Emmanuel Macron «se convierte en mierda», es apenas un entremés del libro de Bolton para el gran banquete que se avecina cuando se conozcan los pormenores de la otra obra prometida, para un verano especialmente complicado y caluroso.

Simón & Schuster, también editora de este segundo texto, programa sacarlo a la venta el 28 de julio, a pocas semanas de la Convención Nacional Republicana que avalara a Trump como su candidato a las elecciones presidenciales de este bisiesto 2020.

Puedo suponer que debe tener pesadillas con la obra de la sobrina, y de seguro es uno de los monstruos-fantasmas que le dan escalofríos y lo mantienen taciturno, como se muestra en no pocas de las imágenes más recientes del Presidente.

«No se le permite escribir un libro», dijo Trump en una entrevista con Axios, porque ese plan de detallar su vida familiar viola un acuerdo de confidencialidad. Aclaró que el convenio lo firmó con la herencia de su padre —Fred, el hermano mayor de Donald, recientemente fallecido—, y le impide publicar cosa alguna relacionada con el presidente y otros miembros de la familia.

Parece que Mary Trump sabe, mucho y malo, de su clan familiar con sus 55 años de edad, y  el título del texto es  prometedor en ese sentido: Demasiado y nunca suficiente: cómo mi familia creó al hombre más peligroso del mundo («Too Much and Never Enough: How My Family Created the World’s Most Dangerous Man»).

Según publicó The Daily Beast en el momento de dar a conocer la existencia del vademécum, no precisamente como catálogo de medicamentos y tratamientos sanadores, sino compendio de las interioridades de los Trump, la sobrinita es la fuente primaria de la investigación que el diario The New York Times ha hecho sobre los impuestos del magnate-presidente, además de que pondrá al descubierto «desgarradoras y salaces» historias del clan.

El diario neoyorquino, que se ganó otro Premio Pulitzer por esas revelaciones, apuntó que Trump estaba involucrado en esquemas tributarios «fraudulentos» y había recibido más de 400 millones en dólares del imperio inmobiliario de su padre.

El término de «salaces»  empleado por The Daily Beast tiene como sinónimos: lujuriosos, lascivos, libidinosos. Si especulamos un poco, quizá por ahí hay secretas historias de cuando Trump frecuentaba en Palm Beach, Florida, la residencia de su amigo multimillonario Jeffrey Epstein, el depredador sexual, condenado y convicto por tráfico y abuso sexual de menores, cuya fortuna y amistades, dijo en su momento BBC Mundo, parecían haberle librado de penas de cárcel más graves.

Pero Epstein no se libró de la muerte, fue encontrado convenientemente muerto en su celda del Centro Penitenciario Metropolitano en Manhattan en la mañana del sábado 10 de agosto de 2019.

¿Será ese algún capítulo explosivo en el libro de Mary Trump? Ya veremos. Sin embargo, todo parece indicar que los trapos sucios corresponden a actuaciones dentro de la familia y el trato insensible con esta rama de los Trump.

The Daily Beast dice: «La mala sangre entre el presidente Trump y su sobrina se remonta a 20 años atrás, a la lucha por la voluntad de Fred Trump, padre, y las acciones que tomó para cortar el apoyo financiero y médico para el hijo enfermo de su hermano. Ahora la disputa está a punto de extenderse al ojo público durante un año electoral crítico, con el presidente luchando por apuntalar su popularidad desplomada».

El canto infantil se transforma y en lugar de «Mary tiene una ovejita», pudiera decirse «Mary tiene una sorpresita».

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