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Se fue Tillerson y llegó Pompeo

Autor:

Lázaro Fariñas

Parece que no solamente yendo a Sevilla se pierde la silla. Por ejemplo, el ex secretario de Estado, Rex Tillerson, no fue a esa ciudad, pero sí a África, y perdió la silla. Al hombre, en el mejor estilo trumpista, lo llamaron por teléfono y lo dejaron cesante. Fue tan humillante, que no tuvieron ni tan siquiera la amabilidad de esperar a que se recuperara de un mal estomacal adquirido en aquella región.

Peor aún, para humillarlo más, declararon que cuando recibió la llamada, el pobre hombre estaba sentado en la taza de baño; es decir que, sin necesidad, dieron a la publicidad una información que nadie tenía por qué saber. Se sabe que desde hacía tiempo existían una serie de desavenencias entre Tillerson y el Presidente y en innumerables ocasiones se corrió el rumor de que iba a ser despedido de un momento a otro. Donald Trump nunca le llegó a perdonar al Secretario de Estado que este públicamente lo hubiera calificado de morón al finalizar una reunión con varios ministros. Vengativo como es, el Presidente esperó el más inoportuno momento para humillarlo.

Hay que decir que a este caballero por lo menos lo llamaron por teléfono, ya que con el Director del FBI, James Comey, ni tan siquiera tuvieron esa cortesía y el hombre se enteró de su despido por la televisión en medio de  una reunión con sus subalternos en California.

Cuando Tillerson regresó a Washington,  ya no era Secretario de Estado, pues ya en aquel momento había sido nombrado para ese cargo el Director de la CIA, Mike Pompeo.

¿Quién es Mike Pompeo?

Cuando este hombre fue nombrado por Trump para ocupar el cargo de Director de la Agencia Central de Inteligencia, ocupaba un escaño de representante federal por el estado de Kansas desde el 2011.

Durante cierto tiempo estuvo en las Fuerzas Armadas en donde llegó a ostentar el grado de capitán. Estudió en la Academia Militar de West Point, donde se graduó de ingeniero, para luego ser admitido en la Escuela de Leyes de la Universidad de Harvard, graduándose de abogado, carrera que practicó por un tiempo para luego dedicarse a los negocios, hasta que llegó a la política en 2010.

Pompeo, cuyo abuelo paterno nació en Italia, fue miembro en el Congreso de la delegación italoamericana. Pertenece al grupo ultraconservador conocido por el nombre de Tea Party,  grupo este que está a la extrema derecha de la derecha del Partido Republicano.

Las credenciales de este señor como ultraconservador son impecables.

Apoya los asesinatos que están cometiendo  los israelitas contra los palestinos en Gaza y Cisjordania, apoya el método de torturas por ahogamientos, está en contra del cierre del centro de torturas de la Base Naval de Guantánamo, estaba en contra de los acuerdos que se firmaron con Irán, se opone al derecho de las mujeres a abortar y manifiesta que la vida comienza en la concepción, no acepta el matrimonio de una pareja del mismo sexo, es miembro distinguido de la Asociación Nacional del Rifle, se opone a la ley de salud que beneficia a los pobres conocida como Obamacare, no cree en el cambio climático y se opone a que Estados Unidos firme el tratado en contra del efecto invernadero. En realidad no sé ni tan siquiera cómo se puede ser tan reaccionario.

En la audiencia de confirmación en el Senado, Pompeo moderó algunas de sus posiciones. Claro que sabía que no iba a ser confirmado si mantenía una posición tan intransigente.

Es muy difícil saber cómo va a actuar este nuevo Secretario de Estado.

Habría que ver si pudiera mantener una buena relación diplomática con el resto del mundo y si incluso pudiera mantenerse en el cargo teniendo un jefe tan desequilibrado como el que tiene, un jefe al que le gusta humillar a los que están debajo de él; además, un jefe que se contradice constantemente y que constantemente critica, miente y le pone nombretes a sus propios empleados.

Pompeo en su contra tiene mucho, declaró hace unos días estar a favor de Israel y de los crímenes que esa nación está cometiendo contra los palestinos, a su favor tiene el hecho de que ha tratado por todos los medios de que no se llegue a una guerra contra la República Democrática de Corea.

Hace muy poco visitó aquel país y se reunió con su Presidente. Ahora veremos si logra que Trump le haga caso a sus consejos para que no vaya a meter la pata con insólitos exabruptos cuando llegue el momento de que este se siente con el Presidente norcoreano.  Se sabe que al narcisista de la Casa Blanca no le gusta seguir consejos. Esperemos que sí le haga caso a estos en esa próxima reunión, ya que si no lo hace, todo lo que hasta ahora se ha adelantado para evitar la guerra, se iría por el peor de los caminos.

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