Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Vi-Perino

Autor:

Rosa Miriam Elizalde
The Washignton Post debería haber circulado este lunes con el irónico recuerdo de ciertas palabras de George W. Bush, quien a finales de agosto presentó a Dana Perino como la nueva portavoz de la Casa Blanca; una mujer, dijo, «capaz de hacer frente a todas las preguntas». A ella le bastaron pocas semanas para demostrar que el Presidente, para variar, se equivocó.

El diario conservador se atiene a citar la confesión de la misma Secretaria de Prensa, quien en un programa de radio reconoció que no tiene ni la más remota idea de qué fue la Crisis de Octubre y por tanto, cuando un periodista sacó a relucir el tema después de unas declaraciones del Presidente ruso Vladimir Putin, respondió simplemente con una evasiva.

«Me entró un poco de pánico, porque realmente no sé nada sobre la Crisis de los Misiles en Cuba», dijo la vocera. «Tenía que ver con Cuba y con misiles, estoy segura», de modo que la señora salió de la conferencia de Prensa a consultar su mejor fuente. «Llegué a la casa y le pregunté a mi esposo... Le dije: “¿No era eso lo de la Bahía de Cochinos (Girón)?”. Y él me contestó: “¡Oh!, Dana”».

El Post disculpa la ignorancia de la Perino, porque tiene 35 años y nació una década después del enfrentamiento de 1962 que, nada más y nada menos, fue lo más cerca que ha estado el mundo de una guerra nuclear que habría acabado con todos y terminó con un pacto entre los Estados Unidos y la URSS a espaldas de Cuba, donde estaban emplazados cohetes soviéticos de alcance intermedio con ojivas nucleares.

Disculparle semejante laguna cultural a la vocera del Presidente de los Estados Unidos es como perdonarle a un plomero que no sepa lo que es una zapatilla, porque se inventó antes de que él naciera. El colmo del analfabetismo profesional.

Sin embargo, no es este el camino que quiero seguir, sino el que enlaza el desliz de esta mujer con el lenguaje viperino y la actitud ídem de la política norteamericana hacia Cuba. Todavía me parece estar viendo a la señora Perino agitando conferencias de prensa, hablando con altivez a los periodistas y corriendo de un lado para otro para promover cualquier cosa que apareciera en el horizonte contra la Isla. Lo hizo el 25 de septiembre en la sede de la ONU, después de las insultantes palabras de Bush contra Cuba, y lo repitió un mes después, cuando el Presidente norteamericano anunció las nuevas medidas para «apoyar la transición» cubana, en un discurso que podría aspirar, sin contrincantes, al Premio «Vamos a contar la mentira más grande» de 2008.

Si recuerdan, fue ella la que anunció con dos o tres días de anticipación que Bush presentaría nuevas disposiciones y se encargó mientras de mantener la tensión y cierto misterio en torno a las declaraciones de la Casa Blanca, dejando entrever pistas falsas, sospechosos y coartadas, en una especie de novela policíaca al revés: el criminal levantando descaradamente su dedo acusador contra la víctima.

¿Qué puede significar que la Perino se acabe de enterar del más sonado encontronazo histórico que enlaza a su país y al mundo con Cuba? No mucho, si se tiene en cuenta el antecedente famosísimo de Bush, que le preguntó al ex presidente Fernando Henrique Cardoso: «¿Así que ustedes también tienen negros en Brasil?». O de Dick Cheney, el segundo al mando en Estados Unidos, quien el otro día consideró que «el pueblo de Perú merece un mejor gobernante que Hugo Chávez».

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