Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Sotomayor le temía a las alturas

Autor:

Víctor Joaquín Ortega

Javier Sotomayor, en medio de sonrisas que van más allá de los labios, confiesa: «Le tenía miedo a las alturas…». Uno mueve la cabeza, piensa sin llegar al comentario hablado: si no le hubiera temido, ¡cará…! El Soto agrega: «Fue Godoy, mi entrenador de entonces, quien me quitó el susto. Era otro padre para mí…».

¡José Godoy…! Era mi amigo. Esculpía las habilidades y el alma. De un hogar apabullado por la miseria y el racismo, le llegó la alegría de 1959 que, en el avance, abrió las puertas de par en par a los antes despreciados. Le hizo «suín» al lanzamiento proporcionado por la nueva vida: encontró lo mejor de sí, desarrolló su pasión, estudió en Cuba, en centros deportivos del campo socialista.

Unía sus dones con lo aprehendido sin limitarse a las aulas. Convencía con el saber y el ejemplo, sin quedarse en la búsqueda de superiores conquistas atléticas. En una carta escrita durante una de sus giras con su mejor discípulo, me contaba cómo les iba en lides escenificadas en tierras foráneas; también recordaba aquella hambre de alimento y de horizontes derrotada, y mostraba una herida: la vez que caminó varios kilómetros para oír una pelea de Joe Louis en el radio más cercano a su casa. Mientras leía sus frases, le sentía esa sonrisa triste al decir: «Ahora Joe, arruinado, abre las puertas de un restaurante para ganar algo mientras Javier y yo viajamos por Europa para conquistar medallas para Cuba».

Su deceso, algunos años después de su misiva, resultó una gran tristeza para mí: imagínense para Sotomayor. Tuvo la dicha el genial atleta de que Guillermo de la Torre, otro destacado preparador, tomara el batón de mano de Godoy. Incrementadas las virtudes, a partir de las potentes raíces dejadas por José, el joven se convirtió en el mejor saltador de altura de todos los tiempos, más allá de los 2,45 metros de su vigente récord mundial.

Ah, de ser perfecto, sería superpesado. Su victoria en el deporte y la vida estriba en haber sabido imponerse a las dificultades, incluso a deslices propios, a los ataques injustos, y sobre esas cenizas continuar adelante en el estadio de la existencia. En Godoy y De la Torre logró magnífico apoyo.

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